Necesitamos cultivar una verdadera cultura vocacional. Se trata de crear un ambiente eclesial donde la vocación sea comprendida como una respuesta al amor de Dios; donde se valore el servicio, la entrega y la generosidad; donde los jóvenes encuentren referentes creíbles y acompañantes cercanos; y donde la pregunta vocacional forme parte natural del camino de fe. Una cultura vocacional se construye con la oración constante, el testimonio alegre, la catequesis bien orientada, la vida comunitaria auténtica y el acompañamiento personal.
Hago un llamado claro y decidido a toda la diócesis a asumir corresponsablemente la tarea de suscitar, detectar y acompañar las vocaciones. Es tarea de toda la comunidad. Cada parroquia debe preguntarse: ¿estamos generando espacios de escucha y discernimiento? ¿acompañamos de verdad a nuestros jóvenes? ¿proponemos con claridad los distintos caminos vocacionales?
De manera particular, deseo invitar a todas las parroquias y comunidades a orar con insistencia por las vocaciones al sacerdocio y a la vida consagrada. Estas vocaciones son esenciales para la vida y misión de la Iglesia. El sacerdote, configurado con Cristo Buen Pastor, es servidor de la Palabra, de la Eucaristía y de la comunión. La vida consagrada, por su parte, es signo profético del Reino, testimonio de que Dios basta y de que el amor total es posible. Propongamos con claridad y alegría estos caminos de entrega total al Señor.
A ustedes, queridos jóvenes, les digo con afecto y confianza: no tengan miedo de abrir el corazón a Cristo y preguntarle qué quiere de ustedes. No se conformen con una vida superficial o sin horizonte. Atrévanse a buscar la voluntad de Dios, aunque implique renuncias. Vale la pena entregar la vida por Cristo y por el Evangelio.
A las familias, primeras escuelas de fe, les pido que sean terreno fecundo donde puedan brotar las vocaciones. Con su testimonio, con su oración y con su apertura, pueden ayudar a sus hijos a descubrir que la vida es un don que se realiza en la entrega.
Invito también a los sacerdotes, consagrados y agentes de pastoral a renovar su compromiso de ser cercanos, disponibles y testigos creíbles. La vocación se contagia por atracción, cuando se vive con alegría y autenticidad, despierta en otros el deseo de seguir a Cristo más de cerca.
Encomendemos esta jornada a la intercesión de la Santísima Virgen María y su esposo San José, que supieron acoger plenamente el don de Dios al recibir en su familia a Jesús. Que ellos nos enseñen a decir “sí” con confianza y a acompañar con ternura los procesos vocacionales de nuestros hermanos.
Con afecto de pastor, los bendigo y los animo a seguir construyendo una diócesis viva, misionera y fecunda en vocaciones.















