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Lunes, 12 Octubre 2026
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Educar para la vida en la era de la IA

By Willy Chaves Cortés, OFS Orientador Familiar y Educativo, UJPll / UCAT / Doctor en Humanidades, UPF Octubre 12, 2026

Vivimos un tiempo de bisagra. No es una época de cambios, es un cambio de época. En el centro de ese terremoto silencioso está la universidad. Esa institución milenaria que nació en Bolonia hace casi mil años hoy enfrenta la pregunta más urgente de su historia. Para qué y para quiénes debe existir en tiempos de inteligencia artificial.

Como orientador familiar y educativo que trabaja con niñas y niños, adolescentes, jóvenes, madres y padres, docentes, escucho la misma angustia. Qué estudio. Servirá lo que estudie. Me va a quitar el trabajo una máquina. La pregunta es legítima y humana. La respuesta no puede ser la de hace veinte años.

Durante mucho tiempo nuestra universidad fue una torre de marfil en San Pedro, en Heredia, en Cartago. Hoy debe ser una plaza en todo el país. Abierta, accesible, conectada, humana. Digitalizar no es poner una cámara en el aula y subir un PDF.

Eso sería caer en lo que, siguiendo a Paulo Freire en Pedagogía del Oprimido de 1968, podemos interpretar hoy como una nueva educación bancaria con tecnología. Freire denunció esa educación donde el docente deposita información y la estudiante y el estudiante solo reciben. Ese modelo sigue vivo si solo cambiamos la pizarra por una pantalla.

Digitalizar de verdad es enseñar a navegar en incertidumbres, como planteaba Edgar Morin. La UNESCO ha sido clara. En su informe de 2023 presentado por Stefania Giannini titulado La IA generativa y el futuro de la educación, advierte que la tecnología debe ampliar el derecho a la educación, no mercantilizarlo.

En 2024, Fengchun Miao y Wayne Holmes publicaron la Guía para el uso de IA generativa en educación e investigación, con tres principios para Costa Rica. Poner al ser humano en el centro. Proteger la autonomía intelectual. Garantizar la inclusión de todas las personas. Ese año, Miao y Mutlu Cukurova presentaron el Marco de Competencias en IA para docentes. La profesora y el profesor ya no transmiten datos. Enseñan a pensar críticamente frente a los datos. Son mediadoras y mediadores, guías, faros éticos.

La universidad del futuro debe ser híbrida, flexible y ubicua. Presencial cuando necesite del abrazo, del debate, del trabajo entre compañeras y compañeros. Virtual cuando necesite llegar lejos, a la montaña, a la madre que trabaja de noche, al padre que cuida de día, a la joven madre adolescente, al joven que trabaja en la feria.

No se trata de elegir entre presencial y virtual. Se trata de integrar para no dejar a nadie atrás. La tecnología no educa. Quien educa es el vínculo. La universidad más moderna no será la que tenga más pantallas, sino la que use las pantallas para provocar más encuentros humanos.

El Noveno Informe del Estado de la Educación de 2023 fue claro y sigue vigente en 2026. En PISA 2022 nuestras y nuestros jóvenes quedaron bajo el promedio OCDE en lectura, matemática y ciencias.

No por falta de inteligencia. Nuestras muchachas y muchachos son brillantes y resilientes. Es porque seguimos enseñando a memorizar respuestas, mientras la IA resuelve lo memorizable en segundos. Casi la mitad no completa secundaria con habilidades básicas. Cómo competir con IA sin lo humano básico.

Costa Rica, país pequeño que abolió el ejército para apostar por la educación, hoy enfrenta otra decisión histórica. Qué universidad queremos para próximas generaciones. Qué necesitan nuestras hijas y hijos. Universidades solo para empleo o para vida, trabajo digno, ciudadanía y cuido.

Todos me preguntan cuando les oriento. Willy, qué carrera debería estudiar mi hija, mi hijo. Respondo como costarricense. No hay carreras del futuro en catálogo importado. Hay saberes del futuro que Costa Rica necesita y que deben atravesar todas las carreras, para mujeres y hombres por igual.

Necesitamos carreras para cuidar la vida, porque Costa Rica envejece y nuestra salud mental está herida. En 2030 uno de cada cinco ticos y ticas será adulto mayor. Quién los cuidará con amor y ciencia.

Necesitamos técnicas y técnicos, profesionales, mujeres y hombres en salud mental, psicología, gerontología, enfermería avanzada, educación especial, orientación familiar, terapia ocupacional, cuido paliativo. Hoy lo digo con fuerza. Cuidar será la profesión más revolucionaria, la que ninguna máquina hará. Campo donde nuestras mujeres sostuvieron el país sin reconocimiento. Ahora debe ser profesión digna y bien pagada para ellas y ellos.

Necesitamos carreras para cuidar la casa común. Nos vendimos como país verde, pero tenemos ríos contaminados, desperdicio de alimentos y crisis de agua en Guanacaste que afecta a agricultoras y agricultores. Necesitamos ingenieras e ingenieros en energías renovables, gestoras y gestores del agua, especialistas en agricultura regenerativa, bioeconomía, manejo de residuos, turismo sostenible real. Ahí está el empleo para jóvenes que aman la tierra.

Necesitamos carreras para economía del conocimiento con sello tico y equidad. No maquila de código ajeno, sino soluciones propias. Ciberseguridad tras hackeo de 2022. Ciencia de datos con ética. Inteligencia artificial centrada en ser humano. Biotecnología para biodiversidad. Como propone Sal Khan, la IA debe ser tutor que potencie a la docente y al docente, no sustituto. Necesitamos más niñas programando, más mujeres en ciencia, más jóvenes de colegios técnicos creando. 

Y necesitamos carreras híbridas que aún no existen en CONARE y debemos crear. Abogada y abogado en ética de algoritmos y derechos digitales. Docente curadora y curador de contenidos de IA para escuelas unidocentes. Agricultora y agricultor que usen drones y saberes ancestrales de abuelas y abuelos. Enfermera y enfermero que usen IA para diagnosticar a distancia en Talamanca. Carreras con sentido y arraigo.

Aquí está el corazón. La IA no te quitará el trabajo. Te lo quitará alguien que use la IA mejor que tú. Según Future of Jobs 2025, 42 por ciento de habilidades laborales cambiará en tres años. UNESCO 2024 confirma que 60 por ciento de empleos ya están transformados por IA. No es futuro, es presente.

Para ser empleable en 2030, una joven y un joven necesitan cinco alfabetizaciones que ninguna malla enseña completa.

Primero, alfabetización emocional y ética. La IA no tiene conciencia, culpa, abrazo ni escucha. Costa Rica está ansiosa y deprimida. Debemos enseñar a hijas e hijos a gestionar frustración, trabajar en equipo entre mujeres y hombres, poner límites sanos, decir no sin culpa, pedir ayuda sin vergüenza. Como escribí hoy. También es autocuidado no dar más de lo que puedes dar. Descansar es amor propio. Resiliencia, empatía y ética serán currículum más buscado.

Segundo, pensamiento crítico y complejo. No creer todo lo que dice pantalla, TikTok o audio de WhatsApp. Verificar, contrastar, dudar, preguntar. En un país víctima de noticias falsas y estafas que afectan a adultas mayores y adultos mayores, pensamiento crítico es defensa de democracia y familia.

Tercero, alfabetización digital y de datos con perspectiva humana. No es usar Word. Es entender cómo funciona el algoritmo, qué sesgos tiene contra mujeres, personas afrodescendientes, personas con discapacidad. Proteger datos, dialogar con IA para que sea asistente y no sustituta. Pedirle que ayude a estudiar, no que haga tarea.

Cuarto, aprender a aprender y a desaprender. Título no es para toda la vida. Técnica y técnico del INA o bachiller universitario tendrán cinco o seis oficios en vida. La Universidad no puede dar todo el conocimiento. Debe dar brújula, curiosidad y humildad para nunca dejar de aprender. Como decía Toffler, analfabetos del siglo XXI no serán quienes no sepan leer y escribir, sino quienes no sepan aprender, desaprender y reaprender.

Quinto, creatividad y emprendimiento con propósito. La IA genera ideas, pero no tiene propósito ni valores. El Ser humano sí. Costa Rica no necesita jóvenes esperando empleo. Necesita jóvenes, mujeres y hombres, que creen trabajo digno para ellas, ellos y otros. Como digo a mis estudiantes. No esperes oportunidades, créalas.

Cómo deben ser nuestras universidades hoy. Más pequeñas en ego y más grandes en corazón. Menos aulas con filas y más laboratorios de vida que resuelvan agua, basura, soledad de adultas mayores y adultos mayores. Menos exámenes de memoria y más proyectos comunitarios donde estudiantes se ensucien zapatos en territorio.

Necesitamos universidad que enseñe que éxito no es mejor promedio, sino salud mental para sostener vida. Que trabajo no es solo salario, es servicio. Que tecnología es maravillosa, pero fin siempre debe ser humano y tico, con rostro de mujer y hombre, niña y niño.

La mejor universidad no será la que tenga biblioteca más grande, sino la que forme personas que sepan qué hacer cuando no hay biblioteca, no hay internet, solo hay ser humano frente a otro que necesita ayuda.

Esa es universidad que sueño. Valiente, humana, digital, inclusiva y profundamente costarricense. Que abrace a las y los diversos, a quienes aprenden diferente, a quienes vienen de lejos.

Porque como decía don Pepe Figueres, para qué tractores sin violines. Hoy digo, para qué inteligencia artificial sin inteligencia emocional, sin ética y sin corazón tico que incluya a todas y todos.

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