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Sagradas Escrituras: Ananías de Damasco

By Pbro. Mario Montes M. Mayo 12, 2022

Seguimos con los protagonistas del libro de los Hechos de los Apóstoles y hoy conoceremos a Ananías de Damasco, que es mencionado por San Lucas, con motivo del encuentro de Saulo de Tarso con el Señor resucitado, camino a Damasco y cómo este discípulo cristiano fue su instrumento para darse a conocer con el que sería el apóstol de los gentiles:

Vivía entonces en Damasco un discípulo llamado Ananías, a quien el Señor dijo en una visión: “¡Ananías!”. Él respondió: “Aquí estoy, Señor”. El Señor le dijo: “Ve a la calle llamada Recta, y busca en casa de Judas a un tal Saulo de Tarso. Él está orando y ha visto en una visión a un hombre llamado Ananías, que entraba y le imponía las manos para devolverle la vista”. Ananías respondió: “Señor, oí decir a muchos que este hombre hizo un gran daño a tus santos en Jerusalén. Y ahora está aquí con plenos poderes de los jefes de los sacerdotes para llevar presos a todos los que invocan tu Nombre”. El Señor le respondió: “Ve a buscarlo, porque es un instrumento elegido por mí para llevar mi Nombre a todas las naciones, a los reyes y al pueblo de Israel. Yo le haré ver cuánto tendrá que padecer por mi Nombre”.

Ananías fue a la casa, le impuso las manos y le dijo: “Saulo, hermano mío, el Señor Jesús –el mismo que se te apareció en el camino– me envió a ti para que recobres la vista y quedes lleno del Espíritu Santo”. En ese momento, cayeron de sus ojos una especie de escamas y recobró la vista. Se levantó y fue bautizado. Después comió algo y recobró sus fuerzas. Saulo permaneció algunos días con los discípulos que vivían en Damasco, y luego comenzó a predicar en las sinagogas que Jesús es el Hijo de Dios (Hech 9,10-20).

 

¿Quién fue Ananías?

 

“De Ananías, como de la mayoría de los personajes del Nuevo Testamento, tenemos escasísimos datos. Es mencionado en dos sitios de Hechos de los Apóstoles, y por supuesto no puede ser confundido con el Ananías, marido de Safira, castigado ejemplarmente por haber mentido a los apóstoles en la puesta en común de sus bienes (Hech 5). El Ananías que conmemoramos, por el contrario, está estrechamente ligado a la historia de Pablo; es un dirigente de la Iglesia local de Damasco, del que se nos cuenta en Hechos 22,12 que era “hombre piadoso según la Ley, bien acreditado por todos los judíos que habitaban allí”, y que es quien va a curarle de la ceguera con la imposición de manos, y bautizar al recién convertido Pablo.

Sabemos de sus dudas y vacilaciones sobre esta desconcertante orden divina de recibir en la Iglesia al perseguidor de los cristianos, dudas que Ananías expone al propio Dios con la sinceridad de un auténtico creyente, pequeño diálogo que es toda una perla sobre el trato íntimo y familiar del creyente con Dios (Hech 9,10ss).

San Agustín afirma que Ananías era sacerdote, y en la tradición hagiográfica se lo señala como obispo de Damasco, y evangelizador de Eleutherópolis. Se lo identifica también con uno de los 70 discípulos mencionados por Lucas, y por lo tanto discípulo directo del Señor. Según una “Passio” griega, murió mártir, lapidado por orden del juez Licinio. Ninguno de estos datos puede verificarse, y debe tenerse presente que las comunidades cristianas gustaban de prestigiarse identificando a su fundador local con uno de los anónimos 70 (o 72) discípulos, o bien retrotrayéndose a un personaje conocido por el Nuevo Testamento, así que este tipo de datos es siempre sospechoso de ser invención legendaria, y es preferible tomarlo como meras tradiciones de colorido local.

El Martirologio actual lo inscribe el 25 de enero… En Damasco se conserva una capilla subterránea, resabios de una basílica bizantina construida sobre la supuesta casa en la que Ananías bautizó al Apóstol de los Gentiles…” (Ver Ananías. Evangelio del día en www.evangeliumtagfuertag.org).

Ananías es llamado por nuestro Señor para acompañar a Saulo en su conversión. Con la ayuda de Ananías y la propia curiosidad de Saulo, éste reconoce la mano de Dios en su vida. Cuando las escamas caen de los ojos de Saulo, él puede ver verdaderamente y comenzar a buscar al Señor. Aprende de Ananías lo que significa conocer y servir a Jesús con un corazón amoroso. Con el acompañamiento de Ananías y la comunidad de fe en sus inicios, Saulo puede dar testimonio de Jesús con total abandono. Conocemos a Saulo como San Pablo, un verdadero formador de discípulos, todo un discípulo misionero. Tenemos la bendición de que sus cartas se conserven para nosotros en el Nuevo Testamento, para que también, como San Pablo, podamos escuchar y responder al llamado de Jesús para ser sus discípulos y acompañar a otros.

Así como San Pablo necesitaba que Ananías lo acompañara en su relación con Jesucristo, cada persona que se acerca a la Iglesia necesita un compañero que le ayude a encontrar a Jesucristo, su Evangelio y sus enseñanzas. El Papa Francisco afirma: “La Iglesia tendrá que iniciar a todos, sacerdotes, religiosos y laicos, en este 'arte del acompañamiento'” (EG 169). El compañerismo, también llamado acompañamiento, es importante para la formación en la fe de todos: nuestros niños, jóvenes, adultos y familiares; y es fundamental para la vida y el servicio de la parroquia en todos sus ámbitos y en la pastoral (catequesis, liturgia, social, etc).

Preguntémonos hoy, desde la experiencia de Ananías: ¿A quién acompañamos con fe y amor caritativo en este momento? ¿Hemos invitado, al menos, a alguien recientemente a unirse a nosotros en la celebración eucarística dominical? Durante nuestra vida ¿somos conscientes de aquellos a quienes debemos acompañar? ¿Cómo lo hacemos? ¿Qué podemos aprender de Ananías, maestro y guía del que sería guía y maestro por excelencia en la Iglesia, de los comienzos?

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