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La formación en el Seminario: modelo en integralidad

By Joan Manuel Vega Jiménez - Seminarista de I Formando Pastores al Estilo de Jesús Marzo 28, 2021

En algunas ocasiones hemos tenido la oportunidad de ver o conocer en nuestra parroquia a un seminarista, y esto nos puede llevar a preguntarnos ¿Por qué razón el seminarista se encuentra en la parroquia? A esta cuestionante muchas veces se responde de una manera sencilla: el seminarista ha sido designado para realizar su experiencia pastoral durante este año. Sin embargo, aunque la respuesta es cierta hay una razón de ser que responde a un Itinerario Formativo, el cual, ofrece a los seminaristas un verdadero proceso integral de formación: humano, espiritual, intelectual y pastoral, centrado en Jesucristo, Buen Pastor (Documento de Aparecida 319).

Este proceso integral de la formación permite al seminarista tener un desarrollo de toda la personalidad, especialmente de los aspectos humanos que entran en juego en el proceso vocacional y fundamentan el camino de discernimiento vocacional que se ha emprendido siendo así un medio que se propone para lograr complementar profundamente las cuatro dimensiones de la formación sacerdotal. Ahora bien, veamos cuales son las cuatro dimensiones de la Formación Sacerdotal y su objetivo general:

  1. Dimensión Humana: Consolida una personalidad definida, madura e integrada que permita que el futuro presbítero alcance un firme cimiento para el encuentro con Cristo, tanto en su vida personal como en la vida de otros, y tener una verdadera capacidad para afrontar y resolver crisis. Por eso en el seminario hacemos deporte, vivimos en comunidad, vamos al psicólogo, recibimos talleres, nos conocemos como personas con nuestros defectos y nuestras virtudes entre otras cosas.
  2. Dimensión Espiritual: Propicia un encuentro intenso con la persona de Jesús, de manera que se consolide en el seminarista un proceso consciente y libre de respuesta como discípulo del Señor, de configuración y trato con Cristo siervo, sacerdote, cabeza, esposo y pastor. Tenemos un encuentro contante con los sacramentos, la liturgia de las horas, la oración personal, retiros, guía espiritual y más.
  3. Dimensión Intelectual: Desarrollamos gradualmente la configuración sapiencial propia del Pastor, mediante un conocimiento amplio, crítico y solido de la cultura en general y de las ciencias sagradas que nos haga capaces de vivir y anunciar adecuadamente el Evangelio a los hombres y mujeres de hoy (Ratio Fundamentalis Institutionis Sacerdotalis 127). Por eso el seminarista además de talleres y charlas obtiene un bachillerato en Filosofía y Humanidades así como en las ciencias Teológicas.
  4. Dimensión Pastoral: Esta es la dimención con la que empecé hablando en este artículo, cuando estamos en las parroquias, en nuestro caso la dimensión pastoral implica: Formar pastores al estilo de Jesús, El Buen Pastor, por medio de un proceso gradual, progresivo y sistemático, que, integrando la teoría con la práctica, y haciendo crecer la caridad pastoral, permita a los seminaristas responder a las necesidades y desafíos del Pueblo de Dios, en la realidad concreta de sus Iglesias Particulares. Por eso, los seminaristas tratamos de servir, enseñar y aprender en nuestras parroquias, familias, amigos y en el mismo seminario.

Finalmente, yo puedo decir que, en esta hermosa aventura de la vocación, Dios se manifestado a través de los padres formadores en el seminario, profesores, amigos, hermanos de camino, en las parroquias donde he realizado mi experiencia pastoral entrando en contacto con muchas personas que me han dado grandes testimonios y enseñanzas permitiéndome crecer de una manera integral y gradual para ser mejor persona, cristiano y sobre todo crecer en mi amistad con Cristo. Por esa razón, “Seguir a Cristo no es una imitación exterior, afecta al hombre en su interioridad más profunda” (San Juan Pablo II). Y es aquí donde el Señor va transformando mi vida, en la cual, busco en mi proceso de discernimiento vocacional cada día ir configurando mi corazón con el suyo. Por esa razón, cuando vean a un seminarista en su parroquia es bueno que sepan que ahí donde lo ven está haciendo un esfuerzo por llevar adelante esta valiosa formación integral; y recordemos siempre lo que dijo el Papa Francisco: “Las vocaciones nacen en la oración y de la oración; y sólo en la oración pueden perseverar y fructificar”; sigan orando por nosotros los seminaristas para que seamos fieles a su llamada y nos formemos bien.

 

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