Durante la jornada se analizó la realidad actual de las migraciones desde la experiencia de la Iglesia católica en Canadá, Estados Unidos, México, Centroamérica y el Caribe. Las intervenciones permitieron reconocer tanto las particularidades de cada país y subregión como los desafíos comunes que afrontan las personas migrantes, refugiadas y desplazadas.
Los participantes también examinaron las respuestas impulsadas por la Iglesia ante esta realidad. En los distintos territorios, diócesis, parroquias, congregaciones religiosas y redes pastorales desarrollan acciones de acogida, protección, orientación y acompañamiento a las personas en movilidad, especialmente a quienes se encuentran en mayores condiciones de vulnerabilidad.
Otro de los temas centrales fue la revisión de los avances alcanzados en el proceso de fortalecimiento de la dimensión pastoral de la movilidad humana en la región. Este esfuerzo busca que la atención a las personas migrantes y refugiadas no se limite a responder a situaciones de emergencia, sino que se consolide como una dimensión transversal de la misión evangelizadora de la Iglesia.
La XIII Reunión constituyó, además, un espacio para compartir experiencias, identificar desafíos y reafirmar la necesidad de una acción pastoral articulada entre las Iglesias de los países de origen, tránsito, destino y retorno. Frente a una realidad migratoria cada vez más compleja, la Iglesia regional renueva así su compromiso de caminar junto a las personas en movilidad, defender su dignidad y promover comunidades capaces de acogerlas e integrarlas fraternalmente.
















