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Una Iglesia con rostro de mujer

By María Aurora Mora - Misionera secular comboniana Abril 07, 2021

En mi juventud tenía un sueño: Ser modista para vestir elegantemente a las mujeres. Me propuse esa meta y la logré, pero me di cuenta que podía hacer algo más, entonces continué los estudios en la UCR, para juntar mi profesión con un buen título y tener un lugar en la sociedad.  Pero el plan de Dios era distinto.

Tuve que interrumpir la Universidad por problemas de salud, en tanto una prima me motivó a montar una tienda donde además de los artículos comunes se confeccionaran trajes a la medida y lo hicimos por la temporada navideña. La experiencia me gustó, conseguimos un buen local y continuamos el trabajo por algunos años, hasta que conocí los Misioneros Combonianos, me invitaron a un Retiro Espiritual y el gusanito de Dios encontró buena tierra.

Inicié un camino de discernimiento ayudada por el P. Vicente Turri, quien en uno de sus viajes de vacaciones a Italia se dio a la tarea de buscar el Instituto Secular Misioneras Combonianas, “son consagradas en el mundo con los votos de Obediencia, Castidad y Pobreza y siguen siendo laicas”, me dijo. El país más cercano en el que estaban presentes era Ecuador y me fui a conocerlas.

Así inició mi aventura misionera. Dejé la tienda, inicié un voluntariado con los combonianos en el servicio de Animación Misionera y se abrió para mí una ventana al mundo.

El carisma de San Daniel Comboni me robó el corazón y descubrí que ese era mi lugar. Como Comboni fue creciendo en mí el amor a la misión, a los más pobres y abandonados del África y pedí al Instituto poder realizar una experiencia misionera en un país africano. Después de varios años fue aceptada mi petición y salí para Camerún.

Cuando llegué, mirándome  rodeada de musulmanes, le pregunté al Señor ¿como hablar de ti en este ambiente? Y pensé: “con el Adviento iniciará mi aporte a la evangelización de este pueblo” y así lo hice. Inicié con los niños y algunos pocos empleados de la Maternidad. Pensé entonces en ir preparando el tiempo de Cuaresma. Ellos no conocían el Viacrucis. Pero ante los musulmanes no se puede presentar la Cruz, entonces el párroco de la misión me dijo: “un Viacrucis entre musulmanes jamás, hágalo dentro de la misión y basta”. Inicié con un cartelito en el que anunciaba la estación y lo hacíamos en nuestra cancha de deportes. Con mi oración suplicaba al Señor poder hacer el Viacrucis por la calle el Viernes Santo, pero el P. Simón continuaba firme en su negativa.

El Jueves Santo fue a celebrar el lavatorio de los pies y viendo tanta gente me dijo: “si quiere hacer el Viacrucis hágalo, pero si los musulmanes salen a atacarlos usted se pone delante y retrocedan hasta llegar a una casa de cristianos o a la Misión”. Mi corazón ardió de alegría. Con un animador preparamos una cruz grande. El viernes habían una 5 personas. En el camino se nos unían más y más personas. Seguimos hacia la parroquia y el número aumentaba. Cuando llegamos al templo el párroco dijo: celebremos la Palabra y el honor a la Cruz. Y así lo hicimos y desde aquella Cuaresma los cristianos continúan con la Novena al Niño y el Viacrucis. El número de cristianos va creciendo y la evangelización se va fortaleciendo.

Una de las cosas que me impresionó de su cultura fue la importancia que le dan al Día Internacional de la Mujer. Los maridos tienen que buscar el dinero para comprar una tela para que su esposa se haga un vestido a su gusto. La avenida principal de la capital se viste de colores bellísimos y modelos impresionantes. El desfile de mujeres el 8 de marzo es el más importante de todas las actividades culturales del país. Bendito sea Dios por este día porque para miles de mujeres africanas es el único día que son valoradas y pueden expresar sus sentimientos y compartir con libertad.

Mi experiencia misionera en Camerún ha sido muy rica. El grupo misionero de mi parroquia organizaba actividades para recaudar fondos y apoyar los proyectos misioneros: medicinas a los epilépticos, apoyo a las mujeres enfermas de SIDA, para que ellas pudieran realizar un pequeño trabajo y subsistir, construimos un pozo, colaboramos con familias para que puedan enviar sus hijos a la escuela, pues la escolaridad es muy costosa para ellos, ayudamos con los estudios a empleados del CASS a ser profesionales, colaboramos con los pigmeos al sur de Camerún…

Mucha gente de Costa Rica consiente de nuestro deber misionero se ha comprometido con el apoyo a la misión. La pandemia no ha podido parar el servicio misionero. Los proyectos se multiplican… El sábado 27 de febrero con la gracia y la bendición de Dios se ha constituido una Asociación de Laicos al servicio de la Misión. “la mies es mucha, los obreros somos pocos, pidamos al dueño de la mies que envíe obreros a su mies”. Somos una Iglesia en salida.

Si quieres ser un asociado, comunícate con María Aurora Mora Jiménez, Misionera Secular Comboniana al correo: Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

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