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¿Pastoral del deporte? posible y necesaria

By Enero 06, 2023
El deporte debe ser una herramienta de integración humana, superando toda división y barrera. El deporte debe ser una herramienta de integración humana, superando toda división y barrera.

El compromiso de la Iglesia con el deporte es asegurarse que siempre permanezca como una experiencia capaz de dar significado y valor a la vida de las personas, a cualquier nivel al que sea promovido o practicado, en cualquier lugar o entorno en el que se organice.

Es lo que, con otras palabras, insiste el Papa Francisco cuando tiene ocasión de encontrarse con atletas y equipos, a los que anima a que sean fermento de concordia, paz y unidad.

En efecto, el deporte siempre debe apuntar a la formación integral de la persona, mejorando las condiciones sociales, y a la construcción de relaciones interpersonales. Como tal, no puede estar ajeno a la misión evangelizadora de la Iglesia, que por el contrario, debe anunciar a la persona de Jesucristo, su Reino de justicia, de amor y de paz, en todos los ambientes humanos.

Y para hacerlo, la Iglesia Universal, desde el Dicasterio para los Laicos, la Familia y la Vida, ofrece los siguientes principios orientadores.

 

La belleza del deporte al servicio de la educación: Para que el deporte sea un bien pastoral, ha de ser impulsado de forma adecuada. El deporte tiene sus reglas, su especificidad, su belleza y estamos llamados a promover el deporte aprovechando al máximo su cualidad técnica y organizativa. El deporte genera pasiones y emociones fuertes, pero la tarea de la acción pastoral no debe quedarse en el nivel emocional, sino producir un efecto a largo plazo, capaz de ser incisivo y que continúe en la vida diaria.

 

El deporte para reconstruir el pacto educativo: Sólo es posible cambiar el mundo si cambiamos la educación. Para tener un impacto concreto, un proyecto de cuidado pastoral del deporte debe ser conectado con los agentes locales involucrados en la educación, empezando por las familias, los colegios y las instituciones públicas. En esta misión, la Iglesia debería trabajar cercana y respetuosamente con las autoridades competentes para que fructifique su visión de una cultura del deporte que sirve a la persona, que refleja el ser una criatura amada, hecha a imagen y semejanza de Dios.

 

El deporte al servicio de la humanidad: San Juan Pablo II señalaba “la relatividad del deporte respecto a la superioridad de la persona”. Esto significa que, en un plan pastoral, tiene que primar la persona, que tiene una unidad de cuerpo, alma y espíritu. El deporte se debe fomentar y practicar con el más alto respeto por la persona y orientándolo a su desarrollo integral. El atleta no puede quedar reducido a una mera herramienta de la que se hace uso para lograr resultados deportivos, que se asocia en ocasiones incluso, con importantes objetivos políticos y económicos.

  

Trabajo en equipo contra el individualismo: Participando del deporte, las personas saborean la belleza del trabajo en equipo, que es tan importante en la vida. Pertenecer a un club deportivo implica rechazar cualquier forma de individualismo, egoísmo y aislamiento, y aporta una oportunidad de encuentro y compañía con los demás, de ayudarse unos a otros, de competir con mutua estima y crecer en fraternidad. La experiencia deportiva fomenta de manera natural las dinámicas de la amistad y la convivencia, que cuando se cultivan y valoran pueden ir más allá de los límites de los campos y estadios y llegar a ser oportunidad de relaciones sólidas y duraderas.

 

Deporte para todos: El deporte es empático, y reúne gente de todo tipo, generando una cultura de encuentro. Debe rechazar la cultura del descarte y ha de ser abierto, inclusivo y acogedor. El deporte también debe posibilitar la integración de la diversidad de habilidades.

 

Una visión ecológica del deporte: El deporte puede resultar revolucionario, en cuanto ofrece a los jóvenes la oportunidad de encontrarse cara a cara con otros jóvenes que, en ocasiones tienen orígenes muy distintos unos de otros. Jugando en un equipo, aprenden cómo abordar los conflictos de unos con otros de una forma muy directa, mientras comparten una actividad que significa mucho para ellos. Estas experiencias pueden ayudar a los jóvenes a darse cuenta de que forman parte de algo más grande que ellos mismos y ser parte de lo que da significado y propósito a sus vidas.

Martín Rodríguez González

Periodista, licenciado en Ciencias de la Comunicación Colectiva y egresado de la maestría en Doctrina Social de la Iglesia. Trabaja en el Eco Católico desde el año 2002 y desde el 2009 es su director.

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