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Viernes, 27 Febrero 2026
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Saludo de la Conferencia Episcopal de Costa Rica a la Señora Presidente electa y a los diputados electos de la República

La Conferencia Episcopal de Costa Rica expresa su respetuosa felicitación a la señora Laura Fernández Delgado, Presidente electa de la República, así como a las señoras y señores diputados electos con ocasión del mandato que el pueblo costarricense les ha confiado mediante el ejercicio democrático.

Reconocemos, en este momento, no solo la culminación de un proceso electoral, sino el inicio de una tarea exigente y de gran responsabilidad: servir a toda la nación, en su diversidad de opiniones, sensibilidades y realidades sociales. Gobernar implica hoy, de manera particular, el desafío de unir al país, sanar divisiones y promover un clima de diálogo, respeto y búsqueda sincera del bien.

La Sagrada Escritura nos recuerda que “si el Señor no construye la casa, en vano trabajan los constructores” (Sal 127,1). Por ello, como Iglesia, reafirmamos nuestra cercanía espiritual y nuestro compromiso de oración por la señora Presidente electa, las señoras y señores diputados electos y por quienes los acompañarán en esta misión.

Ante la cercanía de las elecciones nacionales del próximo primero de febrero, la Conferencia Episcopal de Costa Rica invita a los sacerdotes del país a "animar, la participación responsable y consciente de los fieles en este importante momento para la vida del país".

Así lo dio a conocer la institución eclesial en un mensaje este miércoles 14 de enero de 2026. En él, los obispos afirman que "el ejercicio del voto es una expresión concreta de responsabilidad ciudadana, un medio legítimo para buscar el bien común, expresión de una sólida y edificante democracia.  El alto nivel de abstencionismo vivido en procesos anteriores nos interpela como sociedad y como Iglesia". "La Palabra de Dios nos recuerda que “a quien mucho se le dio, mucho se le exigirá (Lc 12,48)", apuntan.

“La participación en la vida política es un deber moral” (Compendio DSI, n. 189), que debe vivirse como un servicio a la justicia, la paz y la dignidad humana. Sin promover opciones partidarias, nuestra misión es ayudar a formar conciencias, iluminar desde el Evangelio y a despertar el compromiso cívico de los fieles", agrega la misiva.

A veces, hay momentos que llegan a nuestra vida como regalos inesperados, y sólo con el tiempo entendemos su significado más profundo.

A inicios de diciembre, recibí un video de casi tres minutos que relataba la historia detrás del conocido villancico navideño “Silent Night” (Noche de Paz). Lo observé varias veces y me conmovió profundamente, pero jamás imaginé que, en cuestión de semanas, viviría una experiencia que me conectaría de forma única con esa melodía tan especial.

Hoy, con una alegría que desborda mi corazón, quiero compartir esta historia que comenzó con un simple video y terminó siendo un encuentro inolvidable con el Señor.

Todo comenzó con una invitación de mi hermano menor, que me sugirió acompañarlo a un paseo sin darme muchos detalles. Aunque su actitud enigmática despertó mi curiosidad, nunca imaginé lo que estaba por venir.

El trayecto nos llevó por carreteras cubiertas de nieve, árboles vestidos de blanco y un frío que, por alguna razón, parecía invitarme a rezar silenciosamente: “Oh Jesús, con el calor de tu Espíritu Santo, abrázame”. Cada paisaje, cada silencio de ese día, parecía estar diseñado para prepararme a un encuentro especial.

Al llegar a Frankenmuth, un pequeño pueblo de Michigan, me encontré con un lugar que parecía salido de un cuento. Las luces navideñas, la arquitectura bávara y la nieve cubriendo las calles me hicieron sentir que el tiempo se había detenido. Pero lo que realmente transformó este paseo en una vivencia imborrable fue nuestra llegada a la réplica de la Capilla Memorial de “Silent Night”, un lugar que honra su primera interpretación en Oberndorf, Austria, en 1818.

Bajé del auto y una mezcla de sorpresa y emoción llenó mi corazón. El aire frío, el suave caer de la nieve y el silencio que envolvía el lugar, me ofrecieron una paz indescriptible.

La preciosa capilla, sencilla pero acogedora, parecía irradiar una luz celestial que tocaba lo más profundo de mi ser. Al entrar, fui recibido por un sonido suave pero presente: “Noche de Paz” resonaba en el interior, llenando todo el espacio con su eco de serenidad y esperanza.

Cerré los ojos por un instante y me sentí transportado a la Nochebuena de 1818, cuando Joseph Mohr y Franz Xaver Gruber dieron vida a esta obra inmortal.

Joseph Mohr nació en Salzburgo el 11 de diciembre de 1792, en el seno de una familia pobre. Su madre, Anna Schoiber, era tejedora, y su padre, Joseph Mohr, era soldado. A pesar de sus humildes orígenes, el talento de Mohr fue reconocido temprano, y pudo estudiar filosofía y teología. Ordenado sacerdote en 1815, desempeñó su labor como cura en varias parroquias, incluida Oberndorf, donde trabajó desde 1817 hasta 1819.

Hombre de profunda fe y gran habilidad musical, Mohr era muy versado en música, habiendo cantado y tocado el violín en los coros de la Universidad de Salzburgo y la Iglesia de San Pedro. Era conocido por su bondad, generosidad y buen humor, cualidades que se reflejan en los versos de “Noche de Paz”.

Por su parte, Franz Xaver Gruber nació el 25 de noviembre de 1787 en Hochburg, Alta Austria, en una familia de tejedores. En contra de los deseos de su padre, que quería que él continuara con el oficio familiar, Gruber persiguió su pasión por la música, tomando clases a escondidas. Más tarde, se convirtió en maestro en Arnsdorf.

Amaba la música y su talento lo llevó a ser organista y maestro de coro en la iglesia de San Nicolás en Oberndorf desde 1816 hasta 1829. Aunque luchó por obtener un puesto fijo como maestro en el pueblo, se mantuvo dedicado a su trabajo como músico y compositor. En 1833, aceptó el puesto de maestro de coro y organista en Hallein, donde continuó su labor hasta su muerte en 1863. A pesar de las dificultades personales, Gruber seguía siendo un hombre alegre y sociable, muy querido en su comunidad por su creatividad y dedicación a la música.

La misión itinerante impulsada por el artista argentino Cristian Daniel Camargo, llega a Costa Rica, con el propósito de convertir los muros en espacios de encuentro, diálogo y transformación social.

Cristian es un conocido dibujante y muralista argentino nacido en 1992 que ha dedicado su arte a promover la paz y la esperanza en comunidades vulnerables alrededor del mundo. Su trabajo se caracteriza por murales coloridos y expresivos que buscan transmitir mensajes de paz, justicia y la sinodalidad.

El artista visita nuestro país del 7 de noviembre al 6 de diciembre, tiempo durante el cual comparte en diócesis y parroquias, así como con grupos de jóvenes y misioneros digitales (ver módulo).

La misión se desarrollará en las diócesis de Limón y Alajuela y en algunas parroquias de la Arquidiócesis de San José, también ha sido programada una actividad a nivel nacional, la visita al Seminario Nacional y la participación en diversos medios de comunicación.

Su visita, auspiciada por la Asociación María Madre de los Pobres, de la Parroquia Nuestra Señora de Lourdes en Granadilla Norte de Curridabat, parte de una convicción: el arte colectivo puede sembrar esperanza allí donde muchas veces prevalece la fragmentación, el dolor o la indiferencia. A través de murales creados junto con comunidades, jóvenes, escuelas y organizaciones sociales, se pretende generar un proceso participativo que deje huellas visibles de unidad y esperanza.

Cada mural, explica un comunicado enviado a los medios, “más que una obra pictórica, será un testimonio de la esperanza compartida, un espacio que invite a soñar con un futuro distinto, a fortalecer los lazos comunitarios y a promover la cultura de la paz, propiciando una experiencia artística que movilice y dé voz a quienes anhelan un mundo más justo y humano”.

Tras la publicación de la Nota Doctrinal “Madre del Pueblo Fiel”, por parte de la Congregación para la Doctrina de la Fe, de la Santa Sede, conversamos con el Pbro. Mario Eduardo Zúñiga Solano, licenciado en teología con especialización en mariología por la Pontificia Facoltà Teologica “Marianum” de Roma. El siguiente es un extracto del diálogo.

Padre, ha sido publicada la Nota Doctrinal Mater Populi fidelis, sobre algunos títulos marianos referidos a la cooperación de María en la obra de la salvación. ¿Cómo recibe esta nota y cuál cree que es su motivación de fondo?

El Dicasterio para la Doctrina de la Fe, con la aprobación del Santo Padre León XIV, ha publicado esta nota doctrinal que ha parecido muy oportuna para aclarar consultas y propuestas que en las últimas décadas ha sido referidas a la Santa Sede sobre cuestiones relacionadas con la devoción mariana y algunos títulos marianos. Es importante señalar, tal como el cardenal prefecto lo informa en la presentación de la Nota, tanto los Pontífices y el mismo Dicasterio, por medio de congresos y asambleas ordinarias han tratado acerca de este tema y por eso la riqueza de la reflexión al respecto se ha podido exponer en este documento.

Me parece que la publicación es una oportunidad muy valiosa para profundizar en lo que ya el Vaticano II, por medio del capítulo VIII de la Lumen gentium nos refiere sobre la Santísima Virgen María. Estamos hablando que desde hace 61 años tenemos el valioso tesoro de este capítulo y que esta Nota, enriquecida con la Sagrada Escritura, los Padres de la Iglesia y el Magisterio, profundizan y aclaran sobre el lugar y la misión de la Madre de Dios en la Historia de Salvación, en el misterio de Cristo y de la Iglesia.

El cardenal Fernández explica que la motivación de esta nota es clarificar en qué sentido son aceptables o no, algunos títulos y expresiones que se refieren a María, y se propone profundizar en los adecuados fundamentos de la devoción mariana para precisar el lugar de María en relación con los creyentes, a la luz del Misterio de Cristo como único Mediador y Redentor. Y vemos como el cardenal da las pistas por donde se desarrolla este documento, será sobre todo en el tema de la única mediación de Cristo como el único Redentor. Me parece muy importante la presentación que el Prefecto hace antes de la lectura de los 80 numerales del documento, que a mi modo de ver hay que leer completo para no dejarnos llevar por opiniones parcializadas de algunos sectores, de ahí la importancia de leer completa la nota y fijarse muy bien en las 197 referencias que tiene el documento, que me parece está muy bien argumentado.

La Nota es clara en que es inapropiado llamar a la Virgen María con el término “corredentora”, ¿por qué no debemos usar ese término?

Da la impresión que las primeras reacciones frente al documento es considerarlo como prohibitivo sobre el uso de algunos títulos marianos, y la realidad es totalmente diferente, porque contiene una riqueza doctrinal recordando lo que la Iglesia a lo largo de su historia ha reflexionado sobre la figura determinante de la Madre de Dios. Además, hay que aclarar que la Nota no solo se refiere al título “corredentora”, sino que profundiza en otros para su correcta interpretación y recuerda los que el Vaticano II quiso subrayar en el capítulo mariano en el documento sobre la Iglesia Lumen gentium.

Ahora bien, el término “corredentora” ha estado en desuso en el magisterio de la Iglesia por mucho tiempo. Los numerales 17 al 22 son los que se refieren a este título. El Vaticano II nunca lo utilizó, y san Juan Pablo II en siete ocasiones lo retomó en el sentido de la unión de María al dolor ofrecido por su Hijo en la cruz. Sin embargo, el recordado cardenal Ratzinger en 1996 y en el año 2002, siendo prefecto de la Congregación para Doctrina de la Fe, expresó que esta fórmula se aleja demasiado del lenguaje de las Escrituras y la patrística y provoca malentendidos. Más recientemente, el Papa Francisco había afirmado con vehemencia que Cristo es el único redentor y no hay corredentores, y que María es verdadera discípula de su Hijo.

El documento dice algo muy cierto al respecto, en el numeral 22: “Cuando una expresión requiere muchas y constantes explicaciones, para evitar que se desvíe de un significado correcto, no presta un servicio a la fe del Pueblo de Dios, y se vuelve inconveniente”. María colabora de una forma íntima con su Hijo en la obra de la salvación, siendo Él el único salvador y redentor. Además, debemos recordar que María fue redimida de una forma anticipada en su Inmaculada Concepción, cae por su propio peso entonces comprender que María no redime con su Hijo, solo Cristo es el redentor.

¿Sobre cuáles otros títulos marianos previene la Nota y qué dice sobre ellos?

Pensaría que no tanto es para prevenir sino para aclarar algunos términos. A partir del numeral 23 trata acerca de María como “Mediadora”, muy utilizado desde el siglo VI. Se recuerda lo que san Pablo en la primera carta a Timoteo 2,5-6 dice: “Porque hay un solo Dios, y también un solo mediador entre Dios y los hombres, Cristo Jesús”. Esto es muy claro, sin embargo, en la reflexión teológica no se puede ignorar que en el uso común de la palabra “mediación” se entiende también como cooperación, ayuda o intercesión. Ya la Lumen gentium en el numeral 62 se había referido a este término cuando afirmó que es una participación subordinada en esa única mediación, y que también nosotros participamos de ella como miembros de la Iglesia. Entonces la mediación única de Jesucristo es “inclusiva”, donde Cristo posibilita las diversas formas de participación en el cumplimiento de su proyecto salvífico, como dice el numeral 28 de la Nota “porque en la comunión con Él, todos, de alguna manera podemos ser cooperadores de Dios, ‘mediadores’ unos para los otros”.

Más adelante en el numeral 34 habla de María como “Madre de los creyentes”, pero sobre todo para recalcar que la mediación de María se realiza de una forma maternal. El Papa Francisco decía que María es Madre y que fue el título que recibió de Jesús en el momento de la cruz. Y es a partir de allí que se desarrolla su maternidad espiritual. Una maternidad que ni disminuye o hace sombra a la única mediación de su Hijo. Y además afirma que la función materna de María es con la Iglesia, en la Iglesia y para la Iglesia, es decir, su ejercicio maternal se encuentra en la comunión eclesial y no fuera de ella.

En esa misma línea profundiza en el tema de la “intercesión”, donde María está unida a Cristo de un modo único por su maternidad y por ser la llena de gracia.

Y además el tema de María como “Madre de la gracia”. Pero es sobre todo la dificultad que presenta la expresión “María mediadora de todas las gracias”. El Vaticano II prefirió utilizar el término “Madre en el orden de la gracia” ( cf. Lumen gentium 61). El documento recuerda que la salvación es obra sólo de la gracia salvadora de Cristo, y que la función maternal de María es disponernos para la acción de Dios, como en Caná: “Haced lo que Él os diga” (Jn 2,5) y esa es la pedagogía materna de María. Porque de Dios procede esta fuente de gracia.

Y no se puede ver a María como una dispensadora de las gracias, porque solo Dios puede otorgarla y lo hace por medio de la Cristo. María cumple con una misión maternal de intercesión.

La devoción mariana, se afirma con razón, es un tesoro de la Iglesia, ¿por qué es importante que dicha devoción no se desvíe de la enseñanza de la Iglesia?

En el numeral 79 se aclara que la cercanía de la Madre produce una piedad mariana popular que tiene diferentes expresiones, pero que reflejan siempre la ternura paterna de Dios, como lo recordaba el Papa Francisco en 2024. La Iglesia como Madre y Maestra, asistida por el Espíritu Santo va guiando a sus hijos al encuentro del Señor, y María como el miembro “supereminente” y singular de la Iglesia (cf Lumen gentium 53) nos conduce siempre a Él. Aquí es importante leer la referencia 17 del documento para poder comprender este punto.

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