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Testimonio de Beto Monge / Del anarquismo a la verdadera libertad

By Marzo 22, 2024

Cuando era adolescente, para Alberto Monge el punk era una manera de expresar su rabia contra el mundo. No era solo la música o la estética del movimiento, él era un promotor de la anarquía y un enemigo de todo aquello que representara para él la opresión de las masas.

Por ende, en su banda, las letras de las canciones arremetían por excelencia contra la Iglesia Católica y la fe cristiana, lo hacían con mofa y desprecio. Los creyentes para él no eran más que un séquito de hipócritas.

A Beto, como lo conocen, le divertía enrollar puros de marihuana con las hojas de una Biblia, lucir signos anticristianos en su ropa, particularmente en sus botas, tener tatuajes y darse de patadas en el mosh (un tipo de baile con empujones y golpes). Aquello le servía para descargar la rabia que sentía.

Paralelo a esto, su vida se consumía en las drogas. Un día cualquiera, ese adolescente despertaba en un parque sin saber cómo había llegado ahí, con la ropa toda sucia y la sangre seca en la cara tras haber inhalado demasiada cocaína la noche anterior.

Tenía amigos, conocía a mucha gente, se sentía parte de algo importante, donde nadie lo juzgaba o criticaba. Sin embargo, sentía un gran vacío, un vacío que la diversión, los conciertos o las drogas “llenaban” solo por un instante.

“No es que mi camino ahora sea pura felicidad, esto también es de lágrima y de cruz. No es fácil. He salido adelante y me he levantado, también me he sentido abandonado y solo, pero sé que ahí está la Iglesia, las puertas siempre han estado abiertas, el Señor me ha dado la capacidad de entender que no sigo a hombres sino a Cristo”.

Alberto “Beto” Monge - Músico

La caída

¿Qué había pasado con aquel niño formado en un hogar con valores? Recuerda que él creía en Dios, que había recibido los sacramentos y que iba a Misa los domingos porque sus papás le decían que fuera, aunque no lo acompañaban.

Había problemas en el hogar y comenzaron a surgir cuestionamientos. ¿Por qué si Dios es bueno él tenía que sufrir todo lo que pasa en su casa? ¿Por qué si Él todo lo ve y tiene sacerdotes, ministros, consejeros… ninguno había llegado nunca a preguntarle siquiera cómo estaba o cómo se sentía? ¿Por qué ir a Misa si sus papás no iban?

Las letras de bandas de punk rock comenzaron a tener mucho sentido para él. Se identificaba y estaba de acuerdo con lo que decían contra la Iglesia y la fe cristiana. Por otro lado, en el movimiento punk se sentía bien acogido, había hecho amigos y había ganado popularidad, lo invitaban a fiestas y a tocar la batería en bandas, incluso algunas reconocidas en el ambiente nacional.

El vacío crecía y con ello la ansiedad por consumir. Comenzó a aislarse, a tener problemas con la policía, provocaba disturbios, y pasaba drogado las 24 horas del día. Sus amigos le decían: “Mae, es que te pasás, parala un toque”. Entonces, Beto se alejaba. Por ejemplo, si había una fiesta era incapaz de socializar, entonces optaba por ir a un cafetal con otros adictos.

“Algo en mi corazón me decía: Tú no eres esto, recuerda quién eres”, cuenta. Pero llegó a un punto donde sentía que no podía más. Vinieron momentos de depresión y de deseos de morir.

Un día tuvo un intento de suicidio. Tomó un cúter y se cortó los brazos con la intención de alcanzar sus venas. Cuando vio el sangrado intenso se asustó, salió a la calle, sintió mareo y se desmayó. Despertó en el hospital, amarrado, y veía a su mamá a lo lejos. “Fue un momento de mucha pena para mí”, comentó.

"Levántate"

Beto tenía familia y amigos que lo querían, pero él era incapaz de expresar sus emociones. Aquello había sido un llamado de atención. Las personas comenzaron a acercarse y a manifestarle su cariño. Particularmente, el Señor se manifestó a través de una persona: su hermana.

“Patricia fue el instrumento utilizado por Dios para decirme: Tú no eres esto, tú puedes, ánimo”, relató Beto. Ella lo invitó a participar de un retiro espiritual. Al principio, él no estaba convencido: “¿Qué voy a ir a hacer ahí si yo soy anticristiano”, respondió. Pero ella insistió.

Pasó el tiempo y conforme se acercaba el día del retiro, Beto consumía más. De hecho, un día antes pasó todo el día en la calle, cuando regresó a casa, en un pésimo estado, su hermana le dijo: “Yo le hice la maleta”. Él entonces respondió: “Está bien, yo voy, pero llevo droga, si Dios no existe me voy de ahí”.

Efectivamente, llevó drogas y fue vestido con una camiseta con signos anticristianos. Lejos de lo que esperaba, cuando llegó no se sintió juzgado, sino acogido. Ese retiro fue para él su Betania, donde comenzó su renacimiento. Afirma que se sintió como el siervo de Jericó (Mc. 10:46-52).

“La música y la popularidad me habían cegado. Fue como si me hubieran dicho que Jesús iba a pasar y yo fui a verlo. Yo tenía convicciones bastante fuertes, así que podía saber bien si me estaban tomando el pelo”, compartió Beto.

Y agregó: “El retiro fue fenomenal. Tuve un momento muy difícil, como no había dormido nada y andaba drogado estaba muy cansado. En una de las enseñanzas me dormí. Comencé a ver una luz que se me acercaba, tenía miedo de caerme en un abismo, iba a caer, cuando desperté tenía al frente a Jesús Eucaristía y escuché tres palabras: “Te amo, te perdono y te necesito. Y yo gritaba, tenía el pensamiento de la droga en la bolsa del pantalón y decía: Jesús, ten compasión de mí”.

“Misteriosamente tuve ese encuentro. Me sentí amado. Era eso lo que andaba buscando, no era fama, andar en las calles, intoxicar mi cuerpo, odiar a la gente buena de la Iglesia… Sentí que mi corazón de piedra se volvió de carne. Empecé a llorar, decía: Jesús perdón, perdón, perdón”, recuerda.

Y agrega: “Jesús nunca me señaló. Fui con una camiseta anticristiana al retiro, nadie me rechazó, llegué oliendo a guaro y aun así me abrazaban, con amor sincero. Sentí tanto a la Iglesia que perseguí. Fue una gracia quitarme las escamas y ver que la Iglesia no era lo que yo pensaba, era algo más profundo, ahí estaba mi libertad y podía ser auténtico.

Beto tenía 18 años de edad y desde ese día inició un proceso de recuperación de cuatro años. No fue que a partir de aquel momento todo cambió y su vida fue perfecta. Hubo momentos difíciles, recaídas y fallos.

Se reconoció pecador, pero también Dios le ofrecía perdón, reconciliación. “Te confesaste, caíste, volvés a confesarte, es una lucha constante”, expresó. Participó de grupos de Pastoral Juvenil y otros.

Actualmente, Beto sirve en la Familia en Victoria, ofrece charlas en centros educativos, cárceles y centros de rehabilitación. Predica y misiona como laico. Él busca responder al llamado de una Iglesia en salida y de una Iglesia que acoge al otro, sin importar su apariencia o comportamiento. También fundó, junto a su esposa, una banda llamada Hechos 1, 8.

Beto no pretende ser otro. Viste como le gusta y es como es. Alguna vez ha ido a dar una charla para una Pastoral Juvenil y alguien le ha dicho que no puede entrar al templo por los tatuajes que lleva en sus brazos, no obstante, otra persona lo recibe y acoge. Justamente, lo que él busca transmitir: Una Iglesia de puertas abiertas.

“La Iglesia no está para coleccionar santos, sino para llamarme a mí, al que es sacerdote, al seminarista… no porque seamos buenos, sino para sentirnos amados por el Señor y ayudar a otros que quizá pasan por lo mismo. Admiro a los sacerdotes, a las religiosas y a los servidores laicos, celebro cuando alguien ingresa al seminario o a una congregación”, afirma.

Y concluyó: “No es que mi camino ahora sea pura felicidad, esto también es de lágrima y de cruz. No es fácil. He salido adelante y me he levantado, también me he sentido abandonado y solo, pero sé que ahí está la Iglesia, las puertas siempre han estado abiertas, el Señor me ha dado la capacidad de entender que no sigo a hombres sino a Cristo”.

Danny Solano Gómez

Periodista, licenciado en Producción de Medios, especializado en temas de fe católica, trabaja en el Eco Católico desde el año 2009.

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