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No pierdas la esperanza; cuando el sol se esconde, salen las estrellas

By Willy Chaves Cortés, OFS Orientador Familiar, UJPll / Máster en Comunicación Política, UCR Abril 08, 2024

Hace días que tres palabras rondan por mi cabeza, enfermedad, fe y esperanza, sueltas cada una de ellas las podemos encajar en mil frases, pero y ¿si las unimos? Si las unimos, estaríamos iniciando un camino doloroso, el de la enfermedad que acompañado de la fe es mucho más llevadero y nos lleva con esperanza a la meta que Dios tenga pensado para nuestra vida.

En días pasados me diagnosticaron una neuritis óptica isquémica anterior, en mi ojo derecho, empezó con una perdida de la visión, solo recibir el diagnóstico me causó miedo, temor y pánico, soy una persona creyente, mi vida que era abstracta y sin sentido de fe, cambió rotundamente cuando me reencontré con Dios y le pedí perdón por mis culpas y mis errores, le pedí que me ayudara para nunca más apartarme de sus caminos, que me permitiera servir a los demás, por gracia de Dios tuve un excelente director espiritual, quien me mostró que a pesar de mis faltas humanas el amor de Dios y su misericordia me alcanzan.

La enfermedad es una realidad que nos afecta a todos en algún momento de nuestra vida. Ya sea por una dolencia crónica, una enfermedad grave o una simple gripe, el sufrimiento físico y emocional que conlleva puede poner a prueba nuestra fe y nuestra confianza en Dios.

Sin embargo, la enfermedad también puede ser una oportunidad para crecer espiritualmente, para acercarnos más a Dios y a los demás, y para descubrir el sentido profundo de nuestra existencia.

Como Franciscano Seglar, se que mi consagración a Dios me lleva a esa búsqueda de la salvación de mi alma, profese seguir a Dios imitando el ejemplo de nuestro amado, San Francisco de Asís, siendo humilde en mis actos y mis acciones.

Cuanto bien me hace la amistad con el Sodalicio de Vida Cristiana, quienes han consagrado su vida en el carisma del sodalicio, son personas que verdaderamente dan testimonio de ese Dios que sale en búsqueda de esa oveja perdida descarriada, esa oveja herida que necesita que sus heridas sanen, en los brazos de un Dios amoroso, que siempre nos esta esperando, ojala muchas familias en especial jóvenes, conozcan el Sodalicio y vivan desde esa realidad de fe ese encuentro con Dios, que es tan necesario en un mundo donde se quiere sacar a Dios de toda realidad y contexto.

He podido ofrecer a Dios  la carga de mi enfermedad, por la santidad de mis amigos sodalites y la familia franciscana seglar que tanto bien me hace. 

La primera reacción ante la enfermedad suele ser la de pedirle a Dios que nos cure, que nos quite el sufrimiento, que nos haga un milagro.

Y está bien hacerlo, porque Dios es nuestro Padre y quiere lo mejor para nosotros.

Él puede sanarnos si así lo quiere, y debemos confiar en su poder y en su bondad.

La Biblia nos dice que «la paz de Dios que supera a todo pensamiento» nos ayudará a mantener a raya la ansiedad y nos dará las fuerzas necesarias para seguir adelante, (Filipenses 4, 6-7).

Aunque la enfermedad sea muy dura, no debemos dejarnos vencer por el pesimismo, la tristeza o la desesperación.

Al contrario, debemos mantener una actitud positiva, buscando el lado bueno de las cosas, agradeciendo lo que tenemos y lo que podemos hacer, y esperando con ilusión el futuro.

La Biblia nos dice que «la prueba produce paciencia; la paciencia produce virtud probada; la virtud probada produce esperanza; y la esperanza no defrauda», (Romanos 5, 3-5).

La esperanza es la virtud que nos hace confiar en las promesas de Dios, en su amor infinito y en su plan salvífico.

La esperanza nos hace mirar más allá de las circunstancias presentes y nos hace aspirar a los bienes eternos.

La Biblia nos dice que «esta esperanza no falla, porque Dios ha derramado su amor en nuestro corazón por el Espíritu Santo que nos ha dado», (Romanos 5, 5).

La enfermedad puede hacernos sentir solos, incomprendidos, aislados.

Por eso, es importante buscar el apoyo de la comunidad, de la familia, de los amigos, de la Iglesia, de las personas que nos quieren y que nos pueden ayudar.

La Biblia nos dice que «lleven las cargas los unos de los otros, y así cumplirán la ley de Cristo», (Gálatas 6, 2).

La enfermedad es una realidad difícil de afrontar, pero no imposible.

Con la ayuda de Dios, podemos enfrentarnos a ella con fe, con esperanza y con amor.

No estamos solos en este camino y la enfermedad es un gran acto de fe, dejarse hacer, aceptar la voluntad de Dios y sentir la libertad del que confía.

La esperanza, por su parte, nos ayuda a entender que nuestra vida está en manos de Dios y que nunca podemos dudar de su infinita misericordia.

Es la esperanza la que nos lleva a enfrentar el camino de la enfermedad con valentía y esperar la gracia de la salud, si es la voluntad divina.

Aprender a sufrir me enseñó a ayudar y acompañar a otras personas que necesitan ayuda, como yo lo necesito a gritos, ante la prueba de mi enfermedad. ¿Te has preguntado si tu experiencia de dolor y sufrimiento podría servirle a otra persona para acercarse más a Dios?

Les comparto todo esto, queridos amigos, porque la vida cristiana es un camino en el que se puede descubrir la felicidad en el dolor.

Es un camino en el que te encuentras con el amor de Jesucristo, y eso lo cambia todo.

Si me permites, quisiera hacerte esta pregunta: «¿Estás dispuesto a darlo todo por el Señor?». Y si no, pregúntale tú mismo al Señor: «¿Qué quieres de mi vida, Señor?».

 

Last modified on Lunes, 08 Abril 2024 13:42

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