La jornada inició con la celebración de la Santa Eucaristía en la parroquia Nuestra Señora del Sagrado Corazón, en Llorente de Tibás, presidida por Mons. José Manuel Garita Herrera, obispo de Ciudad Quesada y presidente de la Comisión Nacional de Pastoral del Clero.
Inspirado en el pasaje evangélico de la tempestad calmada (Mt 8, 23-27), el obispo dirigió un mensaje de consuelo y esperanza a los sacerdotes nicaragüenses, comparando la experiencia del exilio con la travesía de la barca sacudida por las olas, pero sostenida siempre por la presencia de Cristo.
«Muchos de ustedes han conocido en carne propia la experiencia de la tormenta. Han debido dejar su tierra, sus familias, sus parroquias, sus comunidades y sus proyectos pastorales. Nadie abandona fácilmente la tierra donde ha descubierto su vocación y donde ha acompañado al pueblo de Dios», expresó durante la homilía.
Mons. Garita recordó que, aunque el dolor y la incertidumbre forman parte del camino, el Evangelio ofrece una certeza que sostiene la esperanza: «Cristo permanece en la barca». Por ello animó a los sacerdotes a no dejarse vencer por el miedo y a renovar su confianza en el Señor, quien nunca abandona a su Iglesia.
Asimismo, manifestó la solidaridad de la Iglesia que peregrina en Costa Rica con el pueblo de Nicaragua, elevando una oración por sus diócesis, obispos, sacerdotes, religiosos, seminaristas y por todas las familias que hoy experimentan el sufrimiento y la separación.
Uno de los momentos más significativos de la homilía fue el reconocimiento al valioso servicio pastoral que los sacerdotes nicaragüenses prestan actualmente en diversas diócesis y parroquias costarricenses.
«La Iglesia que peregrina en Costa Rica quiere decirles que no están solos. Los hemos acogido fraternalmente porque reconocemos en ustedes a hermanos en el sacerdocio. Su presencia ha enriquecido a nuestra Iglesia y nos ha recordado que la catolicidad se expresa también en la solidaridad y en la comunión entre las Iglesias», afirmó el prelado.
En nombre de la Conferencia Episcopal de Costa Rica, de las Comisiones Nacionales de Pastoral del Clero y de Pastoral de Movilidad Humana, Mons. Garita reiteró el compromiso de seguir caminando junto a los sacerdotes migrantes, escuchando sus preocupaciones, compartiendo sus esperanzas y acompañándolos en este tiempo particular de sus vidas y de su ministerio sacerdotal.
El obispo concluyó su reflexión recordando que la historia de la salvación demuestra que las pruebas nunca tienen la última palabra. «La última palabra no la tiene la tormenta; la tiene Cristo. La última palabra no es el miedo, sino la esperanza», expresó, invitando a mantener viva la fe, fortalecer la fraternidad sacerdotal y confiar plenamente en el Señor.
La jornada continuó con un espacio de encuentro fraterno entre los sacerdotes participantes, favoreciendo el diálogo, la escucha mutua y el fortalecimiento de los vínculos de comunión entre quienes hoy ejercen su ministerio lejos de su patria, pero acogidos por la Iglesia en Costa Rica.
Este encuentro forma parte del compromiso pastoral de la Conferencia Episcopal de Costa Rica por acompañar a los sacerdotes migrantes, promoviendo una Iglesia que acoge, protege, integra y camina solidariamente con quienes viven la experiencia del desplazamiento forzado, fortaleciendo la comunión entre las Iglesias hermanas de Centroamérica.
















