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La fe que viajó desde China hasta Costa Rica

By Lilliam Loría Montero / Especial para el Eco Católico Junio 08, 2026
“No se dejen influenciar por los vicios, cuídense mucho, recen y no pierdan la fe en Dios, porque siempre responde”.  Delfina Chang Wong “No se dejen influenciar por los vicios, cuídense mucho, recen y no pierdan la fe en Dios, porque siempre responde”. Delfina Chang Wong

Delfina Chang Wong, nació en China, específicamente en Hong Kong, en la provincia de Cantón, desde muy joven junto a sus padres, practicaba el catolicismo y brindaba catequesis en su pueblo.

En 1958, decidió venir a Costa Rica con una hermana casada con un costarricense, y conoció a Manuel León, un descendiente indígena Bribri, del cual se enamoró profundamente. Delfina permanecía en la ciudad de San José y Manuel la visitaba con mucha regularidad. No pasó mucho tiempo para que el enamorado la invitara a conocer su tierra, el lugar que lo vio nacer: Talamanca, tierra indómita y fascinante. Con montañas sagradas, compuestas por una biodiversidad de flora y fauna impresionantes, tierras llenas de verdor, mezcladas con las tonalidades de las palmeras y el turquesa profundo del mar caribeño. Ella quedó maravillada con el lugar y todo le fascinaba. En ese escenario, Manuel le propuso matrimonio, pero Delfina dispuso una condición, que debían ir a Hong Kong y ahí oficiarían su boda; decisión nada fácil para el joven, quién nunca había viajado fuera del país. Después de pensarlo muy bien, se decidió y así fue como viajaron para casarse en el país asiático.

Varios meses más tarde, como matrimonio, regresaron a Costa Rica y de inmediato, Manuel la convenció para que se fueran a vivir al Caribe sur, a Puerto Viejo, en la provincia de Limón.

Doña Delfina contó que cuando ella llegó a Wolaba (Puerto Viejo, en criollo limonense) no había casi nada, unos cuantos comercios y pocas personas. En ese entonces enfrentaban situaciones difíciles ya que era muy complicado viajar al centro de Limón, las calles eran de piedra y tierra. Había un transporte llamado “burro carril”, que consistía en una carroza de tren tirada por un burro, así viajaban hasta Penshurt, pueblo cercano, desde donde abordaban el tren hacia Limón.

Debido a las dificultades del camino, el sacerdote que le correspondía viajar de Limón a Puerto Viejo, pasaba muchas penas, por lo cual solo se oficiaba la Eucaristía, una vez al mes. Ahí fue donde Delfina utilizó sus dones y empezó la misión para reconstruir el sencillo templo parroquial. El primer paso fue solicitar ayuda a los dueños de los pocos comercios у a los fieles. Al mismo tiempo que puso en práctica diferentes iniciativas y proyectos, como, por ejemplo: Iniciar la Catequesis con un grupo de 10 niños y niñas.

Delfina tuvo cuatro hijos: Johnny, Rosi, Frank y Manuel al que le dicen de cariño “Tatay”, que significa hermano menor en chino. Fue una madre ejemplar y entregada a sus hijos, siempre se preocupó por la educación de cada uno ellos y se interesó en que tuvieran el mejor futuro para que se defendieran en la vida. Les enseñó a cocinar, lavar y cuidar el orden y el aseo en la casa.

Sin embargo, no solo se interesaba en el ámbito familiar, toda su formación en la fe católica y ese sentimiento de servicio lo replicó en el prójimo, de ahí su interés en construir el colegio técnico de Talamanca para que todos aquellos niños que salieran de la escuela pudieran seguir estudiando en niveles superiores y así abrirse camino.

Esta preocupación también la lleva a crear la Asociación Pro Niño de Puerto Viejo donde se crea la Casita Wolaba, la primera casita de escucha como recinto para atender los casos de violencia en las niñas del sector costero. Actualmente este proyecto dejó de funcionar por la falta de presupuesto, apoyo gubernamental y municipal.

En este momento, ese recinto se utiliza para recibir voluntarios que prestan servicios como:  conciencia en la niñez sobre la separación de residuos, plantar árboles, clases de música, teatro y danza.

Por medio de la Asociación Pro Niño, Delfina donó el lote para la creación del Parque infantil, denominado Delfina Park, el cual está en uso para el disfrute de los niños, locales y visitantes.

Aunque esta gran mujer dedicó toda su vida a colaborar en la Iglesia, también separaba parte de su tiempo para viajar a México y a Hong Kong con el fin de visitar a sus hermanas y a su Mamá. En el momento de la entrevista tenía 85 años de edad y 63 de vivir en Costa Rica.

Al finalizar nuestra amena conversación, doña Delfina nos regaló un mensaje para la juventud: “No se dejen influenciar por los vicios, cuídense mucho, recen y no pierdan la fe en Dios, porque siempre responde”.

Ella falleció el 06 de nov del 2021 por complicaciones por el Covid 19, en el Hospital Tony Facio de Limón, Costa Rica.

 

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