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Adiós a un corazón con el Amazonas dentro

By Agosto 28, 2020

“Al final del camino me dirán:

-¿Has vivido? ¿Has amado?

Y yo, sin decir nada,

abriré el corazón lleno de nombres”.

 

Sí, el corazón de Mons. Pedro Casaldáliga está lleno de nombres, flores, aves, felinos, manantiales… un Amazonas entero y mucho, mucho más. El obispo del pueblo, defensor de los pueblos indígenas, falleció el sábado 8 de agosto en Batatais, Brasil, a la edad de 92 años.

Poeta, misionero claretiano y obispo, “Pere” Casaldáliga, hijo de campesinos, nació en Cataluña, España, en 1928, es decir, pasó su infancia en medio de la Guerra Civil Española.

“Muchas veces tuve que silenciar -ante los milicianos, ebrios de vino y de preguntas- el paradero de las monjas de la primera escuela o el escondite de los desertores, o el paso de cualquier cura o fraile con el nombre cambiado o indumentaria sospechosa”, dijo una vez.

Se ordenó sacerdote en 1952. Llegó a Brasil en 1968 y en 1971 fue nombrado obispo titular de São Félix do Araguaia, a partir de entonces sería el obispo del pueblo para su rebaño y el obispo rojo para sus enemigos acérrimos.

Se vinculó a la teología de la liberación, por lo cual algunas veces debió dar explicaciones al Papa. Desde su llegada comenzó su lucha a favor de los derechos de las etnias de la Amazonía y contra la violencia en el campo.

Levantó su voz de manera valiente aun cuando fuera esto fuera molesto para la dictadura militar (1964-1985) y chocara con los intereses de los terratenientes.

“Experimentó amenazas a muerte, la tortura de compañeros, enterró a centenares de campesinos e indígenas, así como logró salvarles la vida a otros tantos”, cita una publicación de VaticanNews. “Luchó por recuperar tierras para los campesinos, así como promocionó la alfabetización, educación y salud para los desposeídos de este mundo. Sus luchas por la Amazonia siguen vigentes”, agrega el artículo.

Al ver tantas necesidades y la poca acción de personas con poder para ayudar, impulsó la construcción de escuelas y clínicas. Se alió con los indígenas para defender las tierras para que no pasaran a manos de latifundistas y multinacionales interesados en su explotación.

Fue amenazado de muerte en varias ocasiones, incluso en 2012 tuvo que vivir un tiempo fuera ante la seria amenaza de asesinato, eso sí, no aceptó tener una escolta, decía que solo la aceptaría si todos los campesinos la tuvieran. “Mis causas valen más que mi vida”, decía.

El Diario La Vanguarda, recuerda que en 1976 un policía mató ante él de un tiro al jesuita João Bosco Penido. “Todos están convencidos de que creía que estaba disparando a Casaldàliga. Hasta el final de su vida no dejó de recibir amenazas de muerte”.

Fue uno de los fundadores del Consejo Indigenista Misionero (CIMI) y de la Comisión Pastoral de la Tierra de la Iglesia brasileña (CPT), así como de otras organizaciones sociales y pastorales dedicadas a la lucha por la tierra y a la defensa de los pueblos originarios.

Como escritor y poeta, fue autor o coautor de más de 100 obras traducidas a varios idiomas, que expresan sus sentimientos  y reflexiones personales y espirituales.

La celebración de un Sínodo para la Amazonía celebrado el año pasado lo llenó de alegría. Incluso un poema suyo formó parte de la Exhortación Apostólica Postsinodal, Querida Amazonía. “El Papa Francisco es un don de Dios para la Iglesia”, dijo.

 Era uno más del pueblo. Cuentan sobre sus largos viajes a caballo, en bus o a pie, sus Misas en los patios de las casas de los campesinos y sus ropas humildes.

La despedida

 

Mons. Pere Casaldáliga estaba ingresado desde el martes 4 de agosto en la Santa Casa de Batatais, aquejado de una neumonía con derrame pulmonar. De igual forma, hacía años que su estado de salud era delicado debido a que padecía de Parkinson.

En las fotografías del funeral, que se llevó a cabo bajo estrictas medidas higiénicas debido a la pandemia de Covid19, se puede ver a ciudadanos brasileños de rodillas, tomados de la cabeza, llorando la partida de quien fue su pastor.

Su funeral estuvo lleno de símbolos, el diario La Vanguardia detalla que “su féretro ha reposado sobre una canoa indígena de los Karajá con redes. Junto al ataúd también había un sombrero de paja que reemplazó a la mitra de obispo, un remo que hizo las veces de báculo y un cirio pascual como símbolo de la fe en la resurrección”.

En el mismo lugar donde él muchas veces enterró a campesinos e indígenas, la mayoría de las veces sin un ataúd, allí descansan los restos del “obispo del pueblo”, “el obispo de los pobres”, “un profeta de la esperanza”, como le han llamado. A la orilla del río, en un cementerio de los indígenas Karajá, como lo había solicitado en uno de sus poemas:

“Enterradme en el río / cerca de una garza blanca. / Lo otro ya será mío / Y aquel corriente libre / que yo, pasando, pedía, / será patria recuperada.

 

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Danny Solano Gómez

Periodista, licenciado en Producción de Medios, especializado en temas de fe católica, trabaja en el Eco Católico desde el año 2009.

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