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Domingo, 16 Mayo 2021
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En su mensaje para el Tiempo de Cuaresma que los católicos iniciamos hoy con el rito de la imposición de la ceniza, los obispos del país invitan a vivirlo renovando la fe, la esperanza y la caridad. recuerdan que este tiempo de gracia es como una escalada que nos lleva a la cima de nuestra fe, pues, en efecto, "celebraremos, al terminar este recorrido de 40 días, los misterios centrales de la redención como lo son la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesucristo".  Lo podremos hacer, reiteran, de mejor manera, abrazando el ayuno, la oración y la limosna.

A continuación su mensaje:

 

“Miren, estamos subiendo a Jerusalén”

Mensaje para el Tiempo de Cuaresma 2021 de los Obispos de la Conferencia Episcopal de Costa Rica.

 

A las puertas de este tiempo de gracia, penitencia y conversión, tomamos conciencia de que “La Iglesia se une todos los años, durante los cuarenta días de la Gran Cuaresma, al Misterio de Jesús en el desierto” (Catecismo de la Iglesia Católica, n. 540).

Llegamos a este santo tiempo, y lo hacemos con esperanza, para recorrer junto a Jesús su camino hacia la cruz, al subir a Jerusalén. Conmemoramos su paso de entrega a la muerte, tras ser maltratado y azotado, pero después, como lo revela el Evangelio, resucitar al tercer día (cfr. Mateo 20, 18-19), lo que nos hace recordar que el camino cuaresmal es un itinerario o peregrinación espiritual hacia la Pascua.

Este gran momento celebrativo lo vivimos también acogiendo el llamado del Papa Francisco, quien titula su mensaje para este tiempo: “Cuaresma: un tiempo para renovar la fe, la esperanza y la caridad”.

Tras la pandemia que hemos vivido, y de la cual aún no hemos salido, renovamos nuestra esperanza en Aquel que no defrauda (cfr. Rom. 5, 5); lo hacemos con un espíritu llamado al amor fraterno y a la caridad, a sentir con nuestros hermanos que habitamos juntos una misma Casa Común, y que tenemos que cuidarnos mutuamente, mostrando un testimonio efectivo de amor y entrega, especialmente por los más pobres (cfr. Laudato Si’, 232).

La pandemia provocada por el Covid-19 nos ha mostrado, más que nunca, cuán conectados estamos en este mundo, nos ha hecho ver cuán frágiles somos como seres humanos.  Hoy, el tiempo de la Cuaresma nos debe hacer conscientes del espíritu solidario que habita en nosotros para entregarnos a los demás, mediante gestos que son propios de nuestra vida cristiana.

De manera catequética el Santo Padre nos resume la fe activa que debemos convertir en obras: “El ayuno, la oración y la limosna, tal como los presenta Jesús en su predicación (cf. Mt 6,1-18), son las condiciones y la expresión de nuestra conversión. La vía de la pobreza y de la privación (el ayuno), la mirada y los gestos de amor hacia el hombre herido (la limosna) y el diálogo filial con el Padre (la oración) nos permiten encarnar una fe sincera, una esperanza viva y una caridad operante”.

La Cuaresma, que comienza con el Miércoles de Ceniza y culmina en la tarde del Jueves Santo, es como una escalada que nos lleva a la cima de nuestra fe, pues, en efecto, celebraremos, al terminar este recorrido de 40 días, los misterios centrales de la redención como lo son la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesucristo.  Lo podremos hacer, de mejor manera, abrazando el ayuno, la oración y la limosna.

Tras vivir este recorrido de Jesús hacia Jerusalén, podemos también ver su paso en nuestra vida, particularmente en momentos de dolor y de dificultad, pero con la certeza de que su compañía nos fortalece y anima. Jesús acompaña a los enfermos, a los que sufren de agresión, a los desempleados, a los más pobres, a quienes viven sin esperanza, a los que están solos. Jesús se compadece y actúa en la vida de todos, especialmente de los más vulnerables.

Por eso, nuestra vida, que está hecha para trascender más allá de este tiempo y espacio, pensada por Dios para la eternidad, debe también reflejar estas acciones de Jesús, dígase gestos de compasión, de ternura y solidaridad.

Recién, en diciembre, celebramos el misterio de la Encarnación y Nacimiento del Hijo de Dios, y esta continuidad celebrativa nos ayuda a comprender el misterio de la fe para el cual hemos sido creados. Como decía San Atanasio de Alejandría: “Porque el Hijo de Dios se hizo hombre para hacernos Dios”.

El tiempo de la Cuaresma nos recuerda que hemos renacido del agua bautismal, por ello se trata de un camino de renovación de nuestro bautismo.  Vivamos este tiempo litúrgico fuerte con esa conciencia y actitud, pues si no nacemos del agua y del espíritu, no podremos ver el Reino de los cielos (cfr. Juan 3, 5).  Para eso ha venido el Señor a nuestras vidas, para hacernos nacer de lo alto y poner nuestra mirada en los bienes eternos.

La Iglesia Católica en nuestro país celebra con gozo el centenario de la creación de la Provincia Eclesiástica. La bula (documento Papal) del Papa Benedicto XV firmada el 16 de febrero de 1921, erigió la Provincia Eclesiástica en Costa Rica, creó la Arquidiócesis de San José, que ya existía como Diócesis desde 1850 abarcando todo Costa Rica, la Diócesis de Alajuela y el vicariato apostólico de Limón. Con esta organización comenzó la historia de nuestra Iglesia en Costa Rica para dar paso luego a la creación de nuevas diócesis y parroquias hasta nuestros días.

Las siguientes son las actividades que se realizarán en las diferentes Diócesis:

 

          Arquidiócesis de San José

  • Las 110 parroquias de la Arquidiócesis de San José harán sonar sus campanas el 16 de febrero a las 6 a.m. para conmemorar los 100 años de creación del territorio diocesano.

  • A las 10 a.m. tendrá lugar un acto conmemorativo en la Avenida Central, específicamente en el sitio donde estuvo ubicada la primera ermita, la cual estuvo dedicada a San José. En este lugar se encuentra actualmente la tienda Escaglietti.

  • A las 11 a.m. será la Santa Eucaristía en la Catedral Metropolitana la cual será concelebrada por la Conferencia Episcopal en pleno, los Obispos eméritos, clero y autoridades del Gobierno de la República. Esta celebración será transmitida por los medios de la Arquidiócesis Metropolitana, San José TV, Radio Fides, 93.1 FM, redes sociales, así como el Facebook del Eco Católico y la Conferencia Episcopal.

     

     

  • Diócesis de Alajuela

    La diócesis de Alajuela tiene todo un programa de actividades que inició el 19 de enero y culminará el 14 de marzo (ver la página de Facebook de la Diócesis de Alajuela). Todo será transmitido por Radio Pilarcita de la Diócesis de Alajuela. Las principales actividades en los días 15 y 16 de febrero son las siguientes:

    15 de febrero 9 a.m.: Traslado del cuerpo de Monseñor Bolaños desde la catedral de San José a la catedral de Alajuela. Santa Eucaristía que preside Mons. Ángel San Casimiro Obispo Emérito de Alajuela.

    15 febrero 6 p.m.: Santa Eucaristía con Monseñor Bartolomé Buigues. Sepultura de los restos mortales de Monseñor Bolaños.

    16 de febrero 4 p.m.: Encuentro de los sacerdotes de la Diócesis

    16 de febrero 5: 30 p.m.: Misa en acción de gracias por el Centenario en la Catedral de Alajuela, preside Mons. Bartolomé Buigues. Ingreso de los sacerdotes por la Puerta Santa del Jubileo. Presentación de candidatas del reinado diocesano.

     

    Diócesis de Limón

    El propio 16 de febrero la Diócesis de Limón tendrá una Solemne Eucaristía en Siquirres con la profesión de fe de los nuevos sacerdotes que asumen los nuevos servicios diocesanos y será transmitido por Facebook live en la página de la Diócesis.

    Hoy martes 2 de febrero, la Iglesia celebra la fiesta de la Presentación del Señor, un momento importante en el que tiene lugar la Jornada Mundial de la Vida Consagrada y la tradicional celebración de La Candelaria.

    A propósito de ello, Monseñor Bartolomé Buigues, Obispo de Alajuela y Presidente de la Conferencia de Religiosos y Religiosas de Costa Rica dedica un mensaje, a tono con el lema de la Jornada: “La vida consagrada, parábola de fraternidad en un mundo herido”

    San Charbel vivió bajo un itinerario ascético, tanto corporal como espiritual, acorde a las reglas y normas de la Orden Libanesa Maronita. El llamado “amigo de Dios”, solía trabajar en el campo exhaustivas horas labrando la tierra y cultivando la viña; dormía solamente seis horas, aunque su corazón se mantenía siempre despierto repitiendo sin cesar: “En tus manos entrego mi espíritu”. La oración poseía la vida del anacoreta, pues tenía muy claro que la fe se presenta como un acto de confianza motivada por la autoridad divina. 

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