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Jueves, 12 Marzo 2026
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Su entrega total al servicio en la Iglesia y su incansable discipulado misionero. Estas fueron dos de las principales características de Mons. Hugo Barrantes que recordaron las personas presentes en su funeral, celebrado esta mañana, en la Catedral Metropolitana Santuario Nacional San José.

Obispos activos y eméritos, clero, familiares y fieles de distintas partes del país se congregaron para dar gracias al Señor y despedir a aquel hombre sencillo, nacido en una familia campesina en San Isidro de El General, que se desgastó para llevar el mensaje de Cristo, allí donde estuviera.

Monseñor Hugo Barrantes Ureña, Arzobispo Emérito de San José quien falleció esta tarde, provenía de una familia capesina. Nació en San Isidro de El General, el 21 de mayo de 1936. El segundo de los siete hijos de don Félix Barrantes Elizondo y Argentina Ureña Chinchilla. Fue bautizado el 14 de junio de 1936 en la Iglesia Parroquial de San Isidro del General por el Padre León Nathrat C.M.

Hizo la Primera Comunión en la Solemnidad del Corpus Christi del año 1944, siendo el celebrante el Padre Bernardo Drüg C.M. La Confirmación la recibió en abril de 1945, en una visita pastoral de Monseñor Víctor Sanabria Martínez. Ambos sacramentos los recibió en la Iglesia Parroquial de San Isidro.

 

Formado en Bélgica

 

Entre 1944 y 1949 cursó sus estudios primarios en la Escuela Mixta de Ureña. Los estudios secundarios los empezó en la Escuela Complementaria de Pérez Zeledón y los terminó en el Seminario Menor de Nuestra Señora de los Ángeles en Tres Ríos. La filosofía y la teología las cursó en el Seminario Central de San José, entre 1956 a 1961.

El 19 de marzo de 1961 en la Capilla del Seminario Central fue ordenado diácono por el Arzobispo de San José, Mons. Carlos Humberto Rodríguez Quirós.

El 23 de diciembre de 1961, Mons. Delfín Quesada Castro, primer obispo de San Isidro de El General, en la primera ordenación de la nueva Diócesis, lo ordenó presbítero en la Catedral de San Isidro.

De 1962 a 1964 realizó estudios en la Universidad Gregoriana, en Roma, obteniendo la Licenciatura en Derecho Canónico.

Entre 1964 y 1965 siguió estudios en el Instituto Lumen Vitae, Bruselas, Bélgica, donde logró un diplomado en Catequesis de Adultos. En 1998 obtuvo el grado de Bachiller en Teología en la Universidad Anselmo Llorente y La Fuente.

 

Ordenación presbiteral del entonces Padre Barrantes en la Catedral de San Isidro.

 

Párroco rural

 

Luego de que se materializara el llamado del Sindicato de Médicos Especialistas (SINAME) de no realizar tiempo extraordinario (4 p.m. a 7 a.m.) a partir del pasado lunes 1 de abril en los hospitales y centros de salud de la Caja del Seguro Social, la Presidenta Ejecutiva de dicha institución, Marta Eugenia Esquivel, solicitó, a través de una carta, la mediación de la Iglesia Católica, en la persona del Arzobispo Monseñor José Rafael Quirós.

En dicha misiva, la funcionaria reconoce “la posición neutral y objetiva en pro y la defensa de la salud del enfermo, el desvalido y los necesitados” por parte de la Conferencia Episcopal.

Sin embargo, tras analizar las características del conflicto, la Iglesia comunicó que, a pesar de que se comprende y comparte plenamente la preocupación por la grave situación manifiesta en el estado de emergencia institucional, en esta ocasión no será posible dicha mediación, dada “la complejidad de la negociación”, que involucra, “demandas relacionadas con salarios, horarios, jornadas, vacaciones, riesgos del trabajo, responsabilidades, deficiencias en infraestructura y equipamiento”.

Todo ello, prosigue la respuesta ofrecida por el Padre Edwin Aguiluz, director de la Pastoral Social-Caritas, siguiendo instrucciones de Monseñor Javier Román, presidente de la Conferencia Episcopal de Costa Rica, CECOR, supondría “conformar en poco tiempo un equipo humano competente en los temas sanitarios, financieros, infraestructurales, laborales y jurídicos de la CCSS, lo cual no está a nuestro alcance”.

Se explica además que la dimensión jurídica laboral es especialmente compleja en este caso, por lo mencionado en la carta de la misma Presidenta Ejecutiva de la institución, acerca de que los temas relacionados con la remuneración salarial no serán de discusión en los espacios que abriría la Iglesia.

Mensaje de los Obispos de la Conferencia Episcopal a la Iglesia y al pueblo de Costa Rica al finalizar la CXXVII Asamblea Ordinaria 

“El amor a Dios y al prójimo es un único amor”

Cuaresma: tiempo de actuar y de detenerse ante el hermano herido

 

Los obispos de la Conferencia Episcopal de Costa Rica, reunidos los días 26 al 29 de febrero de 2024, en el Seminario Nacional Nuestra Señora de los Ángeles, compartimos nuestro sentir.

En su mensaje para la Cuaresma del presente año, el Papa Francisco nos ha recordado que “es tiempo de actuar… de detenerse en oración, para acoger la Palabra de Dios, y detenerse como el samaritano, ante el hermano herido. El amor a Dios y al prójimo es un único amor. No tener otros dioses es detenerse ante la presencia de Dios, en la carne del prójimo”.

La Iglesia, desde su origen en nuestro Señor Jesucristo, es portadora de una buena noticia: “el Espíritu del Señor está sobre mí, por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas a los pobres” (Lucas 4,18). Los discípulos del Señor se dispersaron “anunciando el evangelio del reino de Dios y el nombre de Jesucristo” (Hechos de los Apóstoles 8,12), mensaje que entraña la posibilidad de vivir según el proyecto de Dios, desde las actitudes de amor, justicia y solidaridad, tanto en el ámbito interpersonal como en el social.

Hemos querido en esta Cuaresma, en consonancia con la invitación del Papa Francisco, reflexionar sobre nuestra realidad desde la visión del desarrollo humano integral al que nos invitó san Pablo VI, en su encíclica Populorum progressio. Dicho desarrollo se concibe como el resultado de una dinámica social que permita que el ser humano vaya alcanzando cada vez más plenitud de vida, conforme con su elevada dignidad. Nos referimos a este tema fundamentados en que “la Iglesia está llamada a promover el desarrollo integral del hombre a la luz del Evangelio. Este desarrollo se lleva a cabo mediante el cuidado de los inconmensurables bienes de la justicia, la paz y la protección de la creación”. (Papa Francisco, Carta al Dicasterio Desarrollo Humano)

Como pastores, sentimos el deber de reflexionar sobre el desarrollo humano de Costa Rica y de la población de cada una de nuestras diócesis, atendiendo a sus desafíos, tanto en lo que debemos superar como en lo que debemos potenciar. Destacamos algunos aspectos de nuestra evaluación del actual modelo de desarrollo del país.

 

Aspectos que limitan el desarrollo humano integral

Mirar el desarrollo costarricense solamente desde indicadores económicos sería un error. Ya el Papa san Juan XXIII afirmó que “el desarrollo económico y el progreso social deben ir juntos y acomodarse mutuamente, de forma que todas las categorías sociales tengan participación adecuada en el aumento de la riqueza de la nación" (Mater et magistra, 73).

El país cerró el año pasado con una de las mejores tasas de crecimiento económico de la región latinoamericana: primer lugar mundial de atracción de inversión extranjera directa en proporción al tamaño de nuestra economía; reducción de la deuda pública respecto del producto interno bruto; reducción de la tasa de desempleo; país con la menor tasa de inflación de la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económico OCDE; crecimiento sobresaliente en sus exportaciones, incluidas las exportaciones agrícolas; con un gran prestigio, al punto de haber sido declarados como el “destino turístico del 2024”[1].

Pero, lamentablemente, hay evidencias de que no marchamos decididamente hacia un mayor desarrollo humano integral:

Los obispos de la Conferencia Episcopal de Costa Rica

ante el aumento de la violencia homicida en nuestro país

“¿Qué has hecho? ¡Escucha! La sangre de tu hermano grita hacia mi”

Gén 4,10

 

Hermanos y hermanas en Cristo Jesús

Hoy nuestra palabra brota entristecida por la gravísima situación que atraviesa nuestro país. Cerramos el 2023 con un aumento histórico de homicidios, llegando a contabilizar 907 asesinatos y, apenas en estos primeros días del 2024, somos testigos de horrendos nuevos crímenes que nos estremecen el corazón y nos motivan a asumir una posición firme y clara.

En particular, manifestamos nuestra cercanía con las comunidades que más sufren este flagelo, a saber, nuestras costas, tanto del Pacífico como del Caribe, así como de San José, nuestra ciudad capital, convertidas en escenarios casi cotidianos de balaceras y “ajustes de cuentas”.

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