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Tus dudas: “Nada me sale bien, ¿estaré embrujado?”

By Mons. Vittorino Girardi S. Octubre 08, 2021

“Monseñor: quisiera una palabra suya,  un consejo, por unos problemas personales que me atormentan. Vivo con mi hermana y sus dos hijos, en la misma casa, la que hemos heredado de nuestra madre ya difunta. Siento que mi hermana a mí no me acepta, me soporta. El problema se agrava  porque no tengo un empleo fijo. Hasta ahora no he durado por mucho tiempo en el mismo trabajo y por temporada trabajo en construcción. Me pregunto: ¿tendré algún maleficio?, ¿me habrán hecho alguna brujería?. Me considero una persona honesta y sin vicios. ¿Porque entonces las cosas no me salen bien?.

Alberto Soto J.- Zapote

 

Estimado Alberto: es propio del ser humano preguntarse acerca de las causas de lo que nos acontece y con mucha más insistencia cuando se trata de algo que nos afecta personalmente.

Es lo que está viviendo usted: el sentirse rechazado de su hermana  y no lograr un empleo digno y seguro, hace surgir la pregunta: ¿A qué se debe todo esto? Ahora bien, ¿en dónde encontrar la respuesta?

Pues bien, ante todo debemos evitar la tendencia o tentación de pensar que si algo sale mal, eso  se bebe a algún pecado propio. Jesús mismo en el Evangelio nos ha enseñado que debemos evitar ese modo de pensar, que por otra parte, está tan difundido inclusive entre cristianos de fe sincera. En cierta ocasión, sus Apóstoles, viendo a un ciego, le preguntaron a Jesús: “Maestro, ¿quién pecó para que naciera ciego? ¿él o sus padres? Jesús contestó, ni él ni sus padres” ( Jn 9,2-3).

Si aceptamos la enseñanza de Jesús, no podemos ni debemos afirmar: “las cosas me salen mal, significa entonces que el culpable soy yo por algún pecado cometido”. Pero tampoco cabe decir: “Las cosas me salen bien, significa entonces que yo soy una buena persona y me merezco el éxito”. Eso no es verdad: hay personas “malas” a las que los negocios les salen bien y gozan de salud, y hay personas “buenas” a las que muchas cosas le salen mal. Lo repito: evitemos de unir éxito con bondad moral y méritos; y unir  fracaso con  maldad y culpas.
Y refriéndome a usted, estimado Alberto, yo no dudo que usted sea una persona honesta y sin vicios, pero esto no es motivo suficiente para que los asuntos familiares y laborales, deban resolverse con éxito.

Tampoco hay que pensar entonces que el fracaso en los casos que sean, se deba a maleficios o a brujería. Desafortunadamente este modo de pensar está muy difundido, pero no tiene ningún fundamento racional que lo sostenga. Simplemente se nos ocurre creerlo y afirmarlo, pero no hay ninguna prueba que lo sostenga. Con otras palabras: la persona que consideramos bruja o brujo, tiene tanto poder cuanto nosotros le reconocemos, y eso no significa en absoluto que lo tenga realmente. ¡Cuánta gente gana dinero y no poco, gracias a una credulidad supersticiosa y (¡perdón!) del todo infantil.

El Señor del mundo, de sus leyes, es Dios, el Santo Creador, y no hay ni mago ni brujo que puedan adueñarse de las leyes de la naturaleza y de la historia…! No van a poder más que Dios!

¿Será entonces el Demonio el causante de nuestro fracaso y de nuestras serias  y dolorosas dificultades? A esta pregunta nos contesta nuestro nuevo Catecismo de la Iglesia Católica, diciendo :”el poder de Satán no es infinito. El no es más que una creatura; es verdad con poder, por el hecho de ser espíritu puro, pero siempre creatura finita”(no. 395).Tampoco él tiene entonces dominio  sobre las leyes de la naturaleza y sobre los acontecimientos que nos afectan. Lo sabemos: él es “él tentador” por excelencia, pero Dios nos dice que nos corresponde resistirle con valentía y con la ayuda de su gracia (Cfr Gen 4,6 y Ecco 15, 11-16).

Y volviendo a sus preguntas, don Alejandro, debemos concluir que no podemos pretender lograr una respuesta satisfactoria para todo lo que nos acontece. Hay situaciones, con frecuencia muy dolorosas, para las cuales no tenemos respuesta y lo debemos humildemente admitir. Aquí estoy pensando particularmente en el dolor inocente de muchos niños… Sin embargo, nos consuela y nos anima la misma Palabra de Dios: “Por lo demás nosotros sabemos que en todas las cosas interviene Dios para el bien de los que le aman”(Rom 8,28).

No nos desanimemos pues vivimos con la certeza confiada de que Dios no nos abandona y si El permite que el sufrimiento entre en nuestra vida, es porque El tiene algo más grande preparado para nosotros, aunque -claro está- no necesariamente en este mundo (Sta. Teresita del Niño Jesús).

 

Last modified on Lunes, 11 Octubre 2021 11:43

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