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Vocación al llamado

By Minor Josué Alvarado Agüero / Seminarista Enero 11, 2022

Tengo 18 años, soy oriundo de la Parroquia de San Joaquín de Flores, adscrita a la Diócesis de Alajuela. Provengo de una familia con principios y valores católicos.

Mi educación fue normal, a principios de primero a tercer grado me costaba, pero al pasar a cuarto grado descubrí que si le ponía ganas podía eximirme, ese fue mi objetivo, el cual me incentivó a ser una persona dedicada, luchadora y esforzada. Fui presidente de la escuela en quinto grado y en ese mismo año representé a la Escuela en la Asamblea Legislativa, donde fui diputado por un día, desde ahí siempre me ha llamado la atención la participación ciudadana, pero en fin, mi niñez fue muy tranquila.

Una primera manifestación del amor de Dios lo baso en este recuerdo:  Cuando de pequeño oraba al Señor para pedirle por un hermanito, ya que me sentía muy solo y no tenía con quien jugar. Pasaron ocho años de mi intensa oración, para que el Señor se manifestara y me enviara un hermano, ese día fue la primera respuesta que Dios me daba y sin saberlo cinco años después me dio a otro hermano, eso para mí se convirtió en un gran regalo; así descubrí siendo un niño que Dios nunca se olvida de sus pequeños.

Mi vida en la Iglesia la inicié sirviendo a través de los monaguillos, en el cual duré 9 años sirviéndo a Dios en el altar, después me fui integrando a Jornadas de Vida Cristiana, Pastoral Juvenil, Catequesis de Confirma, y por último como adorador perpetuo del Santísimo Sacramento en mi parroquia.

Mi vocación nace en el momento que mi abuela paterna me lanza una pregunta: “y ¿Por qué no sacerdote”, ese día empezó arder esa llama en mi corazón, con el pasar del tiempo el corazón siguió sintiendo la voz de Dios, Eterno llamante, pero no le hice mucho caso, en ese tiempo tenía otros planes en mi mente, me decía, “¡Yo sacerdote! Jamás”.

Con el transcurrir del tiempo, ya en el colegio, otra vez siento esa llamada, y ahí comprendí que el Señor necesitaba una respuesta. En el año 2019, hice un retiro en mi parroquia para jóvenes  denominado:  “Me sedujiste Señor, y yo me dejé seducir”, eran 3 días.  En este retiro, hubo un momento, el cual me ayudo a tomar la decisión, para aceptar el discernimiento a ser discípulo del Maestro.

Llega el año 2020, mi vida comienza a dar esos primeros pasos en mi vocación, ingresé a los procesos vocacionales, recuerdo que ese día fui el último en llegar, me encontraba con nervios, pero sabía que en ese momento todo se lo ponía en manos del Señor.

Para mi ese año fue difícil, perdí a dos grandes seres humanos que ya descansan en la Patria Celeste, mi tía paterna y mi guía espiritual Mons. José Rafael Barquero, ellos dos fueron unos pilares fuertes que me ayudaron a crecer maduramente en la fe, especialmente Monseñor que se convirtió en mi abuelo, gracias a sus moralejas para vivir la vida, él dejó una huella en mi corazón.

Mi lema es de Jeremías 20,7 “Me has seducido Señor, y yo me deje seducir”. Me ha ayudado a dejar todo en las manos del Señor, dejarlo todo por seguirlo, y anunciarlo, le doy Gracias a Dios por el don de la Vida, en la cual me he sentido abrigado por su amor infinito y fraterno. Seducirme con el Maestro ha fortalecido y ha ardido mi corazón.

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