En una carta dirigida a un amigo escribió: “El Señor de los Anillos es, por supuesto, una obra fundamentalmente religiosa y católica” (Carta 142 al sacerdote jesuita Robert Murray). Este 25 de marzo se celebra el Día Internacional de Leer a J.R.R. Tolkien, el escritor famoso por sus novelas El Hobbit, El Señor de los Anillos, El Silmarillion, entre otras.
El profesor de Oxford, John Ronald Reuel Tolkien (1892-1973) creó todo un mundo imaginario, que ha marcado a generaciones de lectores y cuyas historias se convirtieron en un éxito cinematográfico.
Por cierto, se escogió esa fecha porque, en El Señor de los Anillos, un 25 de marzo de la Tercera Edad, año 3019, ocurrió la Caída de Barad-dûr y la derrota de Sauron, después de que Frodo Bolsón y Sam Gamyi lograran destruir el Anillo Único en el Monte del Destino.
Un huérfano y una madre convertida al catolicismo
J.R.R. Tolkien fue un católico devoto. Su vida y camino de fe parecen una historia sacada de una novela. Sus padres eran ingleses y por motivos de trabajo la familia se trasladó a un territorio que actualmente pertenece a Sudáfrica.
Allí nació el futuro creador de la Tierra Media. Sin embargo, por motivos de salud, su madre decidió regresar a Inglaterra. Ella se llevó a sus dos hijos y esperaba reencontrarse allá con su marido. No obstante, el esposo falleció antes de viajar.
Tolkien tenía apenas cuatro años cuando quedó huérfano de padre. Luego, hubo otro acontecimiento que marcó su vida: la conversión de su madre a la fe católica, una decisión que fue rechazada por su familia (de confesión protestante). No solo cortaron relaciones, sino que le retiraron todo apoyo económico.
Bajo esas circunstancias la familia pasó dificultades, sin embargo el pequeño Ronald salió adelante. Su madre falleció poco después de que él hizo la Primera Comunión. Tolkien escribió más tarde: “Mi propia madre fue, sin duda, una mártir”.
El pequeño quedó bajo la tutela del Padre Francis Morgan, quien instruyó al niño y a su hermano en la fe. Desde muy chico dio muestras de ser un genio en el campo de la lingüística, aprendía latín y “jugaba” con las palabras.
Un romance de novela
Tolkien tenía 16 años de edad cuando conoció a Edith Bratt cuando esta tenía 19. Ambos eran huérfanos. El Padre Francis (su tutor) le pidió que se concentrara en sus estudios y le prohibió acercarse a ella hasta que él cumpliera 21.
Cuando Tolkien cumplió los 21, justo a la medianoche, le escribió una carta a Edith, en la que le declaraba su amor. Ella ya estaba comprometida… Pero cuando leyó la misiva rompió su compromiso. Se casaron en 1916. Tuvieron cuatro hijos.
Según cuentan vivieron un amor de devoción mutua y total. Edith fue un apoyo incalculable para Tolkien, quien afirmaba que mucho de su éxito se lo debía a ella. Cuando ella falleció él quedó devastado.
La Guerra
Una de las experiencias más duras que vivió Tolkien fue su participación en la Primera Guerra Mundial. Estuvo en la Batalla de Somme, una de las más sangrientas de la historia. Lo que presenció allí lo marcó como persona y como escritor, y algo de esto se puede percibir en su obra.
Durante la guerra sufrió de una enfermedad llamada la fiebre de las trincheras y tuvo que ingresar en varias ocasiones al hospital. Puede sonar paradójico, pero esto muy probablemente le salvó la vida, ya que la mayor parte de su batallón fue aniquilado. Allí en las trincheras escribió algunos de sus primeros mitos.
Terminada la Guerra, continuó con su labor como académico en Óxford y se convirtió en uno de los filólogos y lingüistas más respetados del mundo.
La fe en su obra
Tolkien no era afín a la alegoría directa, por eso en su obra no hay referencias directas a la fe cristiana. De hecho, criticó ciertas interpretaciones teológicas que consideraba erradas. Él prefería más un mensaje aplicado (aplicabilidad, lo llamaba él).
No obstante, hay personajes que pueden tener una inspiración cristiana, por ejemplo, algunos estudiosos han visto en Galadriel (de El Señor de los Anillos) algunos rasgos que evocan su visión y devoción por la Virgen María, en cuanto a su belleza, pureza y luz.
Aunque en su obra no se habla explícitamente del cristianismo, su visión católica se plasmaba en sus libros, en las acciones y las luchas de sus personajes.
La amistad, la solidaridad, la ayuda mutua y el servicio a los demás, son algunos de los valores impregnados en su obra. Un ejemplo muy claro es la amistad entre Sam y Frodo, en los buenos y malos momentos.
Igualmente, el crecimiento espiritual y el sobreponerse a las dificultades están muy presentes en obras como El Hobbit. También sus libros advierten sobre la corrupción, la tentación y el poder mal encaminado, un símbolo que puede representar esto es el anillo en El Señor de los Anillos.
En la obra de Tolkien es común encontrar que cuando todo parece estar acabado, cuando el mal está por imponerse, aun cuando hasta los héroes fallan, de alguna manera el bien triunfará. En clave cristiana podríamos también pensar en el misterio de la Cruz y la Resurrección.














