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La Iglesia celebra hoy el Domingo de la Palabra

By Pbro. Mario Montes M. / Animación bíblica, Cenacat Enero 21, 2024
Una jornada, para hacer crecer en el pueblo de Dios la familiaridad religiosa y asidua con la Sagrada Escritura. Una jornada, para hacer crecer en el pueblo de Dios la familiaridad religiosa y asidua con la Sagrada Escritura.

Hoy domingo 21 de enero 2024, la Iglesia Católica celebra el llamado Domingo de la Palabra, por quinta vez consecutiva. La Carta Apostólica en forma de Motu proprio Aperuit illis, entregada por el Papa Francisco el 30 de setiembre de 2019, explica que “dedicar concretamente un domingo del Año litúrgico a la Palabra de Dios nos permite, sobre todo, hacer que la Iglesia reviva el gesto del Resucitado que abre también para nosotros el tesoro de su Palabra para que podamos anunciar por todo el mundo esta riqueza inagotable”. Una jornada, por lo tanto, dedicada “a la celebración, reflexión y divulgación de la Palabra de Dios”, que “haga crecer en el pueblo de Dios la familiaridad religiosa y asidua con la Sagrada Escritura”. Se celebra el Tercer Domingo Del Tiempo Ordinario, por decisión expresa del Papa Francisco.

 

En el día de San Jerónimo

Es un día elegido conscientemente, porque el 30 de setiembre se conmemora al gran padre y doctor de la Iglesia Jerónimo. En particular, en 2019 se celebró el 1.600 aniversario de su muerte. San Jerónimo, autor de la Vulgata, es decir, la primera traducción completa de la Biblia en lengua latina, a petición del Papa Dámaso I a finales del siglo IV, puso en orden y sustituyó las versiones anteriores en lengua hebrea y griega. Las Escrituras se pusieron así al alcance de todos y todos pudieron leerlas y comprenderlas. Y así es como el Papa Francisco, en el Aperuit illis, cita una de las frases más famosas e icónicas de San Jerónimo: “La ignorancia de las Escrituras es ignorancia de Cristo” (cf. Del Prólogo al Comentario al profeta Isaías).

 

Empezar por las pequeñas cosas

“En medio de tantas palabras diarias, necesitamos escuchar esa Palabra que no nos habla de cosas, sino que nos habla de vida”. Lo recordaba el Papa Francisco el 26 de enero del año 2020, con ocasión de la primera celebración del Domingo de la Palabra de Dios. Para escuchar y comprender la Palabra del Señor, recomienda el Papa, hay que empezar por las pequeñas cosas, como leer “algún versículo de la Biblia cada día. Comencemos por el Evangelio; mantengámoslo abierto en casa, en la mesita de noche, llevémoslo en nuestro bolsillo o en el bolso, veámoslo en la pantalla del teléfono”.

En su homilía del 24 de enero de 2021, el Papa Francisco repite que la Palabra de Dios “es la carta de amor escrita para nosotros por Aquel que nos conoce como nadie más. Leyéndola, sentimos nuevamente su voz, vislumbramos su rostro, recibimos su Espíritu. La Palabra nos acerca a Dios”. El Pontífice volvió sobre la cercanía de Dios: “Dios no está -como muchas veces estamos tentados de pensar- allá arriba en los cielos, lejos, separado de la condición humana, sino que está con nosotros”. Una cercanía que se hace concreta:

La Palabra de Dios nos permite constatar esta cercanía, porque -dice el Deuteronomio- no está lejos de nosotros, sino que está cerca de nuestro corazón (cf. 30,14).

 

Acciones pastorales

El Domingo de la Palabra de Dios pretende subrayar la presencia del Señor en la vida de las personas. Mons. Valentino Bulgarelli, subsecretario de la Conferencia Episcopal Italiana, explica de qué instrumentos dispone la Iglesia para alcanzar este objetivo: “En su tradición, la experiencia de la comunidad cristiana, entre otras cosas relanzada con la constitución dogmática Dei Verbum del Concilio Vaticano II, nos recuerda que la esencia del hecho cristiano es un Dios que se revela, que se entretiene con los hombres como con amigos.

Dentro de esta experiencia, la comunidad cristiana ha entendido que todas sus acciones pastorales están necesariamente vinculadas a la Palabra: pienso en la liturgia, en lo que podría ser también la riqueza de la homilía, que es en realidad el compartir, la ruptura de la Palabra dentro de un contexto celebrativo comunitario. Pienso en la catequesis, que es el resonar de esta Palabra, pero más en general en toda la vida de la comunidad: debe ser el eco de esta Palabra de vida que se comunica y se ofrece”.

“Creo” -continúa Bulgarelli- “que este domingo es una oportunidad para recordar los cambios de paradigmas que se están produciendo, generaciones que quizás no han tenido la suerte también de encontrarse, conocer y profundizar en la Palabra de Dios, para llamar la atención sobre esta fuente que es la primera fuente por excelencia de la vida cristiana.

 

Celebremos en familia

Por supuesto que la celebración por excelencia del Domingo de la Palabra ha de ser en la Eucaristía, donde la Iglesia nos nutre con la Palabra de Dios, expuesta en los textos sagrados y en la mesa del Pan de Vida que es Cristo. Cada domingo es un domingo de la Palabra. Pero, una forma estupenda de hacerlo y darle relevancia, puede ser en familia. Pues la familia un lugar privilegiado para la transmisión y recepción de la fe, pues es la propia familia donde, de generación en generación, se comparte desde la experiencia lo recibido, es decir, las convicciones y certezas que surgen de la propia vida.

Por eso, el Centro Nacional de Catequesis, pone a disposición una celebración familiar de este domingo, que lo pueden encontrar en su página web, digitando: cenacat.org. Luego: “Recursos”, siguiendo en Sección de Animación Bíblica de la Pastoral y bajando este subsidio (Domingo de la Palabra 2024). Es una propuesta que quiere enfatizar la responsabilidad de los padres en la transmisión de la fe y en el encuentro personal de sus hijos con Jesucristo, demostrando la importancia de acoger la Palabra de Dios, tanto para los padres como para los hijos, porque la Palabra no puede transmitirse si no ha sido recibida primero.

Como enseñaba el Papa San Juan Pablo II, en la Exhortación Apostólica Ecclesia en América: La Palabra de Dios, leída asiduamente en la familia, la constituye poco a poco como iglesia doméstica y la hace fecunda en humanismo y virtudes cristianas; allí se construye la fuente de las vocaciones (E A 46)

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