La primera encíclica del Papa León XIV, Magnifica Humanitas contiene referencias de autores como el escritor inglés J.R.R. Tolkien, la filósofa alemana Hannah Arendt y el psiquiatra austriaco Viktor Frankl.
Menciona también obras como la Novena Sinfonía de Beethoven, la pintura Guernica de Picasso y el filme La lista de Schindler, dirigido y coproducido por Steven Spielberg. No obstante, no es la primera vez que el Sucesor de Pedro acude a referencias de escritores y artistas seculares o de la cultura popular.
En su momento, Benedicto XVI citó en su magisterio al filósofo alemán Friedrich Nietzsche, quien era profundamente ateo, específicamente en la Encíclica Deus Caritas Est; y al poeta romano Virgilio, quien era pagano, en la Encíclica Spe Salvi.
Por su parte, el Papa Francisco mencionaba a menudo a Fiódor Dostoievski, hombre de profunda fe cristiana ortodoxa rusa, como lo hizo en la Encíclica Lumen Fidei, al filósofo francés Jean Paul Ricœur en Laudato Si´ y al escritor argentino Jorge Luis Borges, en la Exhortación Amoris Laetitia, por dar algunos ejemplos.
El mismo San Pedro se apoyó en referencias culturales y expresiones populares para transmitir su mensaje. Así, en 2 Pedro (2, 4) alude al Tártaro, que en la mitología griega representaba el abismo más profundo. Lo hizo para hablar de cuando los ángeles rebeldes fueron arrojados a los infiernos. San Pablo por su parte, como es conocido, poseía un amplio bagaje cultural y justamente menciona poetas de la antigua Grecia, como Epiménides y Menandro, en su famoso discurso del Areópago.
Si bien Pablo no creía en la mitología pagana, encontraba fragmentos de verdad en la cultura y la filosofía grecorromana, así como aspectos que le servían para divulgar el mensaje de Cristo.
Por lo demas, en Magnifica Humanitas en realidad aparecen más de 200 citas, sobre todo de papas anteriores y documentos de la Iglesia.
El Señor de los Anillos
J.R.R. Tolkien fue un hombre profundamente católico, su gran obra. El Señor de los Anillos, fue descrita por él mismo como “una obra fundamentalmente religiosa y católica” aunque no aparezcan referencias directas a la fe cristiana.
El Papa León XIV toma unas palabras pronunciadas en la novela por el personaje llamado Gandalf en El Retorno del Rey, que hablan sobre la responsabilidad de cada uno: “No nos atañe a nosotros dominar todas las mareas del mundo, sino hacer lo que está en nuestras manos por el bien de los días que nos ha tocado vivir, extirpando el mal en los campos que conocemos, y dejando a los que vendrán después una tierra limpia para la labranza”.
Dicho fragmento aparece en el numeral 213 de su primera encíclica Magnifica Humanitas. El Sucesor de Pedro explica con esta frase que “la civilización del amor no nace de un gesto único y espectacular, sino de una suma de fidelidades pequeñas y tenaces, que hacen frente a la deshumanización”.
“Por eso -añade el pontífice- vale la pena detenerse y considerar algunos aspectos de cómo, cada uno en su ámbito, podemos colaborar en su construcción”. A continuación ofrece cinco vías de responsabilidad cotidiana y pública: desarmar las palabras, construir la paz en la justicia, asumir la mirada de las víctimas, cultivar un sano realismo y relanzar el diálogo y el multilateralismo” (Mh, 213).
Arendt y “la banalidad del mal”
La filósofa judía alemana, Hannah Arendt, es considerada una de las pensadoras políticas más influyentes del siglo XX. Es conocida por acuñar el concepto de “banalidad del mal” durante la cobertura de los Juicios de Nuremberg, llevados a cabo contra altos mandos nazis después de la Segunda Guerra Mundial.
Ella explicaba que el mal no necesariamente surge de seres humanos monstruosos, sino que puede aparecer en personas comunes y corrientes, capaces de cometer crímenes atroces por mera sumisión y falta de pensamiento crítico, como burócratas que solo se limitan a cumplir órdenes sin cuestionarlas.
León XIV habla de que el desinterés por la verdad conduce lenta pero inexorablemente hacia el totalitarismo. De ahí que toma una cita del famoso libro de Arendt, Los Orígenes del Totalitarismo, donde la filósofa expone que los súbditos ideales no son tanto aquellos ideológicamente convencidos, sino “las personas para quienes ya no existe la distinción entre el hecho y la ficción (es decir, la realidad de la experiencia) y la distinción entre lo verdadero y lo falso (es decir, las normas del pensamiento)”.
Viktor Frankl: el amor en medio del mal
El libro autobiográfico, “El hombre en busca de sentido”, narra como Viktor Frankl hizo frente al horror de los campos de concentración nazis y a la pérdida de sus seres queridos.
Frankl, neurólogo, psiquiatra y filósofo austríaco, desarrolla su teoría psicológica sobre la “voluntad de sentido”, es decir, la capacidad del ser humano para soportar el sufrimiento extremo y las peores condiciones si se tiene una motivación para vivir.
El Papa León XIV reflexiona acerca de que el ser humano se deshumaniza y provoca tragedias, pero aun en esos momentos siempre hay una pequeña luz que sigue brillando en la humanidad y es capaz de reavivar con la gracia de Dios.
El numeral 121, dice: “Viktor Frankl decía justamente que en los momentos de horror “hemos llegado a conocer al hombre en estado puro: el hombre es ese ser capaz de inventar las cámaras de gas de Auschwitz, pero también es el ser que ha entrado en esas mismas cámaras con la cabeza erguida y el Padrenuestro o el Shemá Israel en los labios”.
Más adelante, el Sucesor de Pedro expone que la cultura y el arte, cuando son auténticos, custodian esta chispa, impidiendo la normalización del mal (Mh,122). “De ese modo, algunas obras han asumido un valor casi profético: la Novena Sinfonía de Beethoven como deseo de unidad; Guernica como denuncia de la deshumanización; La lista de Schindler como una invitación a no entregar el pasado al olvido” (Mh,122).
















