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Vivaldi, “el cura rojo”, que expresó su fe a través de la música

By Septiembre 11, 2020

Le llamaban Il prette rosso (El cura rojo) porque era sacerdote y también era pelirrojo. Antonio Vivaldi es considerado uno de los más grandes compositores de la historia, reconocido especialmente por sus conciertos, entre ellos, los de Las Cuatro Estaciones.

Nació en Venecia, Italia, en 1693. Hijo de violinista, aprendió a dominar el instrumento y a componer música desde muy joven. A los 15 años entró al Seminario e inició su formación como sacerdote. A los 25 fue ordenado presbítero y pronto empezaría a forjar su trayectoria como uno de los músicos más reconocidos del Barroco.

Debido a sus problemas de salud pidió que lo dispensaran de celebrar misa de manera frecuente, al parecer sufría de dificultades respiratorias, asma o anginas de pecho. A raíz de su padecimiento también se vio obligado a dejar de tocar instrumentos de viento.

El que celebrara misa pocas veces a la semana y dedicara gran parte de su tiempo a la música provocó que se generaran rumores respecto a su vocación sacerdotal, sin embargo, tal como mencionan estudiosos de su vida, Vivaldi fue sacerdote toda su vida y muchas sus obras expresan su profunda fe.

En 1703 se convirtió en maestro del Ospedale della Pietà, un convento, hospicio y orfanato, donde Il prette rosso sirvió por 30 años. Allí compuso la mayor parte de sus conciertos más importantes, entre los cuales figura su producción de música sacra.

En esa institución las niñas recibían educación musical y las que destacaban llegaban a formar parte de la orquesta o del Coro de Ospedale, los cuales, poco después de la llegada del cura llegarían a alcanzar fama, tanto dentro como fuera del país, debido a su gran calidad.

De hecho, muchas chicas llegaron a ser convertirse en artistas de gran nivel gracias a esta institución religiosa, algo muy llamativo si se toma los obstáculos que podían enfrentar las mujeres en la época, sobre todo las de más escasos recursos.

En los primeros años del siglo XVIII, Vivaldi luego comenzó a componer Ópera y a ganar mayor fama. De igual forma, continuó escribiendo oratorios y obras litúrgicas.

Entre 1717 y 1718 aceptó el puesto de Maestro de Capilla en la corte del gobernador de Mantua, ciudad italiana ubicada en Lombardía. Allí conoció a Anna Tessieri Girò, quien se convertiría en la primera cantante para sus óperas y en una amiga cercana.

También se insinuó que él tenía una relación más allá de la amistad con ella, sin embargo, el compositor negó de manera rotunda cualquier romance, incluso en cartas a sus amigos.

En este periodo escribió Las Cuatro Estaciones, una de sus obras más reconocidas. El sonido de los campos, de las aves, de los arroyos, de los animales y hasta de los insectos, sirvieron de inspiración para componer una obra sumamente revolucionaria para su época.

En 1722 se mudó a Roma y fue invitado por el Papa Benedicto XIII para que tocara en El Vaticano. Tres años después volvió a Venecia, para entonces estaba en la cúspide de su carrera y tanto nobles como reyes y emperadores solicitaban sus servicios.

No obstante, según se cuenta, Vivaldi pasó muchas dificultades económicas al final de su vida. Los gustos musicales estaban cambiando y su música no estaba siendo tan apreciada como antes, por lo que se vio obligado a vender manuscritos y obras a precios muy bajos.

Viajó a Viena, donde era muy valorado por el emperador germánico Carlos VI. Probablemente tenía la esperanza de conseguir un puesto como compositor en la corte imperial o alguna protección de parte de él.

Sin embargo, para su mala suerte el soberano falleció (1740) poco tiempo después de su llegada a la ciudad austriaca. Rápidamente Vivaldi quedó en la pobreza y falleció en Viena al parecer un 28 de julio de 1941, de una “infección interna”, según se informó. Tenía 63 años y residía en la casa de una viuda de un fabricante de sillas de montar.

 

Benedicto XVI sobre Vivaldi

 

En 2011, para celebrar los 60 años de sacerdocio del entonces pontífice Benedicto XVI y de su hermano Georg Ratzinger, se organizó un concierto en el Palacio Apostólico de Castel Gandolfo. En esa ocasión se interpretaron dos piezas de los llamados “Concerti ripieni” para orquesta de arcos y bajo continuo de Vivaldi.

El Papa emérito, pianista y conocedor de la música, hizo un breve análisis de las piezas tocadas en ese recital, señaló que la estructura de los tres tiempos con un breve adagio central es típica del gran compositor italiano.

No obstante -añadió- “esta uniformidad arquitectónica nunca es monótona, porque como hemos escuchado el tratamiento tímbrico, el color orquestal, la dinámica del discurso musical, los arreglos armónicos, el arte del contrapunto y de la imitación, convierten los conciertos de Vivaldi en un ejemplo de luminosidad y belleza que transmite serenidad y alegría”.

“Creo que esto venía de su fe -dijo el Papa emérito- Vivaldi era un sacerdote católico, fiel a su Breviario y a sus prácticas de piedad. La escucha de su producción de música sacra revela su espíritu profundamente religioso”.

Su música es considerada altamente innovadora e influyó en otros grandes músicos, como Johann Sebastian Bach, quien incluso realizó detallados estudios sobre su obra. Vivaldi dejó una abundante producción musical que suma 865 obras.

 

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Danny Solano Gómez

Periodista, licenciado en Producción de Medios, especializado en temas de fe católica, trabaja en el Eco Católico desde el año 2009.

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