El reto es enorme, pero no es imposible. Requiere diálogo. Requiere que el Ministerio de Educación Pública, las universidades, los gobiernos locales y la sociedad civil organizada construyamos juntos y juntas un pacto educativo de largo plazo.
Como orientador veo todos los días el impacto de la deserción. No es que los y las jóvenes no quieran estudiar. Es que la escuela a veces no les habla de lo que les duele. No les enseña a manejar el estrés. No les muestra para qué sirve lo que aprenden.
Que le vaya bien a este gobierno en educación es que más jóvenes digan: “yo me quedo en Costa Rica porque aquí puedo cumplir mis sueños”. Es que un padre y una madre puedan decir: “mi hija y mi hijo van a una escuela segura”.
Isaac Felipe Azofeifa escribió: "La niñez es la patria que llevamos dentro". Si cuidamos la niñez, cuidamos la patria. Si descuidamos la niñez, hipotecamos el futuro. El arte y la cultura también son política de prevención. Un país con orquestas en las escuelas, con teatros en los barrios, con murales en las comunidades, es un país con menos violencia.
Carmen Naranjo lo expresó con fuerza: "La cultura es la memoria de un pueblo". Sin memoria no sabemos quiénes somos. Sin cultura no sabemos a dónde vamos.
El arte llena vacíos. Da identidad. Enseña disciplina y trabajo en equipo. Le dice a un adolescente y a una adolescente: “tú vales, tu historia importa, tu voz se puede escuchar”. El reto para los próximos años es llevar la cultura a cada distrito. Tratar las casas de la cultura como centros de salud preventiva. Cuidar a nuestros artistas y a nuestras artistas, a nuestros gestores y gestoras culturales porque ellos y ellas cuidan el alma del país.
Lalo Gámez, con su humor y su crítica, nos enseñó a reírnos de nosotros mismos y de nosotras mismas. Y reírse juntos y juntas es también hacer comunidad. La cultura popular, el teatro, la música, el cuento, son herramientas poderosas contra el aislamiento.
La niñez y la juventud deben estar al centro de todas las decisiones. Ellos y ellas heredarán estos 205 años y construirán los próximos. Enfrentan retos nuevos: redes sociales, ansiedad, presión, ciberbullying. Y retos viejos: pobreza, desigualdad, falta de oportunidades.
No podemos responderles con indiferencia. Tenemos que responderles con presencia. Con becas. Con centros de atención integral. Con programas de mentoría. Con espacios seguros para jugar, crear y aprender.
Como padre sé lo que es llegar cansado del trabajo y aun así preguntar: "¿cómo te fue hoy?". Como orientador sé lo que es ver a una madre y a un padre llorar porque no saben cómo ayudar a su hijo o a su hija que consume.
La prevención de la violencia y del consumo de sustancias se hace todos los días. Se hace en una conversación en la casa. En un profesor o profesora que no se rinde. En un vecino o vecina que organiza un equipo de fútbol. En un comedor escolar que alimenta el cuerpo y el alma.
Omar Dengo decía: "No hay educación sin amor". Y es verdad. Los programas más exitosos que he visto no son los más caros. Son los más humanos. Los que tratan a los y las jóvenes como personas, no como estadísticas.
Por eso el diálogo es clave. Costa Rica ha sido grande cuando ha dialogado. Cuando ha puesto el bien común por encima de las diferencias. Cuando ha tenido la valentía de hacer pactos nacionales. Hoy necesitamos esa misma capacidad. Que los partidos políticos, la academia, el sector productivo, las comunidades y la sociedad civil organizada nos sentemos a la misma mesa. Hombres y mujeres. Jóvenes y adultos. Rurales y urbanos.
No para pensar igual. Para acordar lo esencial. Que la salud no se negocia. Que la educación es prioridad. Que la cultura salva vidas. Que prevenir siempre será mejor que lamentar. A la señora presidenta Laura Fernández Delegado la acompañamos con la convicción de que Costa Rica necesita que le vaya bien. Con sabiduría para escuchar, fuerza para decidir y aliados y aliadas para construir.
Necesitamos un gobierno que entienda que la seguridad no es solo policía. Es una escuela abierta en la tarde. Es una biblioteca llena. Es un parque iluminado. Es una familia que recibe acompañamiento. María Eugenia Dengo insistía en que "educar es liberar". Liberar del miedo. Liberar de la ignorancia. Liberar de las cadenas de la pobreza. Esa debe ser la brújula.
Los próximos 205 años empiezan hoy. Empiezan con cada decisión que tomemos.
Empiezan cuando elegimos invertir en un centro de salud mental en lugar de construir más muros. Cuando elegimos formar a una docente en lugar de ignorar una escuela. Cuando elegimos apoyar un taller de arte en lugar de mirar para otro lado.
Empiezan cuando un padre y una madre deciden apagar el televisor y conversar. Cuando buscan ayuda profesional sin vergüenza. Cuando un vecino o una vecina decide organizar una actividad para los chiquillos y las chiquillas del barrio. José Figueres nos dejó otra lección: "Un pueblo educado es un pueblo libre". La libertad no es solo no tener ejército. Es tener opciones. Es poder elegir un proyecto de vida.
Como orientador familiar y educativo veo familias rotas por la falta de comunicación. Y veo familias que se reconstruyen cuando aprenden a hablar. Cuando aprenden a poner límites con amor. Cuando aprenden que pedir ayuda no es debilidad.
Ese es el trabajo que tenemos que fortalecer. Programas de escuelas para padres y madres. Orientación en los colegios y escuelas. Acompañamiento a las familias en riesgo. Prevención desde la primera infancia.
Isaac Felipe Azofeifa nos enseñó a creer en la palabra. "La palabra es el arma de los que no tienen armas y de las que no tienen armas". Dialoguemos. Usemos la palabra para construir, no para destruir. Carmen Naranjo nos retó a pensar el país con valentía. A no conformarnos. A exigir más, pero también a dar más. Cada uno y cada una desde su trinchera.
Lalo Gámez nos recordó que el costarricense y la costarricense tienen ingenio. Que con poco podemos hacer mucho. Que la creatividad es también una forma de resistencia. ¿Qué queremos para los próximos 205 años? Queremos una Costa Rica donde ningún niño y ninguna niña se acueste con hambre. Donde ningún joven y ninguna joven sienta que la única salida es irse del país o perderse en una sustancia.
Queremos una Costa Rica donde ir a terapia sea normal. Donde las escuelas enseñen inteligencia emocional. Donde los barrios tengan espacios culturales. Donde envejecer con dignidad sea posible para hombres y mujeres. Eso no lo hace un gobierno solo. Lo hacemos todos y todas. En la casa. En el aula. En la comunidad. En el trabajo.
La verdadera independencia es la libertad. La libertad de cada costarricense de vivir sin miedo, de estudiar, de trabajar, de soñar y de ser feliz. Esa es la Costa Rica que celebramos hoy. Esa es la Costa Rica que queremos mañana.
Una Costa Rica sana. Una Costa Rica educada. Una Costa Rica creativa. Una Costa Rica en paz. Termino con las palabras de Omar Dengo que deberían estar en la entrada de cada escuela: "El maestro y la maestra que no aman, no enseñan. El que no enseña con el ejemplo, no educa".
Como padre, como orientador, como ciudadano, ese es mi compromiso. Amar, enseñar con el ejemplo y trabajar por el país que soñamos. Por eso, con el corazón lleno de esperanza: ¡Que viva Costa Rica! ¡Y que le vaya bien!

















