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La misa “virtual” no equivale a la presencia física

By Octubre 16, 2020

"Las transmisiones, solas, hacen que se corra el riesgo de alejarnos del encuentro personal e íntimo con el Dios encarnado que se nos ha entregado no de forma virtual, sino real".

Cardenal Robert Sarah

 

“Volvamos con alegría a la Eucaristía” es el título de la Carta a los presidentes de las conferencias episcopales remitida por el Cardenal Robert Sarah, Prefecto de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos.

El documento, con fecha 3 de setiembre, hace un vehemente llamado sobre la necesidad de volver a la normalidad de la vida cristiana, allí donde la emergencia sanitaria causada por la pandemia lo permita, pues asistir a una Misa a través de los medios de comunicación no es equiparable con la participación física en el templo.

La pandemia debida al nuevo coronavirus -escribe el Cardenal Sarah- ha producido trastornos no sólo en las dinámicas sociales y familiares, sino también en la vida de la comunidad cristiana, incluida la dimensión litúrgica.

El Purpurado recuerda que la dimensión comunitaria tiene un significado teológico: Dios es relación de Personas en la Santísima Trinidad y se pone en relación con el hombre y la mujer y los llama, a su vez, a la relación con Él.

Así, mientras que los paganos construían templos dedicados únicamente a la divinidad, a los que el pueblo no tenía acceso, los cristianos, en cuanto gozaron de libertad de culto, construyeron inmediatamente lugares que eran domus Dei et domus ecclesiae, (Casa de Dios y Casa de la Iglesia) donde los fieles podían reconocerse como una comunidad de Dios. Por esta razón “la casa del Señor presupone la presencia de la familia de los hijos de Dios”.

 

Colaboración con las autoridades

 

En el texto, que tiene la aprobación del Papa Francisco, se recuerda que “la comunidad cristiana nunca ha perseguido el aislamiento y nunca ha hecho de la Iglesia una ciudad con puertas cerradas.

Por el contrario, formados en el valor de la vida comunitaria y la búsqueda del bien común, los cristianos siempre han buscado la inserción en la sociedad. “Incluso en la emergencia de la pandemia surgió un gran sentido de responsabilidad: al escuchar y colaborar con las autoridades civiles y los expertos”, los obispos “estuvieron listos para tomar decisiones difíciles y dolorosas, hasta la suspensión prolongada de la participación de los fieles en la celebración de la Eucaristía”.

“Tan pronto como las circunstancias lo permitan es necesario y urgente volver a la normalidad de la vida cristiana, que tiene como casa el edificio de la Iglesia y la celebración de la liturgia, especialmente la Eucaristía, como ‘la cumbre hacia la que tiende la acción de la Iglesia y al mismo tiempo la fuente de la que emana toda su fuerza’” (Sacrosanctum Concilium, 10).

 

Misa virtual para los enfermos

 

El Cardenal Sarah subraya que aunque los medios de comunicación realicen un valioso servicio a los enfermos y a los que no pueden ir a la iglesia, y han prestado un gran servicio en la transmisión de la Santa Misa en un momento en que no era posible celebrarla comunitariamente, ninguna transmisión es equiparable a la participación personal o puede sustituirla. Por el contrario, estas transmisiones, solas, hacen que se corra el riesgo de alejarnos del encuentro personal e íntimo con el Dios encarnado que se nos ha entregado no de forma virtual, sino real, diciendo: “El que come mi carne y bebe mi sangre permanece en mí y yo en él” (Jn 6, 56).

En la carta el Purpurado sugiere líneas de acción para promover un retorno rápido y seguro a la celebración de la Eucaristía, entre ellas  la debida atención a las normas de higiene y seguridad, que no puede conducir a la esterilización de los gestos y ritos.

Además, confía en la acción prudente, pero firme, de los Obispos para que la participación de los fieles en la celebración de la Eucaristía no se catalogada  por las autoridades públicas como una 'reunión', y no se la considere comparable, y ni siquiera subordinada, a formas de agregación recreativa.

En esta carta se exhorta a facilitar a los fieles su participación en las celebraciones, pero sin improvisadas experimentaciones rituales y respetando plenamente las normas, contenidas en los “libros litúrgicos, que regulan su realización”, y reconociendo “a los fieles el derecho a recibir el Cuerpo de Cristo y a adorar al Señor presente en la Eucaristía de la manera prevista, sin limitaciones que vayan incluso más allá de lo que prevén las normas de higiene dictadas por las autoridades públicas o los Obispos”.

 

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Martín Rodríguez González

Periodista, licenciado en Ciencias de la Comunicación Colectiva y egresado de la maestría en Doctrina Social de la Iglesia. Trabaja en el Eco Católico desde el año 2002 y desde el 2009 es su director.

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