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El poder... ¿para qué?

By Mons. José Rafael Quirós Quirós Noviembre 12, 2021

El texto del evangelio nos presentaba una escena particular, a saber, se acercaron a Jesús los hijos de Zebedeo, Santiago y Juan, y le dijeron: “Maestro, queremos que hagas lo que te vamos a pedir”, y, a la pregunta “¿Qué quieren que haga por ustedes?” le contestaron: “Concédenos sentarnos en tu gloria uno a tu derecha y otro a tu izquierda”. Ante esto, la pregunta sería ¿Qué pretendían aquellos hermanos con esa petición? Notemos que no hay de fondo una inquietud de fe o doctrina entre los discípulos, sino la ambición de poder, que provoca división y conflictos, descalificaciones, rivalidades y envidias.

Jesús llamó a los Doce primero, y luego a todos nosotros a ser discípulos suyos viviendo desde otros parámetros de relaciones, en los que se superaran la discusión sobre el control y dominio sobre los demás y así, se cultive un anhelo superior: servir a los hermanos, especialmente a los más pobres y a los más frágiles. Es doloroso, pero debe reconocerse que la mentalidad de este mundo se infiltró desde el principio en la Iglesia y, no pocas veces, estos criterios mundanos han pesado.

La respuesta del Señor: “No saben lo que estáis pidiendo” alude a otra perspectiva de vida, otro ideal más noble para la existencia. A decir verdad, Juan y Santiago si sabían lo que querían, actuar como los que son tenidos por gobernantes y que “dominan a las naciones como si fueran sus dueños” o los “poderosos que imponen su autoridad” y por ello la afirmación contundente del Señor: “No será así entre ustedes” .

En Costa Rica, aunque la disputa de poder político es un hecho constante, a través de la reciente convocatoria a elecciones se dio el inicio oficial la campaña electoral, momento en el cual los partidos presentan sus nóminas de candidatos para puestos de elección popular. Aquí vuelve a emerger la interrogante: ¿Para qué?

Claro está, la política como nos ha dicho el Papa Francisco, puede desempeñar el más alto servicio de caridad cuando pone su fuerza de acción y transforma las estructuras para el servicio del Bien Común y en función de en los descartados de la sociedad equilibrando las desigualdades, y no para maquillar el propio ego o el deseo de ideologizar a los ciudadanos. De hecho, la política tiene incidencia sólo si aporta al país los beneficios que favorezcan y equilibren las grandes desigualdades existentes, no para alimentar el propio ego, el deseo de ideologizar a las nuevas generaciones o instrumentalizar a los pobres.

Ya Santo Tomás de Aquino, desde el siglo XIII había planteado estas cuestiones: ¿Quién ejerce el poder? y ¿Cuál es el fin que se persigue? Para Tomás el poder es un medio no un fin, y lo que hace plenamente feliz al hombre no es poder como posesión sino el fin que con él se persigue.

Hemos de alimentar la esperanza, que se convierte en un deseo de todo el pueblo, que las posiciones de poder se ejerzan para construir el bien común, mirando sobre todo a los que más necesitan, abriendo oportunidades y dejando de lado todo egoísmo e individualismo. Es la solidaridad el sendero que ha de recorrer nuestro país en todo momento.

Si el poder no es entendido como servicio, tal cual el Señor nos los enseña, y sigue siendo asumido como privilegio o compensación, nuestra sociedad no podrá encaminarse a la prosecución del bien común ni reconstruir una y otra vez su orden político y social, su tejido de relaciones, su proyecto humano.

Pido al Señor que avive nuestros corazones para que, mediante el servicio desinteresado trabajemos por la igualdad y la justicia, y que, revestidos con los mismos sentimientos de Cristo, amemos a Dios en los hermanos.

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