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Fuertes y valientes que el Señor camina a nuestro lado

By Agosto 29, 2021

“¿No te he mandado que seas fuerte y valiente? No tengas miedo ni te acobardes, porque Yahvé tu Dios estará contigo adondequiera que vayas”. Esta cita de Josué 1:9 es un bálsamo para quienes, por alguna circunstancia de la vida, sienten miedo, duda o temor.

Y es que aunque el miedo sea un sentimiento muy humano, sufrirlo en exceso puede llegar a paralizarnos, dejándonos sin oportunidad de actuar y de pensar correctamente frente a la situación que lo causa.

Todos en algún momento hemos sentido temor. Físicamente se expresa en esa sensación de desamparo, de vulnerabilidad, de atención extrema a los estímulos y de excesiva sensibilidad, mientras que mentalmente el miedo ocupa muchas veces el lugar que deberían de ocupar los pensamientos positivos, la alegría y la paz.

Sófocles afirmó que “para quien tiene miedo, todo son ruidos”. El miedo es un mecanismo innato de defensa que se activa ante la percepción de un peligro, que puede ser real o no, pero que provoca sensaciones muy intensas y desagradables.

El miedo es una emoción primaria que nos alerta de una posible amenaza y nos indica que debemos tomar medidas para protegernos. Por tanto, su objetivo principal es mantenernos a salvo, el problema viene cuando es el propio miedo el que no nos deja vivir.

Este miedo es un sentimiento de desconfianza que impulsa a creer que va a suceder algo negativo, se trata de la angustia ante un peligro que puede ser real o imaginario. La relevancia estriba en que aunque el peligro no exista por ser imaginario, el miedo, por el contrario, sí puede ser muy real.

Las situaciones que provocan el miedo son muy variadas. Podemos sentir miedo cuando creemos que nuestra vida está en peligro, como por ejemplo, ante un asalto, pero también podemos experimentar miedo ante la perspectiva de un hecho, como cuando caminamos por un callejón oscuro y solitario a medianoche. En este caso, no hay un hecho real que inspire el temor, pero nuestra fantasía se desboca imaginando todos los problemas que podrían ocurrir.

También podemos sentir miedo cuando recordamos un hecho del pasado, aunque no exista la más remota posibilidad de que este se vuelva a repetir. La raíz de este miedo normalmente está enquistada en nuestro inconsciente y es muy difícil de eliminar, ya que se puede activar incluso ante una mera alusión verbal. 

 

Desde la fe

 

Nuestra fe nos asegura que nada nos pasará sin que sea voluntad del Dios que nos ama y que siempre quiere nuestro bien. Entonces a qué tener miedo, ¿quién puede causarnos angustia?, ¿los que matan, hieren, injurian o roban?, ¿el mal, el demonio? Cristo nos ha hecho fuertes para resistir porque contamos con su gracia.

En nuestra vida de fe tenemos muchas certezas que nos recuerdan que la confianza debe estar puesta solo en Dios. Recordemos cuando Cristo caminó sobre el agua, Cristo avanza un paso más para enseñarnos que no hay nada que temer si confiamos en Él, si vamos de su mano, nada podrá contra nosotros.

En ese pasaje Cristo se proponía manifestar su poder, la fuerza sobrenatural del Maestro al que estaban siguiendo. Sin embargo, suscitó en los apóstoles una duda, algunos de ellos dijeron que era hasta un fantasma.

Sin embargo Pedro fue el único que dominó su papel. Escuchó la voz de Cristo: “Soy yo, no temáis” Él, comprende y asume un reto inaudito: caminar él también sobre las aguas, y traída por el fuerte viento, le llega claramente la inesperada respuesta: Ven.

La petición del Señor sobrepasa, como en el caso de Pedro, nuestra capacidad. No vemos claramente su figura y no entendemos lo que nos pide. A menudo dirigimos la mirada hacia otro sitio. El viento sopla. Las dificultades se agigantan... y estamos a punto de hundirnos o de regresar a la barca. Sentimos miedo de confiar.

El Pbro. Mario García, de la Diócesis de Puntarenas, lo resume así: “Muchas veces nuestros miedos surgen de que queremos controlarlo todo en la vida y ya no lo logramos. Cuando no hay control surge el miedo. Para vencer el miedo es muy importante darle a Dios el control de todo. Hacer lo que me toca, sí, pero recordar que Dios guía la vida y él todo lo permite para el bien de aquellos que ama”. Rom 8, 28

“Tener miedo no está mal. Lo que está mal es quedarse pegado en el miedo. No podemos pelear con nuestras sensaciones, es parte de nuestra humanidad, pero si debemos aprender a vivir y seguir adelante con ellas. Hay que aprender a soltar definitivamente. Echarse al agua como decimos y caminar hacia Jesús, sus planes son mejor que los nuestros”, agregó.

A pesar de ser creyentes en Dios, no podemos ignorar que somos también seres humanos, por lo tanto somos débiles, limitados y sentimos emociones de todo tipo y entre ellas el miedo.

No está mal experimentar temor, el problema está en permanecer temerosos de algo y que ese temor poco a poco carcoma nuestra fe, Dios tiene total conocimiento de nuestros límites y debilidades (Cf. Salmos 103:14).

 

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Laura Ávila Chacón

Periodista, especializada en fotoperiodismo y comunicación de masas, trabaja en el Eco Católico desde el año 2007.

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