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Costa Rica tiene deuda con los niños

By Mons. José Rafael Quirós Quirós Octubre 08, 2021

Este 9 de septiembre, día del Niño, celebramos una jornada de fiesta y reflexión que aspira a sensibilizarnos sobre la importancia de continuar trabajando por su dignidad; un día para asumir el compromiso firme de proteger y cuidar a los niños para que nunca se apague su sonrisa, que puedan vivir en paz y contemplar el futuro con confianza. Mi especial saludo y bendición a las mujeres que esperan un hijo, sobre todo a cuantas experimentan una situación difícil. Con ellas damos gracias a Dios por el fruto de sus entrañas pues un niño concebido es siempre un regalo de Dios y, en consecuencia, una invitación a vivir y a esperar.

En lo posible, esta fecha debe ser una oportunidad para festejar con todos ellos el don de la vida, para expresarles nuestro amor con acciones concretas, significativas y cercanas, al constatar con tristeza que en Costa Rica la infancia es aún víctima de la exclusión social, del irrespeto de sus derechos fundamentales, en fin, de tantas insidias que atentan contra su inocencia y contra sus legítimas esperanzas.

Los niños son, en sí mismos, un canto de alegría, la esperanza que sigue floreciendo, la vida que se abre sin cesar y, al estar necesitados de nuestro cuidado, en especial, durante las primeras fases de su existencia, son para nosotros una llamada a la solidaridad. Por desgracia, vemos como también en nuestro país, algunos políticos y grupos afines no pierden ocasión para promover la legalización del aborto con una campaña de leyes y políticas persistentes que atentan, no solo contra principios religiosos sino científicos, jurídicos y constitucionales. Con ironía y bajo la excusa de los derechos humanos de las mujeres, dejando de lado el derecho a la protección de la vida de los niños concebidos, por encima de la prudencia que exige una procreación responsable, los niños son vistos como una carga más y como una amenaza contra la madre y la sociedad.

La pandemia del Covid-19 evidenció cómo, en distintas zonas de nuestro país, los niños son la población que se encuentra en mayor situación de desventaja o vulnerabilidad. Las dificultades económicas que experimentan las familias repercuten directamente en los niños. La brecha digital, los rezagos en la educación y la grave crisis de aprendizaje; las carencias en los programas de nutrición, las condiciones insalubres y de hacinamiento son injusticias que, desde ya advierten consecuencias lamentables y duraderas para la sociedad en su conjunto.

Si bien todo niño tiene el derecho y la obligación de acceder a la educación, es inquietante reconocer que tanto el último Estado de la Educación, como las evaluaciones de PISA (Programa Internacional de Evaluación de los Alumnos), no son para nada alentadores y nos alertan ante el estancamiento de nuestro sistema, la caída de los índices educativos y la creciente inequidad en la educación. Asimismo, es preocupante cómo, cada vez más, se ignora el papel que corresponde a los padres, madres y tutores legales como primeros responsables de la educación de sus hijos, misión que pretende arrogarse el Estado, incurriendo hasta en adoctrinamiento con claras intromisiones ideológicas y contenidos impartidos abusiva y arbitrariamente.

Es tiempo para renovar nuestro compromiso de construir un mundo nuevo y mejor para los niños. Que San José, quien tuvo la valentía de velar y proteger al niño Jesús, nos anime a adoptar el mismo cuidado y responsabilidad por cada niño, con gestos pequeños y cotidianos, propiciando a quien corresponda un humano proceso para la adopción. Que cada uno de nosotros, renovando nuestro compromiso por el bienestar de los niños, realice lo que le corresponde para alcanzar este preciado fin.

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