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Sagradas Escrituras: Salomé

By Pbro. Mario Montes M. Octubre 08, 2020

Hoy, mientras Herodías es casi desconocida, Salomé se ha hecho famosa. La tradición la ha convertido en símbolo de perversidad y lujuria.

Hoy presentamos a Salomé, la hija de Herodías, que en los Evangelios se hizo famosa por su baile en presencia de Herodes Antipas y por haber alcanzado de su madre, casi como trofeo, la cabeza de Juan el Bautista. El texto de esta historia lo vimos el domingo pasado (ver Mt 14,1-12). En el Nuevo Testamento, Salomé no es mencionada por su nombre; sólo se hace referencia a ella como la "hija de Herodías" (Mc 6,2). Su nombre ha llegado hasta nosotros gracias a las Antigüedades judías, del historiador Flavio Josefo (libro XVIII, capítulo 5,4), que afirma lo siguiente:

"Herodías, [...] quien tuvo una hija, Salomé; después de su nacimiento.  Herodías [...] se divorció de su esposo mientras aún estaba vivo, y se casó con Herodes, hermano de su esposo por línea paterna, él era tetrarca de Galilea; pero Salomé se casó con Herodes Filipo el hijo de Herodes y tetrarca de Traconítide, quien murió sin descendencia, se casó con Aristóbulo hijo de Herodes I y hermano de Agripa; de este matrimonio, tuvieron tres hijos, Herodes, Agripa y Aristóbulo"

Es decir, que el padre y la madre de Salomé eran tío y sobrina. Y Salomé era, a la vez, nieta y biznieta del rey Herodes el Grande. Y, gracias a su célebre baile, alcanzó fama universal, siendo inspiradora de la llamada “Danza del vientre” y del “Baile de los siete velos”, como también en la literatura, el teatro y la ópera la han elegido como tema central en varias ocasiones. Muchos artistas la han pintado con la cabeza ensangrentada de Juan en una bandeja.

En efecto, algunos de los pintores que han llevado al lienzo la historia de Salomé, han sido Tiziano (Palazzo Doria-Pamphili de Roma), Caravaggio (Palacio Real de Madrid), Gustave Moreau, Federico Beltrán Masses y Bartholomäus Strobel el Joven (Museo del Prado de Madrid), Henri Regnault (Museo Metropolitano de Arte de Nueva York), entre otros. Todo esto la ha convertido, a lo mejor sin serlo realmente, en la personificación del desenfreno y la maldad.

Por otra parte, los artistas de todos los tiempos, se han inspirado con frecuencia en esta macabra historia de la bailarina de Herodes, destacando principalmente el trasfondo psicológico que se revela a través de sus protagonistas, unidos por una relación de consanguinidad, que se remontaba a varias generaciones, con los componentes de odio, desesperación y apasionamiento, y la sensualidad que emana de la danza de la muchacha.

Y así como el tema de Salomé fue recogido por numerosos pintores; lo encontramos también en el drama homónimo de Oscar Wilde, escrito en la época del más genuino decadentismo (en las últimas décadas del siglo XIX), que dio lugar a su vez, en 1905, a la famosa ópera de Richard Strauss, una de las obras más importantes de su producción.

En la práctica Salomé no fue una mujer perversa; parece haber sido una buena hija, una buena esposa y una buena madre. Y el episodio más famoso de su vida ni siquiera fue querido por ella, sino que se debió a los deseos de venganza de su madre, que la utilizó para sus horrendos propósitos. Sin embargo, el sentir popular nunca olvidó aquel incidente y se ensañó con su memoria.

Así, una leyenda medieval cuenta que un día, mientras ella cruzaba un río congelado, el hielo se rompió y ella cayó al agua, con tan mala suerte que el afilado borde del hielo cortó su cabeza, devolviéndole así el destino de lo que ella había hecho con Juan. Y a partir de allí la novela, el teatro, el ballet, el cine, la danza, el striptease y cuanto espectáculo erótico se ha buscado promocionar, han tenido como pretexto el nombre de la princesa idumea, pues ella perteneció a la familia de su abuelo Herodes, de origen idumeo, pueblo que habitaba al sur de Judea.   

La verdadera Salomé fue sólo un títere en manos de su madre Herodías, que la usó para saciar su sed de venganza. Pero hoy, mientras Herodías es casi desconocida, Salomé se ha hecho famosa. La tradición la ha convertido en símbolo de perversidad y lujuria. Decía Aristóteles: “Enojarse es fácil; pero enojarse con la persona correcta, por el motivo correcto, y en la medida correcta, es cosa de sabios”. Tenía razón Aristóteles; con Salomé, la tradición se ha comportado como necia.  

En Costa Rica, el famoso conjunto de Los Hicsos, tiene una pieza musical llamada “La negra Salomé”, aunque no sabemos si se inspira en esta muchacha célebre o si se trata de otra persona. Finalmente, no debemos confundirla con otra mujer de su mismo nombre, que es la madre de los hijos de Zebedeo, Santiago y Juan, seguidora de Jesús (ver Mc 15,40; 16,1).

Last modified on Jueves, 08 Octubre 2020 13:41

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