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“Pureza como la nieve del Líbano”

By Padre Charbel EL ALAM, PHD / Orden Libanesa Maronita Agosto 28, 2020

En el Líbano, año 1904, con el fin de conmemorar el quincuagésimo aniversario de la promulgación del dogma de la Inmaculada Concepción y al ver la gran devoción y fe del pueblo libanés por la Virgen, el entonces Patriarca Maronita de Antioquía y de todo Oriente, Elías Hoyek y el Delegado Apostólico en el Líbano y Siria, Arzobispo Carlos Duval; concibieron la idea de construir un santuario que perpetuara la memoria de la Madre Santa y honrara la bula «Ineffabilis Deus».

Después de numerosos estudios y consultas con ingenieros y arquitectos, eligieron la cumbre de una región llamada La Roca, en Harissa, ubicada a 27 km al norte de Beirut. Este símbolo del esplendor y santidad de la Virgen María se manifiesta en una estatua artística de la Inmaculada Concepción. Dicho monumento fue confeccionado en Francia, hecho de bronce moldeado y luego pintado de color blanco. Se erige a 8,50 metros de alto, con un diámetro de 5 metros y un peso de 10 toneladas. Su pedestal es de piedra natural, construido a 20 metros de altura, con 103 peldaños de una escalera circular que llevan a los pies de Nuestra Señora, en cuyo interior se encuentra una pequeña capilla, frecuentada asiduamente por numerosos fieles y peregrinos, especialmente durante el mes de mayo, pues fue inaugurada el primer domingo de ese mes en el año 1908.

Es venerada con tierna devoción, como modelo seguro para avanzar con esperanza por el camino de una fraternidad vívida y auténtica. La gran estatua de la Virgen, que se levanta junto al santuario, se dirige con Sus manos extendidas abiertas hacia el mar y hacia la capital Beirut, como asegurando a todos los libaneses su protección maternal. Iluminada de noche, se observa desde casi todo el territorio libanés y atrae muchedumbre de corazones.

La devoción del pueblo libanés por Ella es evidente y está profundamente enraizada en la tradición, fusionando Su nombre a innumerables citas bíblicas que se refieren a nuestro país. Por la noche, antes de acostarse, los miembros del núcleo familiar rezan en familia el Santo Rosario, cantan el popularísimo himno «Ya Ummalllah» (Oh Madre de Dios...) y se hacen bendecir con el ícono de la Virgen. Por eso cantamos emocionados: «Ven, ven del Líbano, María; tú que te levantas como los cedros del Líbano; el perfume de tus vestidos es como el perfume del Líbano».

En 1997 el Papa Juan Pablo II visitó a la Reina del Cielo en Harissa, rezando acompañado por la juventud libanesa en una multitudinaria celebración, poniendo toda la esperanza en Nuestra Señora de Líbano. «Virgen de las montañas y los océanos, Reina y símbolo de nuestro Líbano, su pureza es como la nieve del Líbano, su perfume como sus flores, y se alza como el Cedro». Patriarca Elías Hoyek.

Last modified on Viernes, 28 Agosto 2020 09:33

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