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A la deriva dos veces, rescatado por la misericordia de Dios

By Junio 23, 2022
Don Manuel “chalazo” Vega, da fe de la misericordia de Dios en su vida. Don Manuel “chalazo” Vega, da fe de la misericordia de Dios en su vida.

Corría el año de 1974, en Golfito los pescadores salían a buscar el sustento de sus familias en embarcaciones pequeñas, con muchas limitaciones y escasa tecnología. Llevaban comida apenas para el día, porque el plan era ir temprano, sacar las líneas de pesca, llenar las neveras y regresar a casa por la noche.

El 9 de agosto de ese año, Manuel Antonio “chalazo” Vega, su cuñado Milton Vásquez y el compañero de ambos, Carlos Luis Salazar, se embarcaron con este objetivo.

Por su mente no pasaba la idea de que algo malo les podía suceder, pero el tiempo empeoraba a medida que avanzaba el día, y cuando se percataron estaban en medio de un mar embravecido. Los golpes del agua iban y venían hasta que una “chapota”, como le llaman los pescadores a una ola revuelta y violenta, se metió en la nave, que sin oponer resistencia se comenzó a hundir.

Los tres intentaron achicar pero rápidamente se vieron en una situación límite. El peso de la lancha hundiéndose contra la presión de la nevera buscando flotar hizo que se rompiera la estructura. En ese momento la opción era solo una: aferrarse a lo que flotara y lo que tenían más cerca era precisamente la nevera donde conservaban el pescado.

Los tres se metieron en ella y así pasaron seis días a la deriva. Húmedos, incómodos y con hambre, buscaban la forma de protegerse del sol durante el día y del frío durante la noche. La zozobra aumentaba conforme pasaba el tiempo sin saber dónde estaban, escuchando el sonido de los motores de otros barcos a lo lejos, gritando sin conseguir llamar su atención.

A pesar de ello, cuenta Manuel Antonio, sentían en su corazón que iban a poder salir vivos de la situación. “Sentíamos desde el principio que alguien nos ayudaba, no nos desesperábamos, la misma forma de la nevera nos ayudó con el sol y gracias a Dios las corrientes nos acercaron hacia Panamá, lo cual fue por pura misericordia de Dios”, relata.

Lo dice sabiendo que en esa zona hay dos corrientes al año, una que se dirige hacia Panamá y la otra hacia mar abierto. Si la nevera hubiera sido empujada por esta última, ninguno hubiera podido sobrevivir.

En un momento determinado vieron un punto negro a lo lejos. Era tierra firme que identificaron como el faro de Punta Burica, podían esperar que las corrientes los acercaran o lanzarse al agua y nadar hasta allá. La primera alternativa implicaba alargar las malas condiciones por el hambre y la falta de agua, y la segunda correr el riesgo de cansarse y terminar ahogados.

Don Milton, que pedía ayuda a Dios todos los días, tomó la decisión de lanzarse al agua. Saltó de la nevera y comenzó a nadar en dirección a aquel punto negro en el horizonte. Los otros dos náufragos, narra Manuel, conversaron sobre si seguirlo o no. Carlos Luis, asegura chalazo, no quiso hacerlo, mientras que él se llenó de valor, se quitó el pantalón y nadó con todas sus fuerzas hasta que alcanzó a su cuñado. Cuando éste lo vio se sorprendió y le aconsejó ir despacio para economizar energías.

Como Manuel perdía las fuerzas, en un momento determinado quiso agarrarse de la espalda de su familiar, pero este lo regañó y lo animó a luchar. Viendo que no podía más, chalazo le pidió que si sobrevivía le dijera a su madre que intentó sobrevivir hasta el final.

Ante estas palabras, don Milton le dio una cachetada y le dijo que creyera en Dios, que no perdiera la esperanza y que nadara despacio. Así lo hizo Manuel, quien nadó de espaldas y flotó otro rato hasta que sus pies tocaron arena.

Lo primero que vieron sus ojos fueron unos cocos, que Manuel rompió con todas sus fuerzas y consumió de inmediato, pero su estómago, afectado por tanto tiempo sin comer, lo rechazó. Ese día pasaron la noche en la playa, casi desnudos porque su ropa se había deshecho con el agua de mar.

Para entonces la noticia del naufragio era conocida en todo el país. Eso ayudó a que la mañana siguiente una persona que los identificó los ayudara, les diera agua y desayuno. Incluso Milton tuvo fuerza para salir en avioneta en busca del compañero que había quedado en la nevera, lamentablemente sin suerte. Esta dolorosa situación les trajo muchos problemas y recriminaciones, pero don Manuel asegura que las cosas sucedieron tal cual las relata.

Lo que sigue es un sinfín de actos de buena voluntad a favor de ambos, quienes incluso fueron llevados a Puerto Armuelles, en Panamá y de ahí de vuelta a nuestro país, que permite concluir a chalazo que fue la misericordia de Dios la que les permitió sobrevivir.

Conmovido, en el marco de la reciente visita del obispo generaleño Mons. Juan Miguel Castro a Golfito narró, a manera de testimonio, que sus decisiones lo pondrían luego frente a otro naufragio, el del alcoholismo, un abismo en el que casi perece de no ser, nuevamente, por el amor de Dios. Hoy, colaborador de la Iglesia, este pescador retirado, disfruta de su familia y amigos, tratando, en sus palabras, de vivir a plenitud.

 

Colaboración del Pbro. Elí de los Ángeles Quirós López.

Martín Rodríguez González

Periodista, licenciado en Ciencias de la Comunicación Colectiva y egresado de la maestría en Doctrina Social de la Iglesia. Trabaja en el Eco Católico desde el año 2002 y desde el 2009 es su director.

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