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El juez y la viuda

By Pbro. Mario Montes M. Mayo 30, 2020

Esta viuda insistente ante un juez inmoral… ¿qué nos enseña con respecto a la oración y en nuestro trato con Dios bueno y misericordioso? ¿Cómo tratamos a las personas más necesitadas y vulnerables de nuestra sociedad?

La viuda y el juez, a quienes presentamos hoy, se encuentran en la parábola narrada por Jesús en el Evangelio de San Lucas 18,1-8. De ellos tratamos el domingo 16 de octubre del año 2016, correspondiente al domingo XXIX del Tiempo Ordinario, ciclo C, en una hermosa catequesis de Jesús sobre la oración:

Jesús les contó a sus discípulos una parábola para mostrarles que debían orar siempre, sin desanimarse. Les dijo: “Había en cierto pueblo un juez que no tenía temor de Dios ni consideración de nadie. En el mismo pueblo había una viuda que insistía en pedirle: “Hágame usted justicia contra mi adversario”. Durante algún tiempo él se negó, pero por fin concluyó: “Aunque no temo a Dios ni tengo consideración de nadie, como esta viuda no deja de molestarme, voy a tener que hacerle justicia, no sea que con sus visitas me haga la vida imposible”.

Y continuó el Señor: “Tengan en cuenta lo que dijo el juez injusto. ¿Acaso Dios no hará justicia a sus escogidos, que claman a él día y noche? ¿Se tardará mucho en responderles? Les digo que sí les hará justicia, y sin demora. No obstante, cuando venga el Hijo del hombre, ¿encontrará fe en la tierra?”

En el Antiguo Testamento las viudas son tenidas como mujeres desgraciadas y pobres (ver Bar 4,12-16; Is 47,9), pero son especialmente queridas a los ojos de Dios, que las protege con su amor deferente y con su ley (Is 10,2; Dt 26,12-13; Eclo 35,13-15; Sal 94,6-10). En el Nuevo Testamento, especialmente en los escritos lucanos, aparecen también como objeto de especial afecto por parte de Jesús (Lc 7,11-15; 18,3-5; 20,47; 21,2-4). La atención a las viudas es un importante deber de caridad (Sant 1,27).

De allí que, por segunda vez y valiéndose del ejemplo de una mujer viuda, Jesús de nuevo a una parábola sacada de la vida diaria, para enseñar la insistencia en la oración (Lc 18,1-8). Es la parábola de la viuda que incomoda al juez sin moral. La forma de presentar la parábola es muy didáctica y esta mujer nos recuerda al visitante importuno del domingo anterior. Primero, san Lucas da una breve introducción que sirve como clave de lectura. Luego cuenta la parábola. Al final, Jesús mismo la aplica. Veamos los tres momentos:

Lucas 18,1: La introducción. San Lucas introduce la parábola con la siguiente frase: “Jesús les contó a sus discípulos una parábola para mostrarles que debían orar siempre, sin desanimarse”. La recomendación a orar sin desfallecer o desanimarse, aparece muchas veces en el Nuevo Testamento (1 Tes 5,17; Rom 12,12; Ef 6,18; etc). Este era un rasgo característico de la espiritualidad de las primeras comunidades cristianas.

Lucas 18,2-5: La parábola. Luego Jesús presenta dos personajes de la vida real: un juez sin consideración para Dios y para las personas, con una viuda que lucha por sus derechos ante el juez. El simple hecho que Jesús presenta estos dos personajes, revela la conciencia crítica que tenía de la sociedad de su tiempo. La parábola presenta a la gente pobre y sin recursos, luchando en el tribunal por sus justos derechos. El juez decide atender a la viuda y hacerle justicia. El motivo es éste: “quitarse de encima” a la viuda y ésta deje de importunarle. Motivo bien interesado. ¡Pero la viuda obtuvo lo que quería! Es éste un hecho de la vida diaria, del que Jesús se sirve para enseñar cómo rezar.

Lucas 18,6-8: Finalmente, la aplicación. Jesús aplica la parábola: “Tengan en cuenta lo que dijo el juez injusto. ¿Acaso Dios no hará justicia a sus escogidos, que claman a él día y noche? ¿Se tardará mucho en responderles? Les digo que sí les hará justicia y sin demora”. Si no fuera Jesús, nosotros no tendríamos el valor de comparar a Dios con un juez inmoral. Al final Jesús expresa una duda: “No obstante, cuando venga el Hijo del hombre, ¿encontrará fe en la tierra?”. Es decir, ¿vamos a tener el valor de esperar, de tener paciencia, aunque Dios se demora en atendernos?

La viuda, al igual que al amigo importuno, somos nosotros que recurrimos a Dios en la oración, con la esperanza de ser atendidos. Pero también, desde el punto de vista social o de género, se constata lo siguiente, por ejemplo, en la India:

“Según las últimas estadísticas publicadas por el informe de UN Women 2016, la mayoría social de este país percibe a la mujer como un bien económico, que queda sometida a las decisiones de sus padres. No tiene derecho a expresar su voluntad ni a hacer uso de su propia autonomía… A esto, se suma la creencia popular de que la mujer es valorada y respetada mientras esté al lado de su marido. Las viudas, por ejemplo, forman un grupo social marginado y pobre, excluido de manera física, emocional, cultural y religiosa. Se trata de hechos que podrían sonar estrambóticos y carentes de sentido en algunas sociedades occidentales, pero que conforman el “calvario diario” de millones de mujeres, y no solo en India sino en tantos otros países de todos los continentes…

En este contexto, la Iglesia Católica, a través de sus misioneros y agentes de pastoral, trabaja sin descanso en la lucha por la defensa de los derechos humanos de los más vulnerables: los pobres, los niños y las mujeres… Los cristianos gestionan miles de instituciones educativas, hospitales, centro de atención primaria de la salud, centros de rehabilitación para criminales, hogares de ancianos, hogares para moribundos y necesitados, leprosarios, institutos técnicos y agrícolas, centros de bienestar social, grupos femeninos de auto-ayuda, centros espirituales.

Entre las comunidades religiosas más activas, destacan las Misioneras de la Caridad, congregación fundada por Santa Teresa de Calcuta, cuyo legado sigue aún vivo y dando frutos en las calles más pobres y olvidadas, no solo de la India, sino del mundo entero…” (Desigualdad de género en la India: la injusticia social por “ser mujer”, en: https://www.mensaje.cl )

Pensemos: ¿Son ellas y los pobres más vulnerables, prioridad en nuestros sistemas médicos, económicos y judiciales? ¿Cómo los tratamos en nuestra pastoral? ¿Qué aprendemos de esta viuda insistente o “majadera”, a la hora de orar o de pedir justicia?

Last modified on Sábado, 20 Junio 2020 19:32

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