

Desde antes de ser obispo, se caracterizó por su preocupación por los problemas sociales, familiares, religiosos y económicos de los guanacastecos. La falta de vivienda, la tenencia y mala distribución de la tierra, la falta de solidaridad de los que más tienen con los que menos tienen, las dificultades de agricultores y arroceros, por los bajos precios y la importación de granos, entre otros.