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Llamadas a ser Kuña Guapa

By Lic. Lisandra Chaves. Noviembre 06, 2020

No se si han escuchado al Papa Francisco llamar a la mujer paraguaya “la más gloriosa de América”. No se cuántas mujeres se habrán preguntado por qué. Les comento la razón y tiene que ver con la historia de Paraguay. Entre los años 1864 y 1870 Paraguay sufrió un sangriento episodio en la Guerra contra la Triple Alianza donde las tropas paraguayas se enfrentaron a Brasil, Argentina y Uruguay. Con desventaja numérica, la derrota fue inevitable. Historiadores coinciden en que la población masculina adulta disminuyó entre un 50% y un 95%, pero las mujeres paraguayas convirtieron su dolor en fuerza y se transformaron en el eje de la reconstrucción del Paraguay.

El término entre español y guaraní Kuña Guapa define a las mujeres capaces de superar cualquier obstáculo. El 24 de febrero de 1867 se realizó la primera Asamblea de Mujeres Americanas realizada en Asunción. La historia nos dice que las mujeres que participaron de esta asamblea decidieron ofrendar sus joyas y pertenencias en defensa de la patria, ya que estaban en el contexto de la guerra. Según la historiadora Noelia Quintana, se trató de 22 mil mujeres. “La mujer asumió las funciones de madre, padre, de ser reconstructora. La mujer es la que educa al hijo, la que se encarga de los trabajos de agricultura, de sepultar a los muertos e incluso de tomar armas” escribió Quintana.

Quintana también resalta que la mujer sostuvo al Ejército y asumió el rol de sustento del hogar y de la logística. “La mujer paraguaya de los tiempos de la Triple Alianza hizo campamento en plena selva alimentándose de raíces y frutos silvestres, acompañando de cerca a las tropas” anotó.

Por su parte el Papa Francisco ha dicho: “Esa mujer, la mujer de Paraguay, supo asumir un país derrotado por la injusticia y los intereses internacionales… Por eso es doblemente gloriosa esta imagen: por ser la madre de Dios y por ser de Paraguay”. El Papa se refería a la Virgen de Caacupé (Visita al Paraguay 2015).

Yo he crecido rodeada de mujeres admirables, mi bisabuela, mi abuela, mi madre. He trabajado con mujeres increíbles: solteras o casadas, madres o no, pero todas valientes y grandes profesionales. He entrevistado mujeres que sacan adelante sus familias y logran incluso arreglar la vida torcida de sus hijos y muchas han sacado adelante hasta sus nietos. Todas para mi son tan gloriosas como la mujer paraguaya, pero ha llegado el momento en que estas mujeres grandiosas de mi país unan sus voces y oraciones para ayudar a Costa Rica.

Un primer paso que debemos hacer las mujeres es llamar a la paz y no a la violencia. Nosotras debemos exigir el diálogo a todo nivel y tomar el liderazgo en nuestros diferentes ámbitos. Desde las que están en el hogar hasta las que laboran en sector publico y privado. Con mucha más razón debemos hacerlo las mujeres de fe que conocemos el Evangelio y sabemos que el camino que Dios nos propone es la paz.

¿No era la pandemia suficiente flagelo a nuestra sociedad? ¿Tenemos nosotros los mismos costarricenses que agregar más dolor a nuestras familias? No permitamos que la división nos domine. Es claro que hay un problema grande a resolver. Demostremos que ha valido la pena vivir sin ejército y que la educación a la que hemos tenido acceso nos permite dialogar civilizadamente para llegar a acuerdos.

Yo creo en la mujer y en su fuerza interior, en sus múltiples capacidades. Tenemos ahora una oportunidad de oro para mostrar lo gloriosas que podemos ser al igual que las paraguayas. Que bello que un día se diga como de Paraguay: las mujeres costarricenses convirtieron su dolor en fuerza y se transformaron en el eje de la reconstrucción del país.

 

Fuente: Los datos históricos de esta columna se han tomado de Aleteia, 9-4-2019.

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