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Ante la tentación: discernimiento y fuerza

By Noviembre 25, 2021

Vivimos en un mundo ruidoso, donde las tentaciones a menudo tocan la puerta de nuestra vida. La tentación es una prueba a la capacidad de las personas de escoger el bien. Parte de crecer es aprender a vencer la tentación y rechazar el mal.

Para lograrlo, nuestra vida debe estar centrada en Cristo y desde luego hacer lo propio evitando ámbitos y situaciones que pueden hacernos caer en tentación.

Claro está que Dios no es el autor de las tentaciones ni nos las manda, pero sí permite que seamos tentados para que podamos forjar las virtudes. De hecho, existe más mérito en ser tentado y resistir la prueba, que nunca experimentar alguna tentación. De tal modo que las pruebas que vivimos son una gran oportunidad para crecer en la santidad, que es la vocación universal de todos.

Jesús tuvo momentos fuertes de tentación en su vida aquí en la tierra, tanto en el desierto como en el huerto de Getsemaní, antes de ser tomado preso. Por lo tanto, si Él fue tentado, con mayor razón nosotros también las tendremos; pero, así como Cristo logró vencerlas, así también debemos animarnos a luchar sin cansancio hasta dominarlas y salir victoriosos.

Ahora bien, hay que saber que, si Dios permite que la tentación llegue a nuestra puerta, también nos dará todas las gracias necesarias para salir delante de ellas. Ya nos dice San Pablo: “De hecho, ustedes todavía no han sufrido más que pruebas muy ordinarias. Pero Dios es fiel y no permitirá que sean tentados por encima de sus fuerzas. En el momento de la tentación les dará fuerza para superarla” (1Cor 10, 13).

Una de las armas más eficaces para poder vencer las tentaciones es la oración, ya Jesús nos lo dejó muy claro: “Oren para que no caigan en tentación” (Lc 22, 40). El Catecismo de la Iglesia Católica nos dice también: “Jesús es vencedor del Tentador, desde el principio (Cf Mt 4, 11) y en el último combate de su agonía (cf Mt 26, 36-44). En esta petición a nuestro Padre, Cristo nos une a su combate y a su agonía. La vigilancia del corazón es recordada con insistencia en comunión con la suya” (CEC 2849).

 

Tener convicciones claras

 

Lo que debemos saber es que en ocasiones las tentaciones, la presión de grupos, la misma televisión y otras situaciones pueden despertar deseos en nuestro corazón que talvez nos tienten o nos insten a hacer cosas malas.

En ocasiones la presión de los grupos para gustarle a los demás y para que te acepten pueden llevarnos a hacer lo mismo que ellos, solo para tener su aprobación. Debemos tener claro que la presión de nuestro conocidos, amigos o bien familiares no debe hacernos renunciar a nuestros principios.

Para ello, debemos tener claro nuestras convicciones Si no estás bien seguro de lo que crees, podrías convertirte en una marioneta en manos de los demás. Es mucho mejor que sigas este consejo de la Biblia: “Asegúrense de todas las cosas; adhiéranse firmemente a lo que es excelente” (1 Tesalonicenses 5:21). Si entiendes bien tus creencias, será más fácil que te adhieras o que te apegues a ellas y puedas resistir la tentación de desobedecerlas.

En la vida debemos intensificar nuestros puntos débiles. Si ya decidí tomar una decisión y tenemos el valor de mantenernos firmes esto nos ayuda a resistir la tentación. Por ejemplo, si ya decidí que no voy a hacer algo, me apego a esa decisión y no cambio de idea ni permito que las decisiones de otros influyan en mi. Igualmente, es importante decir siempre en nuestras oraciones, “Señor, no nos dejes caer en la tentación”

En nuestra oración pedimos para que Dios no permita que entremos en la tentación; pedimos también para que no nos deje sucumbir a ella. Como seres humanos podemos caer en ella, y Dios quiere librarnos del mal, por eso le pedimos que no nos deje tomar el camino que conduce al mal, porque el mundo, las tentaciones y las ofertas te hacen ver todo con ilusión y podemos dejarnos engañar. Pero Dios no quiere.

Por eso hay una lucha entre la carne y el espíritu porque como seres humanos queremos vivir bien, con todo lo material y dejamos caer la carne en esas tentaciones. Entonces hay una lucha permanente y hay que continuarla. Por eso necesitamos todos, un espíritu de discernimiento y fuerza porque cuando no hay discernimiento no podemos ver lo que está bien y lo que está mal.

San Juan Pablo II decía: “No tengáis miedo”, porque el mal no va a dominar si nosotros no tenemos miedo, y vivimos la tranquilidad con Cristo, porque hemos recibido su espíritu en los sacramentos. El espíritu de Dios está con nosotros para vencer todo lo contrario a ese espíritu. Que a través de la oración o de las últimas palabras del Padrenuestro nos ayude a iluminarnos, a dejar de lado todo lo que pueda hacernos daño.

Dios está siempre para iluminarnos y darnos la posibilidad de discernir en dónde está el mal y el bien. Que Cristo, que ha venido para liberarnos, para darnos la oportunidad de vivir como hijos de Dios, para acompañar también a otras personas para que puedan liberarse de todo lo malo. Y que la Virgen que no tenía miedo, que su intercesión nos ayude para que siempre podamos cumplir la voluntad de Dios y no la voluntad del maligno.

 

Laura Ávila Chacón

Periodista, especializada en fotoperiodismo y comunicación de masas, trabaja en el Eco Católico desde el año 2007.

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