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Miércoles, 02 Septiembre 2026
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¿Quién dio la orden en el Hospital México de quitar la imagen del Sagrado Corazón de Jesús?

By Willy Chaves Cortés, OFS Orientador Familiar y Educativo, UJPll / UCAT / Doctor en Humanidades, UPF Septiembre 02, 2026
¿Quién dio la orden en el Hospital México de quitar la imagen del Sagrado Corazón de Jesús? Imagen ilustrativa

Como católico y como costarricense me duele ver cómo se borra, de un plumazo administrativo, una parte de lo que somos.

Hace unos días me enteré de que en el Hospital México se giró la orden de retirar la imagen del Sagrado Corazón de Jesús. No hubo consulta. Le pregunte al joven y hable capellán que llena de motivación a cuantos le saludan a su paso, me dijo que no sabe quién fue. Qué él no fue consultado ni tomado en cuenta.

No hubo diálogo. Solo una instrucción que bajó y que dejó una pared vacía donde por años estuvo un símbolo que para miles de pacientes, familiares y funcionarios era consuelo.

Y quiero ser claro desde el inicio: lo correcto es volver a colocar la imagen del Sagrado Corazón de Jesús donde siempre estuvo. No en otro sitio.

Donde estuvo por décadas. Donde la gente la buscaba al entrar. Donde los enfermos la veían desde una camilla. Moverla a "otro lugar menos visible" sería seguir violentando el derecho, solo que de forma más disimulada.

El asombro es doble. Primero, porque no se trata de una imagen cualquiera. Segundo, porque esa decisión choca de frente con la Constitución Política, con nuestra historia y con la propia jurisprudencia de la Sala Constitucional.

Costa Rica no es un Estado laico. Eso es importante decirlo con claridad. Nuestra Constitución es clara desde 1949. El artículo 75 establece: "La Religión Católica, Apostólica, Romana, es la del Estado, el cual contribuye a su mantenimiento, sin impedir el libre ejercicio en la República de otros cultos que no se opongan a la moral universal ni a las buenas costumbres".

Esa norma no nos convierte en un Estado confesional cerrado. Nos define como una nación con una identidad religiosa mayoritaria, que el Estado reconoce y protege, pero al mismo tiempo garantiza la libertad de todos.

Es un equilibrio. No es exclusión. Es reconocimiento.

La libertad religiosa está además protegida en el artículo 28: "Nadie puede ser inquietado ni perseguido por la manifestación de sus opiniones ni por acto alguno que no infrinja la ley". Y en el artículo 33: "Toda persona es igual ante la ley y no podrá practicarse discriminación alguna contraria a la dignidad humana".

¿Y qué dice la Sala Constitucional sobre imágenes religiosas en espacios públicos? Ha dicho mucho. Y lo ha dicho bien.

En el voto 1313-93 la Sala explicó que la presencia de símbolos religiosos en instituciones públicas no viola la libertad de culto cuando no hay imposición ni coacción. Dijo: "la simple exhibición de un símbolo religioso no constituye por sí misma un acto de proselitismo".

Más adelante, en el voto 2000-02396, la Sala fue aún más directa al analizar la colocación de un crucifijo en una institución pública. Señaló que "la tradición religiosa del pueblo costarricense forma parte de su acervo cultural" y que retirar esos símbolos "implicaría negar una parte de la identidad nacional".

En el voto 2010-01834 reiteró que el Estado puede colaborar con la Iglesia Católica en razón del artículo 75, y que esa colaboración incluye manifestaciones externas de la fe siempre que se respeten los derechos de los demás. La jurisprudencia es constante. La regla no es borrar. La regla no esconder. La regla es respetar y convivir.

El Hospital México es un hospital público. Es de todos. Atiende a católicos, evangélicos, agnósticos, ateos, musulmanes, judíos. Y precisamente por eso, quitar una imagen del Sagrado Corazón no hace al hospital más neutral. Lo hace más pobre culturalmente.

Porque una cosa es imponer una oración obligatoria antes de una cirugía. Eso sí sería inconstitucional. Otra muy distinta es permitir que en el lugar donde siempre estuvo, en ese pasillo, en esa entrada, esté la imagen de Jesús con el corazón en la mano. Nadie obliga a rezarle. Nadie sanciona al que pasa de largo. Pero para quien sí cree, esa imagen es esperanza.

Cambiarla de sitio sería aceptar la lógica del borrado. Sería decir: "te la devuelvo, pero donde nadie la vea". Eso no es reparación. Eso es discriminación encubierta.

En los hospitales la gente llega con miedo. Llega con un diagnóstico duro. Llega con un familiar en cuidados intensivos. Llega a las tres de la mañana sin saber si volverá a ver a su ser querido. En esos momentos el ser humano busca símbolos. Busca fe. Busca algo que le recuerde que no está solo. El Estado, que se financia con nuestros impuestos, debería entender eso.

Negar esa dimensión espiritual es negar al paciente integral. La salud no es solo cuerpo. La Organización Mundial de la Salud lo dice. Y nuestra propia Caja Costarricense de Seguro Social habla de atención humanizada. ¿Qué hay de más humano que respetar lo que le da fuerza al alma?

Me pregunto quién giró la orden. ¿Con base en qué criterio? ¿Hubo un estudio técnico? ¿Hubo quejas formales de usuarios? ¿Se hizo una valoración jurídica antes? ¿O fue una decisión tomada desde un escritorio, por temor a una supuesta queja que ni siquiera se ha presentado?

Porque si el argumento es "neutralidad", ese argumento ya fue valorado por la Sala. Y la Sala dijo que la neutralidad del Estado no es hostilidad. En el voto 5749-94 indicó que "el Estado laico no es sinónimo de Estado ateo".

En el voto 2008-01742 la Sala protegió incluso manifestaciones religiosas de minorías en espacios públicos, recordando que la libertad de culto implica también la libertad de expresión externa. Si protegemos las manifestaciones de las minorías, con más razón debemos respetar la expresión de la mayoría, siempre que no haya imposición.

Costa Rica ha sido históricamente un país tolerante. Aquí conviven templos católicos frente a iglesias evangélicas, y a dos cuadras una mezquita. Nadie se persigue. Nadie se cancela. Ese es nuestro valor. Esa es nuestra marca.

Por eso sorprende que precisamente en el Hospital México, uno de los centros de salud más grandes del país, se tome una decisión que va en contra de esa tolerancia.

El Sagrado Corazón no es un logo político. No es propaganda. Es un símbolo de amor y de misericordia. Es el corazón de Jesús que, según la tradición católica, late por la humanidad. Para un enfermo eso puede significar mucho. Para un médico agotado después de 24 horas de guardia, también. Para una madre que espera noticias, también.

Y ese símbolo tenía un lugar. Un lugar ganado por el tiempo, por la costumbre, por el respeto de todos. Volver a colocarlo en otro sitio sería desconocer esa costumbre. Sería como si mañana cambiaran de lugar la placa fundacional del hospital y dijeran que "ahí está, no se quejen". No. El lugar importa. La memoria importa.

¿Alguien se sintió ofendido por esa imagen? Si lo hubo, el camino no es arrancar. El camino no es reubicar a escondidas. El camino es conversar. El camino es agregar, no restar. Si hay personas de otras creencias que quieren colocar un símbolo que les represente, bienvenido. El espacio público da para todos.

La Constitución no manda a vaciar las paredes. Manda a no discriminar. Y discriminar es precisamente quitarles a unos lo que a otros no se les quita, o devolverlo en condiciones inferiores.

Me preocupa el precedente. Si hoy se quita el Sagrado Corazón del Hospital México, ¿mañana qué sigue? ¿Se quitan los nacimientos en diciembre de las municipalidades? ¿Se prohíben las procesiones en Semana Santa porque pasan por calles públicas? ¿Se elimina el nombre de "San José" de la capital porque ofende a alguien? ¿Se borra la cruz del escudo nacional?

Esa pendiente resbaladiza ya la vivieron otros países. Y siempre empieza igual: con una decisión "administrativa" que nadie explica bien. Con el argumento de que "alguien podría sentirse incómodo".

Costa Rica firmó tratados internacionales que protegen la libertad religiosa. El Pacto de San José, artículo 12: "Toda persona tiene derecho a la libertad de conciencia y de religión". La Convención Americana obliga al Estado a garantizar el ejercicio externo de esa libertad.

Nuestra Sala Constitucional ha sido garante de eso. En el voto 2003-01234 dijo que "la libertad religiosa es un derecho fundamental que abarca tanto la libertad de creer como la libertad de manifestar esa creencia".

Manifestar. Esa es la palabra clave. Manifestar no es imponer. Es mostrar. Es vivir la fe. Y en un país donde el 47% de la población se declara católica, según la última encuesta del INEC, ignorar esa manifestación es ignorar al pueblo.

No pido privilegios. Pido coherencia. Pido restitución integral. Si el Estado contribuye al mantenimiento de la Iglesia Católica según el artículo 75, lo mínimo es que no persiga sus símbolos. Y si los quitó sin fundamento, lo mínimo es devolverlos íntegros.

Y si alguien alega que el hospital debe ser "técnico" y "científico", le recuerdo que la ciencia y la fe no se pelean. Miles de médicos católicos salvan vidas todos los días. Lo hacen con ciencia y con oración. No hay contradicción. Hay complementariedad. 

Lo que sí hay es una contradicción jurídica. La orden de quitar la imagen viola el principio de legalidad. Viola la costumbre constitucional. Viola sentencias de la Sala que están firmes y que son vinculantes para toda la administración pública.

El principio de buena fe también está en juego. Durante años esa imagen estuvo ahí. Pacientes la vieron. Familias rezaron frente a ella. Funcionarios la cuidaron. Generó paz. De un día para otro desaparecerla es romper esa confianza. Devolverla en otro rincón es romperla otra vez.

Además, hay un tema de proporcionalidad. ¿Cuál es el daño real de mantener una imagen en el lugar de siempre? Ninguno. ¿Cuál es el daño de quitarla? Mucho. Dolor, exclusión, sensación de que el Estado le da la espalda a sus raíces. ¿Cuál es el daño de devolverla en otro sitio? También. Porque se le dice al pueblo: tu fe vale menos.

El derecho administrativo nos enseña que toda decisión debe estar motivada. Debe decir por qué. Debe indicar la norma. Debe ponderar derechos. Si la orden de quitar el Sagrado Corazón no tiene esa motivación, es nula.

Y si la tiene, debe someterse al test de la Sala. Y la Sala ya resolvió casos iguales. Siempre a favor de la permanencia, siempre que no haya coacción. Nunca a favor de esconder.

Por eso le pido a quien tomó la decisión que la rectifique ya. No es debilidad. Es sensatez. Es volver a poner al centro al paciente y a la comunidad.

Rectificar es reconocer que nos equivocamos. Rectificar es entender que un hospital no es solo paredes blancas y máquinas. Es un lugar donde la gente sufre, espera y cree. Que se vuelva a colocar la imagen del Sagrado Corazón de Jesús donde siempre estuvo en el Hospital México. No en una oficina. No en una capilla escondida. No en un pasillo lateral. Donde estuvo. Donde el pueblo la reconoció.

Que se haga con respeto, sin fanatismos, pero también sin miedos.

Que se abra un espacio de diálogo con capellanía, con asociaciones de pacientes, con funcionarios. Que se busque cómo todas las creencias pueden tener un lugar. Que se instale un espacio interreligioso si se quiere. Pero que no se empiece borrando, ni reubicando para invisibilizar.

Porque cuando un Estado empieza a borrar símbolos, empieza a borrar memoria. Y cuando borra memoria, borra identidad.

Costa Rica es católica en su mayoría. Eso no excluye a nadie. Eso nos incluye a todos bajo el mismo principio: respeto. Respeto a la mayoría y respeto a las minorías. Eso es democracia.

La Sala Constitucional lo ha dicho. La Constitución lo dice. El pueblo lo vive. Los hospitales lo necesitan. No hagamos de una pared vacía el símbolo de un país que le tiene miedo a su propia historia.

Devolvamos la imagen. Donde siempre estuvo. Y con ella, devolvamos la confianza de que en Costa Rica todavía se puede creer, se puede curar, y se puede convivir.

Que esta nota sirva para que las autoridades escuchen. Que sirva para que los abogados del Estado revisen los votos citados. Que sirva para que el gerente del Hospital México entienda que está a tiempo de corregir.

El tiempo en salud es vital. En derecho también. Cada día que esa pared siga vacía es un día en que el Estado incumple su deber de garantizar la libertad religiosa. 

No necesitamos pleitos. Necesitamos sentido común. Necesitamos Constitución. Necesitamos humanidad. Por eso insisto: devolver el Sagrado Corazón al Hospital México no es un favor a la Iglesia. Es un deber del Estado con su propia Constitución. Y ese deber empieza hoy, devolviendo la imagen al lugar que nunca debió perder.

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