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Subió al cielo y está sentado a la derecha de Dios

By Redacción Mayo 12, 2021

Del santo Evangelio según san Marcos

16, 15-20

 

En aquel tiempo, se apareció Jesús a los Once y les dijo: “Vayan por todo el mundo y prediquen el Evangelio a toda creatura. El que crea y se bautice, se salvará; el que se resista a creer, será condenado. Éstos son los milagros que acompañarán a los que hayan creído: arrojarán demonios en mi nombre, hablarán lenguas nuevas, cogerán serpientes en sus manos, y si beben un veneno mortal, no les hará daño; impondrán las manos a los enfermos y éstos quedarán sanos”.

El Señor Jesús, después de hablarles, subió al cielo y está sentado a la derecha de Dios. Ellos fueron y proclamaron el Evangelio por todas partes, y el Señor actuaba con ellos y confirmaba su predicación con los milagros que hacían.

 

Palabra del Señor.

 

Comentario al Evangelio:

La esperanza a la que les llama

 

La ascensión es el punto culminante del ministerio terrestre y de la obra salvífica de Cristo. Es el retorno al Padre, la entrada en la gloria, la condición de la misión del Espíritu, el preanuncio de la venida final. Señala el triunfo cósmico y universal de Cristo, y corona la catequesis sobre el Reino de Dios, que será implantado, por la fuerza del Espíritu, en toda la tierra. Cuarenta, en la biblia, significa un tiempo cumplido en que Jesús se ha manifestado resucitado a los suyos. Ascender entre las nubes es la imagen que utiliza Lucas para decirnos que Cristo es exaltado al cielo junto al Padre (Hch 1,1-11).

La ascensión es también el punto de partida de la misión de la Iglesia. Es imperioso proclamar el Evangelio a toda la creación. De su aceptación, por la fe y el bautismo, depende la salvación. El Señor actuaba con ellos y confirmaba la Palabra con los signos que los acompañan: echaban demonios, sanaban enfermos con la imposición de manos... Cumplida su misión y encargada a los apóstoles, Jesús va al Padre y se sienta a su derecha, comparte su poder y, desde allí, sigue asistiendo a su Iglesia (Marcos 16,15-20).

Pablo pide para los suyos espíritu de sabiduría para comprender cuál es la esperanza a la que nos llama y la grandeza de su poder para nosotros, los que creemos. La fuerza del Padre ha resucitado a Jesús, lo ha exaltado como Señor, por encima de cualquier otro poder, ha puesto todo bajo sus pies. Así, es Cabeza de la Iglesia que es su Cuerpo (Efesios 1,17-23). Con el salmo 46 aclamamos a Cristo que preside la procesión de los redimidos, de los salvados, a la Sión del cielo.

Cuando se pierde el horizonte de esperanza, nos reducimos a nuestro estrecho “mundo”, abandonamos las utopías, los principios que motivan nuestro caminar, sacándolo del aburrimiento vital, perdemos la ilusión de construir una sociedad más justa y habitable, encerrándonos en la apatía e indiferencia. Enrarecemos así nuestra percepción y tratamos de imponerla a nuestro entorno, teñimos de ideología la realidad y la difundimos, manipulando, como la única verdad. Eso pretenden hoy las instancias de poder utilizando, para ello, la tecnología y los potentes medios de comunicación social.

Nuestra esperanza es Cristo, que ha sido resucitado y exaltado al cielo por el Padre para mostrarnos su gloria, a la que estamos llamados nosotros, unidos a Él, por la fe, la gloria de la santidad. Ha vencido sobre las fuerzas del mal que nos oprime y nos causa muerte para que resplandezca en nosotros su Vida. Cristo, que permanece en su Iglesia, es su Cuerpo, en un misterio de comunión, y la envía a continuar su misión redentora. La sabiduría de Dios, que ilumina los ojos de nuestro corazón nos permite vivir en esperanza.

Es imperioso, por tanto, proclamar el Evangelio, la Buena Noticia que nos saca de una existencia mediocre e insípida. Esa es la tarea fundamental de la Iglesia unida a su Cabeza, Cristo, con su misma fuerza y poder para vencer hoy el mal y dar signos de la presencia de su Reino. El Evangelio se repite hoy cada vez que recibimos el testimonio límpido de personas cuya vida ha cambiado por el encuentro con Jesús. Comuniquemos la fascinación que la aventura cristiana ha realizado en nosotros. Esa es la verdad, que no permite manipulaciones ni reduccionismos, es la esperanza a la que somos llamados.

Celebramos este día también la Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales. El Papa Francisco nos lanza el desafío de comunicar, encontrando a las personas donde están y como son para no cultivar prejuicios. Celebramos las patronales de Ntra. Sra. De Fátima y San Isidro. Comenzamos la novena de Pentecostés. El Señor les bendiga junto a sus familias.

 

Mons. Bartolomé Buigues O.

Obispo de Alajuela

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