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Editorial: La generación que el Covid-19 se está llevando

By Redacción Febrero 19, 2021

Al martes 19 de enero nuestro país contabilizaba 2.477 decesos relacionados con Covid-19: 932 mujeres y 1.545 hombres, con un rango de edad de dos a 101 años. Por edad se trata de 768 adultos, 1.705 adultos mayores y cuatro menores de edad.

Todas las muertes son dolorosas, y cada una de ellas significa una pérdida muy grande para sus familias, vecinos y amigos, pero no podemos dejar de notar que, en extrema desproporción, la enfermedad se cierne sobre los adultos mayores de nuestro país.

Esta realidad se repite en todo el mundo. La cifra total de fallecimientos ya supera los 2.06 millones de personas, y la gran mayoría son igualmente personas mayores de 60 años.

Según confirma la Organización Panamericana de la Salud, OPS, si bien todos estamos el riesgo de contraer la Covid-19, las personas mayores tienen, en efecto, mayor probabilidad de enfermar gravemente si se infectan, con los mayores de 80 años muriendo a una tasa cinco veces mayor que la media.

El informe de las Naciones Unidas “El impacto de la Covid-19 en las personas mayores” sugiere por su parte que esto puede ser debido a condiciones subyacentes que afectan al 66% de las personas mayores de 70 años. 

Este también es el caso de las Américas, donde la mayoría de las muertes por la Covid-19 ocurren en personas de 70 años o más, seguidas de personas entre 60 y 69 años. 

Es decir, el Covid-19 se está llevando a nuestros abuelos y abuelas, una generación de personas que nacieron en condiciones ya de por sí difíciles, muchos de ellos en contextos de guerras mundiales o de postguerra, en condiciones de escasez y pobreza en muchos de los casos, y que con esfuerzo lograron conquistar mejores oportunidades y mejores condiciones de vida para sus hijos y sus nietos.

El Covid-19 nos está privando de su experiencia, de sus consejos y anécdotas, forjadas a lo largo de vidas entregadas al trabajo y al servicio de los demás. Toda esa sabiduría se está yendo con ellos, como se está yendo también su fe, su conocimiento y su ejemplo de vida.

La Iglesia pierde mucho con cada adulto mayor que muere a causa de esta enfermedad, porque se trata de una generación cercana a la práctica activa de sus creencias, educada y formada bajo su amparo, tradicionalmente colaboradora de sus causas y servidora en campos como la caridad, la catequesis y la vida parroquial.

Son nuestros abuelos y las abuelas quienes en las familias infunden y promueven el amor a Dios así como las prácticas religiosas, la participación en las actividades y los grupos de la Iglesia, así como la conservación de las tradiciones y la piedad popular.

Y ni siquiera una despedida digna podemos darles, no es posible estar junto a sus familias para una última Misa en su memoria, tantas palabras se quedan sin decir, tantos abrazos y tantos besos sin poder dar…

Por eso da tristeza ver la forma despreocupada en la que muchos más jóvenes que ellos y ellas se toman la gravedad de la pandemia, casi seguros de que podrán superar la enfermedad si se contagian, olvidando a los más vulnerables, a los que sí mueren, a sus propios padres y abuelos.

Por eso ha sido tan oportuno el llamado de la Iglesia en nuestro país, que haciéndose eco del propio Papa Francisco, ha pedido esta semana asumir el compromiso de cuidar la vida, que para los creyentes en Cristo se convierte en un imperativo de carácter moral y espiritual.

Junto a una adecuada y justa distribución de las vacunas, los obispos llaman la atención de que deben de ser, justamente, los adultos mayores los primeros beneficiados, alejando toda tentación de lucrar con ella o de adelantarse a recibirla cuando aún no corresponde.

Y a quienes rechazan la vacuna por el motivo que sea, les recuerdan que vacunarse es un acto de amor propio y de amor al prójimo, especialmente hacia quienes, por su edad o por otros factores de riesgo, tienen más posibilidades de perder la vida en esta pandemia.

La diversión, los paseos, las reuniones y hasta el trabajo se recupera, pero la vida no. Seamos conscientes de ello cada día. Solo juntos podremos salir delante de esta dura prueba.

 

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