

Los cristianos estamos acostumbrados a identificar a los doce apóstoles de Jesús, pues los Evangelios de Mateo, Marcos y Lucas así nos presentan a este pequeño grupo de varones (Mc 3,13-19; Mt 10,1-4 y Lc 6,12-16). La palabra griega “apostolos” significa “enviado”. Los judíos acostumbraban decir que el enviado de un hombre es como si fuera él mismo. Por eso el apóstol o enviado tiene especialmente la función de hacer presente a quien lo envía.
En estos tres Evangelios mencionados, reciben el nombre de apóstoles los discípulos más cercanos de Jesús, a quienes él envió como mensajeros de la Buena Noticia. Pero resulta que en el Evangelio de San Juan esta distinción no aparece, tampoco su elección y envío correspondiente. Más bien, cuando se habla de algunos de ellos y no de todos, a San Juan le interesa presentarlos como discípulos, palabra que significa “el que aprende”. De forma que esta denominación en Juan, aparece en singular 16 veces y en plural 63 veces. Hay una elevada presencia de discípulos, pero de los doce apóstoles se dice muy poco.
Ejemplos. En Jn 9,28 se presenta al discípulo de forma irónica, al hablar del ciego de nacimiento. En Jn 18,15-16 se menciona por tres veces, a un discípulo anónimo de Jesús. En Jn 19,36 se dice de José de Arimatea que es discípulo de Jesús. Finalmente, en Jn 19,26-27; 20,3.4.8; 21,7.20.23-24 se dice por once veces, del enigmático y protagónico discípulo amado del Señor, al que hemos identificado, de manera insegura, con el apóstol San Juan.
En plural (discípulos), el término aparece mejor representado en San Juan. En Jn 1,35.37 aparecen dos discípulos de Juan el Bautista. En Jn 3,25 también. En Jn 9,28 se refiere a los judíos como seguidores de Moisés y en Jn 6, 60.61.66; 8,31 se refiere a los seguidores de Jesús en sentido amplio. Y finalmente, en 55 ocasiones, se refiere al grupo de los seguidores de Jesús, especialmente cuando se refiere a los Doce que aparecen en Juan cuatro veces solamente, tres de ellas en el llamado “discurso eucarístico” del Pan de vida y en una de las manifestaciones de Jesús resucitado:
En Juan, por consiguiente, tiene más relevancia el término discípulos tiene más importancia cuando se trata del grupo de estos seguidores cercanos que son los doce apóstoles, equiparándose con ellos. Hemos de reconocer, sin embargo, que no está del todo claro en este Evangelio, si se trata de los Doce o de los discípulos en general o probablemente de discípulos ideales. La abundancia de textos que tratan de ellos, intenta explicar lo que significa ser discípulos de Jesús, así como el discípulo amado y lo que él representa como discípulo ideal.
De forma que en el evangelio de San Juan los discípulos se identifican prácticamente con los creyentes. La distinción que hacen los Sinópticos (Mateo, Marcos y Lucas), entre diversos grupos de seguidores de Jesús (los Doce, otros discípulos, la gente) no es tan clara en Juan. El grupo de los Doce sólo aparece en un pasaje a lo largo de todo el evangelio (Jn 6,70-71), y no es representativo de la visión joánica del discipulado. El discípulo ideal no es Pedro, sino el Discípulo Amado, que es presentado como modelo de fe en Jesús (Jn 20,3-9.20-21).
En el Evangelio de San Juan (Jn 12,20-33), se nos cuenta que unos griegos querían ver y conocer a Jesús. El texto lo escuchamos en el 5° Domingo de Cuaresma del ciclo B (el próximo domingo 21 de marzo 2021). ¿Quiénes eran estos griegos? Vayamos al texto:
Entre los que había subido para adorar durante la fiesta, había unos griegos que se acercaron a Felipe, el de Betsaida de Galilea, y le dijeron: “Señor, queremos ver a Jesús”. Felipe fue a decírselo a Andrés, y ambos se lo dijeron a Jesús. Él les respondió: “Ha llegado la hora en que el Hijo del hombre va a ser glorificado. Les aseguro: si el grano de trigo que cae en la tierra no muere, queda solo; pero si muere, da mucho fruto.
El que tiene apego a su vida la perderá; y el que no está apegado a su vida en este mundo, la conservará para la Vida eterna. El que quiera servirme que me siga, y donde yo esté, estará también mi servidor. El que quiera servirme, será honrado por mi Padre. Mi alma ahora está turbada., Y ¿qué diré: “Padre, líbrame de esta hora? ¡Sí, para eso he llegado a esta hora! ¡Padre, glorifica tu Nombre!”. Entonces se oyó una voz del cielo: “Ya lo he glorificado y lo volveré a glorificar”.
La multitud que estaba presente y oyó estas palabras, pensaba que era un trueno. Otros decían: “Le ha hablado un ángel”. Jesús respondió: “Esta voz no se oyó por mí, sino por ustedes. Ahora ha llegado el juicio de este mundo, ahora el Príncipe de este mundo será arrojado afuera; y cuando yo sea levantado en alto sobre la tierra, atraeré a todos hacia mí”. Jesús decía esto para indicar cómo iba a morir.
"Señor, queremos ver a Jesús"
Se trata de una pregunta que hacen algunos "griegos" a Felipe. De ellos se dice que “habían subido a adorar en la fiesta". Es la fiesta de la Pascua judía. Probablemente son aquellos "temerosos de Dios" de los que se habla con frecuencia en los textos del Nuevo Testamento (ver Hech 10,1-2; 13,6); simpatizantes de la religión hebrea, aunque sin ser verdaderos judíos, pero representantes del mundo pagano.