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Sagradas Escrituras: La higuera seca

By Pbro. Mario Montes M. Julio 21, 2020

Higuera con hojas, pero sin fruto alguno, era el templo de Jerusalén. Su culto, sus ritos y ceremonias sagradas, simple hojarasca… Hoy entre nosotros ¿qué es lo que está ya seco, estéril, marchito y sin vida?

Se cuenta en los Evangelios de San Mateo y de San Marcos que Jesús, después de haber entrado de manera triunfal en Jerusalén, el domingo de Ramos, al día siguiente, a lo mejor sin haber desayunado en Betania, sintió hambre, en eso vio una higuera junto al camino y al buscar higos en ella, solo encontró hojas y la maldijo, condenándola a la esterilidad (Mt 21,18-22; Mc 11,12-14.20-24). San Lucas y San Juan no mencionan este extraño gesto de Jesús. Solamente San Lucas alude a ella, hablando de una higuera estéril, en Lc 13,6-9.

La Iglesia presenta este episodio en la celebración litúrgica del viernes de la Octava Semana del Tiempo Ordinario, año par (Mc 11,11-26: Jesús inspeccionando el templo, maldición de la higuera, expulsión de los mercaderes del templo de Jerusalén y una lección final para sus discípulos). Pero en ninguno de los domingos, no menciona este “milagro destructivo” de Jesús, que no se entiende, pues ¿qué culpa tenía aquella pobre mata, de no tener higos, si todavía no era el tiempo de la cosecha…? ¿Será, entonces, que la higuera maldita y seca, simboliza algo que, de momento no entendemos? Veamos:

 

La higuera, símbolo del pueblo de Israel

 

La higuera en la Biblia es un símbolo del pueblo de Israel (Jer 8,13; Ez 15,6). En efecto, desde muy antiguo se aplica la metáfora de la higuera al pueblo de Dios. Por ejemplo, el profeta Oseas llama a los israelitas “fruto temprano de la higuera” (Os 9,10). Isaías los denomina “los primeros higos de la temporada” (Is 28,4). Jeremías los compara con una canasta de higos maduros (Jer 24,1-10). Miqueas se lamenta porque Israel es una higuera vacía y sin frutos (Miq 7,1). El Cantar de los Cantares asemeja a la amada con una higuera madura y fecunda (Cant 2,13).

¿Por qué era tradicional emplear en el Antiguo Testamento, la imagen de la higuera como figura del pueblo de Israel? Quizás porque, como afirma el historiador judío Flavio Josefo, la higuera en Galilea era el árbol más fecundo que existía; llegaba a dar frutos durante diez meses al año. Es decir, todo el tiempo, siempre.

Los judíos también se consideraban un pueblo fecundo en obras buenas, y por eso terminaron comparándose con la higuera. Es decir, la maldición de la higuera, en realidad, encierra una condena o reprobación contra el pueblo de Israel.

 

Enseñanza de San Marcos 11,11-26

 

¿Qué quiso enseñar San Marcos con este relato? ¿Acaso pretendió descalificar a todo el pueblo de Israel? Ciertamente no. Sólo a una parte. Si leemos atentamente el texto, descubriremos a cuál.  En efecto, la narración aparece partida en dos, y en el medio se ha insertado otra escena: la purificación del Templo de Jerusalén, realizada por Jesús.

Así, con el relato de la higuera, intercalando el bochornoso incidente del santuario, los lectores del Evangelio podían comprender el mensaje: la higuera maldita y estéril, seca y sin frutos, en realidad representaba a aquella institución religiosa, al templo de Jerusalén, con sus sacerdotes,  ministros y mercaderes, cuya función había llegado a su fin y estaba a punto de desaparecer (ver domingo anterior).

Enseña San Marcos que un día Jesús, como un peregrino más, lo visitó para la fiesta de Pascua. Allí estaba el edificio sagrado, frondoso como una hermosa higuera de gran follaje, “provocando” el hambre de los peregrinos. Entonces Jesús “sintió hambre del templo”, y quiso comer sus frutos. Pero la institución religiosa no los tenía. Prometía y no daba. Estimulaba el hambre pero no podía saciarlo. Se había ocupado de sus propias hojas, de su belleza exterior y de su prestigio, pero no ofrecía ningún alimento a los que pasaban a su lado. Entonces Jesús pronunció su terrible sentencia: “ha pasado tu tiempo, que nadie coma de tu fruto”. Estas palabras proféticas significaron el fin de un culto nacional estéril y abrieron las puertas a un nuevo culto, capaz de saciar el hambre del mundo.

El Evangelio  de la higuera seca nos enseña que hay que aprender a revisar las instituciones eclesiales y descubrir cuáles están dado frutos y cuáles no. Y si encontramos alguna que resulte seca o decadente, sencillamente hay que eliminarla. Porque el paso del tiempo relativiza toda institución. Y como Dios busca salvar a hombres y mujeres de todos los tiempos, necesita constantemente nuevas organizaciones, estructuras y andamiajes por donde derivar la fuerza transformadora de su Evangelio. Lo demás, puede sin pena desaparecer. Nada hay eterno en este mundo, sino Dios. Lo atestigua el templo (hoy ausente) de Jerusalén, que desde el año 70 d. C, simplemente dejó de existir…

 

El Evangelio de la higuera seca nos enseña que hay que aprender a revisar las instituciones eclesiales y descubrir cuáles están dado frutos y cuáles no.

Last modified on Martes, 21 Julio 2020 17:35

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