“Mi padres me transmitieron la fe desde muy pequeño. Mi abuelo materno también jugó un papel muy importante en mi formación, ya que me llevaba a mis hermanos y a mí a participar de actividades de la Iglesia. A los 14 años, un amigo me invitó a formar parte de un proyecto que buscaba crear una comunidad juvenil en Pueblo Nuevo de Limón. Por diversas circunstancias, sin esperarlo, asumí el liderazgo del grupo durante más de cinco años.
El grupo se llamó JOVIC (Jóvenes Viviendo para Cristo) y continúa activo gracias a Dios. Allí descubrí dones y carismas que Dios había puesto en mí para ponerlos al servicio de la Iglesia y los jóvenes. La Pastoral Juvenil ha significado una de las experiencias más importantes y transformadoras de mi vida.
Durante más de diez años tuve la oportunidad de servir en diferentes responsabilidades, crecí poco a poco en mi compromiso pastoral, desde líder de comunidad juvenil hasta asumir el servicio como Delegado Diocesano de la Pastoral Juvenil de Limón, el cual finalicé en el 2025.
La Pastoral Juvenil fue para mí una verdadera escuela de vida. Allí aprendí a escuchar, acompañar, animar, trabajar en equipo y comprender que el liderazgo cristiano se construye desde el servicio y no desde los títulos o cargos.
Aprendí también a confiar en Dios en medio de los momentos difíciles, cuando los recursos parecían insuficientes o cuando los desafíos parecían más grandes que nuestras capacidades.
Son muchos los momentos que me han marcado; sin embargo, lo que más ha tocado mi corazón ha sido ver cómo Dios transforma vidas. Acompañé jóvenes en sus procesos de fe, los vi descubrir sus dones, superar dificultades, asumir responsabilidades en la Iglesia y encontrarse con Cristo. Eso ha sido uno de los regalos más grandes que me ha dejado este servicio.
La Pastoral Juvenil me enseñó que evangelizar no es solamente hablar de Dios, sino hacerlo presente a través del testimonio, la cercanía, la escucha y el amor al prójimo. Gran parte de la persona que soy hoy, tanto en mi vida personal como en mi vida de fe, ha sido moldeada por todo lo que viví dentro de la Pastoral Juvenil.
A cualquier joven que quiera participar de la Pastoral Juvenil le diría que no tenga miedo de dar el paso. Talvez llegue buscando nuevas amistades o una actividad diferente, pero puede terminar encontrando algo mucho más grande: un encuentro personal con Cristo que transforme su vida y le dé un sentido más profundo a sus sueños, decisiones y proyectos.
Ese sería, para mí, el fruto más hermoso del DNJ: una juventud transformada por el amor de Dios y comprometida con la construcción de una Iglesia cada vez más viva, misionera y cercana a todos”.
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