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Ella proclama la Palabra de Dios en braille

By Noviembre 05, 2021

Al momento de la lectura, Elieth se levanta con su bastón blanco, camina cinco pasos, cuenta los escalones del altar y del ambón, uno… dos… tres, coloca las láminas con los escritos en braille sobre el atril y procede a leer el texto correspondiente. Una vez que dice: Palabra de Dios, y la congregación responde: Amén, baja nuevamente, un… dos… tres… da unos pasos y se sienta.

El proceso es similar cuando se trata de la entonación del Salmo, solo que esta vez un joven le ayuda a llevar su guitarra. Al alcanzar el púlpito, ella dobla su bastón, lo intercambia por la guitarra, enseguida toca y recita. Todo esto ocurre con tanta sutileza que algunos fieles ni siquiera se percatan que ella es no vidente.

Su nombre es Elieth de los Ángeles Valladares Corea, lectora y animadora del canto en la Parroquia San Juan Pablo II, en Dulce Nombre de La Unión. Esta servidora también es parte del Camino Neocatecumenal.

Conforme a la responsabilidad que conlleva su servicio, Elieth repasa sus lecturas hasta memorizarlas. Es sumamente detallista y busca evitar la más mínima equivocación. Cabe mencionar que, cuando quedó ciega y aun no sabía leer en braille, memorizaba palabra por palabra cada una de las lecturas, pues deseaba servir.

Efectivamente, ella no nació con esa condición, perdió la vista a los 29 años. Su testimonio es un ejemplo de perseverancia, amor y servicio a la Iglesia.

Nació un 20 de setiembre de 1974, en Montecristo de Upala, creció en el campo, rodeada de gallinas, vacas, árboles y frutas, una infancia que recuerda con cariño. No obstante, la pobreza era tal que no pudo ingresar al colegio y con tan solo 13 años viajó sola al Valle Central para ganar dinero como trabajadora doméstica.

Aun recuerda el impacto que sintió al llegar a la ciudad ¿Un microondas? Ella solo conocía la cocina de leña, de pequeña iba a picar leña al campo, pero aquí todo era diferente.

Al llegar a los 19 años se interesó por ser lectora. “¡Qué lindo proclamar!”, se decía cuando veía a otros subir al ambón a pronunciar La Palabra de Dios. A pesar de su timidez y las dificultades que tenía por sus horarios de trabajo fue acogida e integrada. Allí conoció personas, hizo amigos y aprendió a desenvolverse mejor.

 

“No puedo ser malagradecida”

 

A los 20 tuvo por primera vez problemas con la vista. Primero, comenzó a ver todo de un tono amarillento y luego completamente negro. Asustada, fue al médico, le dieron desinflamatorios y comenzó a recuperar la visión. No obstante, los doctores no entendían qué le ocurría. La misma situación se repetiría cada tres años aproximadamente hasta que a sus 29 años todo se apagó definitivamente.

Tiempo después, tras una resonancia en la médula espinal, los especialistas descubrieron que Elieth padecía de neuromielitis óptica, un trastorno del sistema nervioso central que afecta principalmente los nervios del ojo (neuritis óptica) y la médula espinal (mielitis).

Fue muy tarde, como se desconocía cuál era su padecimiento no recibió un tratamiento adecuado a tiempo, de haberlo recibido probablemente seguiría viendo. De todas formas, había que actuar, pues las consecuencias podían ser peores.

Estuvo un tiempo en silla de ruedas, casi sin poder moverse. Con apoyo de su familia y amigos se recuperó poco a poco. Pero se había quedado sin la vista…

En esos momentos se preguntaba qué iba a ser de ella, no quería depender de otros, lloraba, cuestionaba por qué a ella le había pasado esto. “Me decía: no voy a volver a ver un atardecer… no voy a volver a ver a Chayanne bailar”, cuenta sin perder el sentido del humor.

En este punto, da gracias a Dios, a su familia y a sus hermanos en Cristo por estar con ella. “El mismo Señor me respondió”, dice. Cuando pasó todo esto, Elieth trabajaba en una casa y cuidaba de unas niñas pequeñas, a las que llevaba a lecciones de natación, ella decidió entrar también a clases. Aprendió los cuatro estilos y hasta compitió en un torneo.

En las piscinas conoció a una persona que le habló del Centro Nacional de Educación Hellen Keller, dedicado a promover la autonomía y participación de las personas con discapacidad visual. Allí aprendió a leer en braille, a utilizar el bastón y trasladarse por las calles, a tocar la guitarra y a cantar, incluso participó en obras de teatro.

De manera paralela, continuó su servicio en la Iglesia, al principio con algunas dificultades, pues como no sabía braille únicamente podía contar con su memoria. Conforme tomó confianza, comenzó a colaborar como animadora del canto.

Actualmente, sirve todas las mañanas, de lunes a viernes, siempre está con su guitarra y sirviendo como corista en la Parroquia San Juan Pablo II. También lo hace en la filial Nuestra Señora del Carmen y en la comunidad Neocatecumenal de la cual forma parte.

“Bendito sea Dios ¿cómo voy a ser malagradecida? (…) No me ha faltado nada, Él no me ha alejado de su mano”, comentó.

 

Danny Solano Gómez

Periodista, licenciado en Producción de Medios, especializado en temas de fe católica, trabaja en el Eco Católico desde el año 2009.

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