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No más indiferencia

By Lisandra Chaves Agosto 17, 2020

Es increíble el irrespeto que hemos mostrado ante esta persona que se desnudó en la calle hace unos días. Fotos, videos, burlas y lo peor, algunos medios de comunicación compartiendo estas imágenes y lanzándolas al circo de las redes sociales para que sigan despedazando la dignidad de este ser humano.

Yo no conozco la situación de este señor, pero no importa el motivo, es cruel tomar fotos y videos ante una situación así. ¿Por qué nadie se acercó a cubrirlo? Estoy segura de que más de uno pudo tener en el carro algo para cubrirlo, pero lo único que se hizo fue mirar y usar las cámaras de los teléfonos. Me decepciona tanto esta indiferencia que está caracterizando a los ticos… o quizás a la humanidad.

Cuando vi la noticia en las redes sociales me indigné contra el medio de comunicación. Les pregunté si sacarían esa información si se tratara de sus padres, hermanos, hijos, sobrinos… es que nadie está exento de tener un problema, una depresión o una situación extrema que nos haga actuar así. ¿Quién puede decir que una crisis jamás lo llevará a un límite? … Y si no fuera una crisis de salud mental no importa, es un hermano desnudo, no es posible que se saque provecho de su situación.

¿Es esta la sociedad que queremos heredar a nuestros hijos, donde la dignidad humana cada vez importa menos y donde hay una total indiferencia al dolor ajeno? En esta columna he comentado cuando hace un tiempo me quebraron los vidrios del carro en una presa a las 6 p.m. y nadie de otros carros se bajó a auxiliarme. Tuve que llamar a gente conocida. Vivirlo en carne propia me ayudó a comprobar la indiferencia tan grande que vivimos.

Si esta pandemia no nos despierta la solidaridad ya no hay cuando. Hay familias con hambre, desesperadas porque van a perder su casa, sus negocios. Hay familias que están perdiendo sus seres queridos y muchos que enferman o adultos mayores solos en sus casas. No podemos ser más indiferentes al dolor ajeno. Debemos apoyarnos unos a otros para poder salir adelante y enseñar a los niños y jóvenes este valor o no habrá futuro.

¿Cuántas mujeres más vamos a dejar que mueran? ¿Cuántas niñas más vamos a dejar que desaparezcan? ¿Cuántos suicidios más vamos a dejar que sucedan? ¿Cuánta violencia más? ¿Cuánta corrupción más? ¿Cuánta indiferencia?… ¿qué más tiene que suceder para que decidamos hacer un cambio positivo en nuestra sociedad y volcarnos a la solidaridad?

La dignidad humana debería ser nuestra prioridad siempre, así como las necesidades básicas de todas las personas. ¿He llamado ya a mi vecino a ver si necesita algo? Y si todos luchamos para que todos tengan su trabajo, aunque sea poco y sencillo. Y si todos defendemos al más débil. Y si todos luchamos por erradicar la corrupción y la violencia… hay mucho que está en nuestras manos, pero preferimos cerrar esa burbuja social donde yo estoy cómodo y preferimos solo ver por la ventana la tragedia y el drama de otros seres humanos.

Hasta aquí no he hablado de Dios sino de valores, sin embargo, yo sigo insistiendo en que si tenemos a Dios será más fácil humanizarnos, ayudarnos y construir una mejor sociedad porque el Evangelio se traduce en amor, paz, solidaridad y dignidad para todos.

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