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Aprovechar la oportunidad

By Pbro. Juan Luis Mendoza Febrero 15, 2021

Viktor E. Frankl se refiere a una situación muy penosa de compañeros de barracón y de él mismo, desesperados y tentados incluso algunos de suicidarse: “Dios sabe que no estaba en mi talante dar explicaciones psicológicas o predicar sermones a fin de ofrecer a mis camaradas algún tipo de cuidado médico de sus almas. Tenía frío y sueño, me sentía irritable y cansado, pero hube de sobreponerme a mí mismo y aprovechar la oportunidad. En aquel momento era más necesario infundirles ánimos”. Y ahora yo pienso en la pandemia, en los muchos que la padecen y sus allegados, en el “futuro incierto” y “bastante negro”.

Así, pues, lo primero que les diré es que “a pesar de ello, no tenía intención de perder la esperanza y tirarlo todo por la borda, pues nadie sabía lo que el futuro podía depararle y todavía menos la hora siguiente”. Entre nosotros, alguien puede pensar en un milagro, que no es probable, aunque posible para Dios, tener un trabajo, mejorarlo, cuidarse y cuidar a otros del peligro de contraer el mal; al menos, recordar lo mucho bueno hecho, la alegría de hacerlo, la actual salud… Aquí un poeta que afirma que “ningún poder de la tierra podrá arrancarte lo que has vivido” o aquello más prosaico “lo bailado”.

Por su parte Frankl lo dice así: “No ya sólo nuestras experiencias, sino cualquier otra cosa que hubiéramos hecho, cualesquiera pensamientos que hubiéramos tenido, así como todo lo que habíamos sufrido nada de ello se había perdido aún cuando hubiera pasado: lo habríamos hecho ser, haber sido es también una forma de ser y quizás la más segura”.

Por otra parte, el mismo Frankl añade: “Les aseguré que en las horas difíciles siempre había alguien que nos observaba -un amigo, una esposa, alguien que estuviera vivo o muerto, o un Dios- y que sin duda no querría que le decepcionáramos, antes bien, esperaba que sufriéramos con orgullo –y no miserablemente- y que supiéramos morir”. Por lo mismo, deducimos que el sacrificio puede, y debe, tener un significado.

Y los que profesamos una fe religiosa más fácilmente lo entendemos. En efecto, al menos los cristianos sabemos que, al ser bautizados, somos parte de Cristo, y nos capacita para participar de su pasión y muerte, en un único sacrificio de la cruz, y de su resurrección y gloria. Hay que recordar aquí que Viktor E. Frankl, en su momento, se convirtió al cristianismo.

 

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