Sobre el altar cuelga una imagen serena de San José Moscati, recordando a ese médico que unió ciencia y caridad. En la mesa de oración reposan un misal abierto, un cuaderno de preguntas para los médicos y una foto de la familia que sostiene su corazón. En una esquina, un pequeño tabernáculo guarda la presencia de la Eucaristía, y una vela pequeña tiende a recordar que la luz de Dios nunca se apaga.
Willy se sienta, toma aire y deja que la quietud lo bendiga. Sabe que está frente a un itinerario de fe, no solo de medicina, y que cada latido de su cuerpo cansado necesita ser ofrecido en oración.
El Doctor Ernesto Cofiño entra con la serenidad que brota de la experiencia y la fe. Es casi un santo; quien, con paciencia y humildad, acompaña a otros en el umbral de la fragilidad. Se sienta a su lado, como si compartieran un vaso de agua en medio de la sala, y su presencia transmite calma y una escucha que salva.
Willy: Doctor Ernesto Cofiño, gracias por venir. No espero milagros luminosos, pero deseo hallar una forma de atravesar este presente con dignidad. Mi diabetes y el tumor cerebral me acompañan cada día, y a veces la sombra del miedo parece querer apagar la esperanza. ¿Qué camino de fe nos ofrece Dios para este momento?
El Doctor Ernesto Cofiño: Willy, la piedad nos enseña a acercarnos a Dios con un corazón compasivo, a amar al Señor con todo nuestro ser y a amar al prójimo como a nosotros mismos.
Dios no promete la ausencia del dolor, pero sí la cercanía constante de Su gracia. En la capilla encontramos la certeza de que Dios camina con nosotros en cada prueba. La misericordia de Dios se manifiesta en la presencia de quienes nos rodean: médicos, enfermeras, familiares y amigos que sostienen nuestra fe cuando parece más débil.
La intercesión de la Iglesia y de los santos nos recuerda que nadie está solo: San Benito, protector de los que trabajan en hospitales; San Camilo de Lelis, patrono de los enfermos; San José, custodio de la salud. Y en esta casa de oración, la intercesión de San José Moscati, que unió ciencia y caridad de manera ejemplar, se vuelve un faro de esperanza para ti.
Willy: Es reconfortante pensar que la sanación abarca más que el cuerpo. ¿Cómo podemos entender la sanación como obra de Dios, especialmente cuando el dolor persiste?
El Doctor Ernesto Cofiño: La sanación que Dios ofrece es integral. No se limita a la curación física; es reconciliación con Dios, claridad en la mente y paz en el corazón, restauración de las relaciones y fortalecimiento de la esperanza.
Dios es médico antes que cualquier médico humano; conoce cada latido, cada miedo, cada lágrima.
Cuando nos acercamos a Él con fe y humildad, pedimos no solo alivio del mal, sino la gracia para vivir en Su voluntad con confianza.
En el libro de Hebreos 11:1 leemos: “La fe es la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve.” Que esa fe sea tu ancla: creer que Dios escucha, que Su misericordia llega a ti a través de la oración, la comunidad y la medicina.
Willy: ¿Cómo encaja la idea de encomendarse a la intercesión de los santos en este camino?
El Doctor Ernesto Cofiño: Encomendarse a la intercesión de los santos es dar testimonio de la comunión de la Iglesia. San José Moscati fue un médico que entregó su vida a los pobres; San José Gregorio Hernández fue un médico venezolano que llevó la esperanza con fe; y el Beato José Ambrosi vivió la caridad en el servicio hospitalario.
Pide su aproximación ante Dios, no como sustitutos de tu confianza en Él, sino como auxilios que fortalecen la oración.
Ellos orarán contigo, junto a ti, para que la gracia de Dios se manifieste en tu vida: que encuentres claridad en las decisiones, serenidad en la aflicción y la fortaleza para amar sin reservas. Es un camino de piedad: reconocer la santidad de Dios en la vida de quienes nos rodean y dejar que su ejemplo empuje nuestra fe hacia la acción misericordiosa.
Willy: Entonces, aceptar ese apoyo de los santos es una forma de vivir la misericordia de Dios en el día a día.
El Doctor Ernesto Cofiño: Exacto. Y ahora, si quieres, podemos contemplar la Eucaristía como presencia de Cristo en medio de la enfermedad. ¿Qué significa para ti llevar la Eucaristía a los enfermos y a ti mismo?
Willy: Llevar la Eucaristía significa llevar la paz de Cristo a los corazones que esperan consuelo. Significa que el Pan de vida se hace realidad en el encuentro, en la comunión, en la mirada de cada enfermo y de cada cuidador.
Cuando se reparte la Comunión, no es sólo un rito; es la presencia de Cristo que nos sostiene. En mi vocación de ministro extraordinario de la comunión, ese don es un regalo de Dios, una gracia que me invita a estar presente para otros, incluso cuando mi propio cuerpo sufre. En la tradición franciscana seglar, lo que importa es el amor sencillo, la humildad y el servicio desinteresado.
El Doctor Ernesto Cofiño: Así es. Llevar la Eucaristía a los enfermos no es solo repartir pan; es comunicar la paz de Cristo, la reconciliación y la esperanza que no se apaga.
Es una presencia que alimenta la fe, que fortalece la esperanza y que recuerda que en Dios nada se pierde. Como ministro extraordinario de la comunión, tu tarea es acercarte con delicadeza, sin imponer, con una escucha atenta y con palabras que edifiquen. Y recuerda: confiar en Dios no elimina el dolor, pero transforma la manera en que lo vivimos.
Willy: ¿Qué prácticas concretas propones para vivir esta vocación mientras sigo lidiando con la enfermedad?
El Doctor Ernesto Cofiño: En primer lugar, cultivar la piedad diaria: oraciones cortas, recogimiento, y gratitud por cada cosa buena que recibes. En segundo lugar, comunicarse con honestidad con tu equipo de salud: preguntas claras, registros de síntomas y una colaboración para ajustar el plan a tu realidad. En tercer lugar, mantener la misericordia en acción: escuchar a otros, acompañar a quienes esperan, ofrecer un gesto de consuelo, sin olvidar cuidar de tu propio cuerpo para que puedas seguir sirviendo. Y, por supuesto, encomendarte a la intercesión de los santos como apoyo constante en tu jornada.
Willy: Me parece que este camino está lleno de luz, cuando lo vivimos con fe.
El Doctor Ernesto Cofiño: Sí. Y quiero que sepas que, a medida que avanzas, la capilla seguirá siendo un lugar de encuentro con Dios, un santuario en medio del hospital donde la oración y la presencia de Cristo sostienen cada paso. Escena final: la acción con fe, esperanza y amor.
El Doctor Ernesto Cofiño: En la práctica, la presencia verdadera se revela en la escucha paciente, en la humildad de preguntar, en el cuidado sin coerción y en la capacidad de sostener a otros cuando tú mismo necesitas sostén.
Significa también cuidar de tu cuerpo para continuar sirviendo con alegría y responsabilidad. La disciplina médica y la vida espiritual deben caminar juntas, cada una alimentando a la otra.
Willy: ¿Qué hábitos propones para las próximas semanas?
El Doctor Ernesto Cofiño: Primero, una revisión diaria de tu estado: cómo te sientes, qué necesitas, qué puedes hacer para aliviar molestias sin dañar tu cuerpo. Segundo, una comunicación abierta con tu equipo de salud: preguntas claras, registros de síntomas y una colaboración para adaptar el plan a tu realidad cambiante.
Tercero, un compromiso de oración o reflexión que te permita mantener la calma y la gratitud, sin negar la realidad de tu dolor. Y, por supuesto, seguir siendo un puente entre la enfermedad y la esperanza para los demás, con la misericordia de Dios guiando cada acción.
Willy: Hoy prometo dos gestos: buscar la información y el apoyo que necesito para mi tratamiento y, al mismo tiempo, dedicar tiempo a escuchar a alguien que esté esperando una palabra de aliento. Si puedo, acompañaré a otros en su proceso, como apoyo y presencia, recordando que cada acto de servicio en la enfermedad tiene un valor inmenso.
El Doctor Ernesto Cofiño: Así se teje la sanación: en la medicina y en la comunidad que acompaña, en la esperanza que se enciende en el corazón de cada enfermo y de cada cuidador. Recuerda: no estás solo. La capilla, la familia, los médicos y los amigos caminan contigo, paso a paso.
Willy: Gracias. Hoy saldré de aquí con una promesa: cuidar de mi salud con disciplina; mantener la fe que me sostiene; y servir a los demás con la misericordia que me inspira. Si la vida me da un día más, que ese día sea para vivir con dignidad y para darle esperanza a los que me rodean.
El Doctor Ernesto Cofiño: Amén. Que cada latido te recuerde que tienes valor. Que cada visita de enfermos te devuelva la fe en la humanidad. Y que la ciencia y la fe, juntas, te mantengan firme en tu propósito de amar y servir. A la perspectiva del Reino de Dios se une la esperanza en esa gloria que tiene su comienzo en la Cruz de Cristo. La resurrección reveló esta gloria: gloria escatológica. … Aquellos que comparten los sufrimientos de Cristo también están llamados, a través de sus propios sufrimientos, a compartir la gloria”.











