El Catecismo de la Iglesia Católica explica: “Los que mueren en la gracia y en la amistad de Dios, pero imperfectamente purificados, aunque están seguros de su eterna salvación, sufren después de su muerte una purificación, a fin de obtener la santidad necesaria para entrar en la alegría del cielo” (Num. 1030).
“La Iglesia llama purgatorio a esta purificación final de los elegidos que es completamente distinta del castigo de los condenados” (CIC, Num. 1031).
Justamente, por eso la Iglesia reza por los difuntos, por aquellos que necesitan purificarse (pasar por el purgatorio) para que alcancen la gloria y contemplen definitivamente a Dios.
La constitución dogmática Lumen Gentium es sumamente clara al respecto. “De sus discípulos, unos peregrinan en la tierra; otros, ya difuntos, se purifican; otros, finalmente, gozan de la gloria, contemplando “claramente a Dios mismo, Uno y Trino, tal como es” (LG, Num. 49).
Ese mismo numeral agrega que “es una idea santa y piadosa orar por los difuntos para que se vean libres de sus pecados” (2 M 12, 46). “Nuestra oración por ellos puede no solamente ayudarles, sino también hacer eficaz su intercesión en nuestro favor” (CIC. Num. 958).
¿El purgatorio aparece en la Biblia?
Usualmente, las denominaciones protestantes rechazan la idea del purgatorio, pues consideran que ya Jesucristo expió los pecados y por lo tanto no es necesario hacer ningún tipo de purificación después de la muerte. Para sustentar esto citan versículos como Romanos 8,1: “Ninguna condenación pesa ya sobre los que están en Cristo Jesús”.
Sin embargo, esta interpretación es refutada, pues la Iglesia no niega que la salvación procede enteramente de la gracia de Dios y de la obra redentora de Cristo, efectivamente quienes creen en Nuestro Señor alcanzarán la vida eterna, solo que algunos tendrán que pasar por un proceso de purificación.
Otro argumento que ofrecen algunos protestantes es que el purgatorio no aparece en la Biblia. Ciertamente, la palabra “purgatorio” no aparece como tal en las Sagradas Escrituras, el término se utiliza simplemente para hacer referencia a la purificación que ocurre después de la muerte terrenal. Purgatorio viene de purgar, que significa limpiar o purificar.
Así es, la palabra no aparece, pero eso no quiere decir que no tenga un fundamento bíblico. Por ejemplo, en Apocalipsis 21, 27, se habla de la Ciudad Santa, la Nueva Jerusalén y dice: “Nada manchado entrará allí”. Es decir, nadie puede entrar en la presencia de Dios si no está debidamente purificado.

















