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¿Por qué nos cuesta tanto hablar de lo que sentimos?

By Willy Chaves Cortés, OFS Orientador Familiar, UJPll / Máster en Comunicación Política, UCR Marzo 25, 2024

Expresar sentimientos es un ejercicio saludable y necesario. En primer lugar, para desahogarnos y a continuación para permitir a los otros conocer nuestro mundo interno.

Soy diabético también hipertenso, siempre he sido responsable con las recomendaciones médicas entorno a mi salud, cumpliendo con la medicación y la dieta, la semana pasada empecé a percibir una pérdida significativa de mi visión, propiamente en mi ojo de derecho, confieso que hice una tremenda crisis de pánico.

El miedo se apodero de mí, gracias a que tengo un seguro de gastos médicos que me permite acceder a atención médica especializada con prontitud, fui de inmediato a un especialista en oftalmología, quien me examinó exhaustivamente me realizó un TAC del ojo y me diagnostico neuritis óptica isquémica anterior, todo en mi se derrumbó me caí emocionalmente en pedazos.

 Cuando más necesité hablar de mis emociones, escribí un mensaje a una de las mujeres más buenas y humanas que conozco y quiero, quien por meritocracia absoluta ocupa un cargo de ministra de Estado.

 Le dije usted sabe que mi hermano es médico es nefrólogo, yo no puedo decirle a él lo que me pasa, porque hago crisis de pánico con sus respuestas, estoy perdiendo la vista. Ella utilizando esa inteligencia emocional que posee, me dijo vaya de inmediato al especialista, no se alarme ni alarme a su hijo, aquí estoy yo y estaré para escucharlo.

Eso me llenó de valor para enfrentar lo que vendría sentir que podía contar con alguien a quien, decirle como me siento y desnudar mis emociones.

Algún día cercano aplaudiré su legado como la mejor ministra de Estado que hemos tenido en este país, donde cuesta que se reconozca la grandeza de las personas a favor de la política publica de calidad y trascendencia.

Lo mismo puedo decir de la Doctora. Daisy Corrales, quien dejó grandes triunfos en la agenda social de la salud, por ejemplo, la Ley del Tabaco y la primer política de Salud Mental, su obra trasciende el tiempo y se agradece. Me siento dichoso de haber sido su asesor.

Como un ángel caído del cielo, mi exjefa, al enterrarse me dijo voy de inmediato a su casa, yo lo llevaré a ver al especialista y estaré con usted, en todo momento, usted no está solo, cuanto agradecí, su compañía sobre todo su cercanía, sus palabras de consuelo de esperanza y sobre todo que con ella pude sacar mis temores y hablar de mi estado emocional sin restricciones, considero que la mayoría de las personas sufrimos por no poder abrir de par en par nuestros sentimientos y conversar sobre nuestras emociones, quedamos presos al miedo a la desesperanza y al temor.      

 Soy una persona

 Los sentimientos son una parte fundamental del mundo interior de todo ser humano. Nos ayudan a interpretar el mundo y a comprendernos a nosotros mismos. Sin embargo, no constituyen únicamente una experiencia interna, necesitan ser compartidos con otras personas. Cuando somos incapaces de expresar sentimientos la frustración y la insatisfacción aparecen en el horizonte.

¿Por qué nos cuesta tanto hablar sobre lo que sentimos? Los motivos son múltiples y pueden tener su origen en experiencias tempranas.

No obstantes, si encontramos la fuente de nuestra incapacidad podremos tomar medidas.  Nunca es tarde para aprender a gestionar nuestros sentimientos.

Me resulta muy fácil poder hablar de mis emociones con un sabio y buen religioso del Sodalicio de Vida Cristiana, la sabiduría que los años le han permitido acumular, le permiten ser un excelente consejero, sin su ayuda y su escucha, estaría rendido ante la desesperanza y la incertidumbre ante mi situación de salud.

 Igual me sucede con ese gran hermano mayor afectivo, que es sacerdote, la persona que más utiliza la comunicación no verbal para dialogar, cuando internamente estoy como un barco a la deriva su escucha me es terapéutica y sé que él lo sabe, que cuando me autoinvito almorzar a su casa es porque requiero ser escuchado y calmado con sus consejos.

¿Aprendimos a expresar sentimientos?  Frecuentemente los motivos de nuestra reticencia a expresar sentimientos se remontan a la infancia. Nuestro temperamento influye en la mayor o menor tendencia a abrirnos emocionalmente a los demás, pero las primeras experiencias vitales también juegan un papel crucial.

Crecer en una familia que considera que mostrar sentimientos es señal de debilidad, nos conducirá a reprimirlos. Los niños y niñas  que recibieron rechazo o humillación por parte de sus allegados al expresar emociones, aprendieron a no volver a hacerlo. Igualmente, quienes obtuvieron la indiferencia como respuesta adulta ante sus emociones, interiorizaron que mostrar cómo se sentían era inútil.

Para desarrollar una correcta gestión emocional es necesario contar con modelos adecuados. Se necesitan unos padres conscientes, amorosos y comprensivos, dispuestos a escuchar y a guiar al niño y la niña en el manejo de sus sentimientos.

Como Orientador Familiar, soy consciente de esta necesidad, desde la más temprana infancia, debemos enseñar a la niñez hablar asertivamente de sus emociones.

 

¿Por qué nos cuesta expresar sentimientos?

 

Más allá de los orígenes de esta situación, existen varios motivos por lo que, aún de adultos, seguimos siendo incapaces de expresar sentimientos. No podemos revivir nuestra infancia de una forma diferente pero sí podemos abordar las causas que hacen que, hoy en día, el problema se mantenga. 

Baja autoestima. Quienes no cuentan con una autoestima sana pueden sentir que no tienen derecho a expresarse o a reclamar. Piensan que lo que ellos sienten no es importante y, por ende, lo mantienen para sí mismos.

También es posible que el miedo al abandono les impida sacar a la luz sus verdaderas emociones. Muchas veces no se expresan sentimientos por miedo a que, al hacerlo, la otra persona se moleste y nos retire su cariño.

 Por otro lado, se encuentran aquellas personas que no expresan sentimientos como un mecanismo para preservar una autoestima frágil. Cuando se vive con una coraza que esconde un gran miedo al rechazo, expresar emociones resulta un ejercicio demasiado arriesgado.

 Muchas personas prefieren levantar un muro alrededor de sus sentimientos que, si bien les protege, también les aísla. Siempre recordare con inmenso respeto y gratitud a una de mis sabías profesoras de Orientación, quien antes de iniciar las clases, nos llevaba a un ejercicio de catarsis, logrando que todos ansiáramos ese espacio, ella con su innata sabiduría nos decía ustedes serán los futuros orientadores y que tendrán que trabajar las emociones de las personas que tengan as u cargo, para mí la clase con ella, eran toda una terapia.

Falta de asertividad: Expresar nuestros sentimientos debería ser una experiencia gratificante y enriquecedora a través de la cual permitimos que el otro nos comprenda y actúe en consecuencia. No obstante, cuando no sabemos cómo expresarnos, es común que optemos por callar para evitar conflictos

Tal vez en el pasado, al compartir nuestras sensaciones internas generamos una disputa o un malentendido. Seguramente la respuesta del otro no fue lo que esperábamos y ante tal panorama decidimos, a partir de ese momento, utilizar evasivas y excusas en lugar de expresar la verdad.

Inteligencia emocional: La inteligencia emocional es la capacidad de identificar, comprender y expresar sentimientos. Muchas personas son incapaces de expresar lo que sienten, simplemente porque no lo saben bien. Seguramente no posean un vocabulario amplio y adecuado sobre emociones y les resulte verdaderamente difícil identificar qué sentimiento están experimentando. Sin esta base, es prácticamente imposible comprender, gestionar y compartir con otros nuestro mundo interno.

 Negación: Así mismo, también se da el caso de personas que no logran expresar lo que sienten porque pretenden a toda costa ocultar o negar la existencia de emociones como la tristeza o el enojo. Para estas personas este tipo de experiencias emocionales son negativas y deben ser suprimidas en lugar de expresadas, pues esto puede reflejar debilidad o falta de autocontrol.

Este tipo de creencias irracionales hace que haya para quienes es difícil permitirse abrirse a los demás, manifestar su frustración o pedir ayuda cuando lo necesitan.

 

¿Cómo comenzar a expresar sentimientos?

 

Compartir nuestras vivencias internas es saludable y muy necesario. En primer lugar, para liberarnos y a continuación para permitir que los demás sepan qué sentimos y necesitamos de ellos. Por ello, si sufres dificultades para expresar tus emociones y quieres revertir esta situación, ponte manos a la obra.

En primer lugar, es necesario que trabajes tu autoestima, una vez que te ames y te aceptes no tendrás miedo al enfado o al rechazo de los otros.

Trata de ampliar tu vocabulario emocional, adquiere nuevas palabras para expresar tus sentimientos; salir del “me siento bien” o “me siento mal” facilita mucha la comunicación sentimientos.

Finalmente adopta una actitud asertiva a la hora de dirigirte a otros. Expresa tus opiniones, deseos y necesidades con libertad y sin miedo, pero sin herir o dañar a tu interlocutor.

Realmente no estoy tan solo, si logro hablar de mis emociones con libertad.

Last modified on Lunes, 25 Marzo 2024 17:44

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