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Premio Nobel de la Paz, costarricense Carlos Umaña: “O es el fin de las armas nucleares o es nuestro fin”

By Junio 26, 2024
Carlos Umaña fue uno de los invitados del Papa Francisco al Encuentro Mundial sobre Fraternidad Humana Carlos Umaña fue uno de los invitados del Papa Francisco al Encuentro Mundial sobre Fraternidad Humana Vatican

Ha recibido dos veces el Premio Nobel de la Paz como miembro de dos organizaciones. Fue copresidente de la Asociación Internacional de Médicos para la Prevención de la Guerra Nuclear, Premio Nobel de la Paz en 1985; y es directivo de la Campaña Internacional para abolir las Armas Nucleares, ganadora del mismo reconocimiento en 2017.

Se trata del costarricense Carlos Umaña, exdirector del Ministerio de Salud en Costa Rica y exfuncionario de la Caja Costarricense del Seguro Social (CCSS). También es fundador del grupo Artistas por la Paz (2014).

Recientemente fue invitado por el Papa Francisco al Encuentro Mundial sobre Fraternidad Humana, evento al que fueron convocados cerca de 30 premios nobel, así como destacadas figuras de la ciencia, la política, el arte y el deporte, entre otras áreas.

Con motivo de su participación, Eco Católico aprovechó para conversar con él acerca de su lucha por el desarme nuclear. Umaña cree que así como se abolió la esclavitud, al menos de manera legal, el mundo debe librarse de las armas nucleares. Para él no se trata de una simple utopía, sino de una decisión evidente: “O es el fin de las armas nucleares o es nuestro fin”, dice.

“Fue de mucha ilusión, estar con el Papa Francisco, conocerlo. Yo tengo un espíritu franciscano y le tengo mucha admiración al Papa por todo lo que ha logrado”. Carlos Umaña Costarricense, Premio Nobel de la Paz

¿Qué destaca del encuentro convocado por el Papa Francisco?

Esta es la segunda edición. El año pasado fue la primera, organizada por la Fundación Fratelli Tutti, y también participé. Es algo totalmente fuera de lo común, se realiza dentro del Museo del Vaticano, llegan personas que uno ha admirado por mucho tiempo, estar en esa mesa frente a frente y conversar con ellos es extraordinario. De este encuentro saldrán dos declaraciones, una de las cuales va a ser leída por el Papa Francisco.

Hay mucho que destacar, como el esfuerzo para aglomerar a diferentes fuerzas que luchan por la paz y visibilizar su labor. Hacer notar esto en tiempos tan convulsos es muy importante. Por ejemplo, en el conflicto de Ucrania ha faltado diplomacia, tanto como para prevenir como una vez iniciado el conflicto bélico.

También quiero destacar la importancia de tener una plataforma, no solo para emitir una declaración con una serie de valores en los que todos estamos de acuerdo, sino para trabajar de manera conjunta y construir redes a favor de la paz.

Personalmente, para mí fue de mucha ilusión, estar con el Papa Francisco, conocerlo. Yo tengo un espíritu franciscano y le tengo mucha admiración al Papa por todo lo que ha logrado.

¿Cuál es el impacto que puede tener una bomba nuclear?

De esto se sabe mucho porque se han detonado bombas sobre Hiroshima y Nagasaki (1945), pero después de eso se han detonado 2060 en ensayos nucleares, de paso estas han tenido un impacto sobre el ambiente y las personas que viven cerca, por ejemplo, comunidades de indígenas y otras que viven en el Pacífico, Arizona, Nuevo México, Argelia, China, India… han sufrido a causa de este tipo de pruebas.

¿Qué pasaría con una detonación? La Bomba de Hiroshima tenía una potencia de 16 kilotones, un kilotón equivale a una tonelada de dinamita. En Hiroshima murieron 70 mil personas de manera inmediata y 140 mil más como consecuencia de la radiación.

En la actualidad, como ocurrió allí, los supervivientes sufrirían lo que se conoce como Radiación Aguda, un padecimiento sumamente doloroso, que conlleva la degradación de los órganos vitales, su sangre deja de funcionar, se desangran hasta morir; el sistema nervioso, cardiovascular y digestivo prácticamente se destruyen; el abdomen se les destroza... La mayor parte de los hospitales y la infraestructura de comunicación estará destruida. No habrá caminos, ya que las calles quedarían borradas. La mayoría de las personas capacitadas en salud habrá muerto, (solo en Hiroshima murieron el 90% de los médicos y enfermeros) y los que quedaran vivos no contarían con equipo médico para atender pacientes. Por efecto de la radiación, el personal de salud no podría entrar en el área, tendría que esperar unas 72 horas. Es decir, los supervivientes tendrían que padecer todos esos males a solas. A largo plazo, padecerán cáncer y otras enfermedades asociadas.

Todo esto en el caso de una bomba como esas que se lanzaron en Japón. Las bombas actuales tienen aun mayor potencia y la densidad poblacional de las ciudades es mucho mayor que hace 80 años. Actualmente, una bomba atómica sencilla tiene una potencia de 100 kilotones, esto equivale a unas seis “bombas de Hiroshima”. Podrían devastar una ciudad como Washington o Moscú, cientos de miles de personas morirían de manera inmediata y muchísimos más sufrirían por el impacto de la radiación.

El llamado “Reloj del Apocalipsis” dice que estamos a 90 segundos de la medianoche. ¿Hay más riesgo de una guerra de este tipo que durante la Guerra Fría?

El Reloj del Apocalipsis es un mecanismo pedagógico que se sacó de la manga el boletín de científicos atómicos para comunicar el riesgo existente. Fue formado por varios científicos que trabajaron en el Proyecto Manhattan (donde se creó la Primera Bomba Atómica). A lo largo de los años ha tenido una membresía muy destacada. Sacaron este Reloj en 1947 y anualmente comunican cuál es el riesgo de una destrucción catastrófica en segundos para la medianoche.

En 1962-63, cuando ocurrió la Crisis de los Misiles (conflicto diplomático entre Estados Unidos y la Unión Soviética) se marcaron 12 minutos para la medianoche. Varios países, incluido Suiza, incorporaron en su legislación la obligación del Estado de construir búnkeres para toda la población. En la década de 1980, ocurrió lo que se denominó como las Star Wars (Guerra de las Galaxias), cuando se dio un salto tecnológico que implicó un riesgo alto, paralelamente a un aumento de la retórica entre Estados Unidos y la Unión Soviética, en esa ocasión el Reloj marcó 3 minutos para la media noche. Con el fin de la Guerra Fría se calcularon 17 minutos para la medianoche.

La más reciente medición marcó 90 segundos para la medianoche. Es el riesgo más alto de la historia. Esto se debió principalmente a tres factores: la retórica incendiaria de líderes de estados nucleares y la ligereza con la que hacen amenazas nucleares; el segundo factor es la crisis climática, esto agrava y genera conflictos regionales por recursos y tierra; el tercero es la posibilidad de detonaciones accidentales. Sabemos que solamente con el arsenal nuclear de Estados Unidos ha habido más de mil accidentes. En seis ocasiones, de lo que públicamente sabemos, se ha estado apunto de una Guerra Nuclear por accidente.

Actualmente, en el mundo hay 12.500 ojivas nucleares y de estas hay 2.000 en estado de alerta máxima, es decir, pueden ser detonadas en cuestión de un minuto, básicamente se activa la orden de detonación y en 60 segundos están volando.

Dos tercios de los países de la ONU apoyaron el Tratado sobre la Prohibición de las Armas Nucleares, ¿Pero qué impacto tiene sobre las potencias nucleares que se niegan a aceptarlo?

No van a querer así nada más. Hace falta un cambio de paradigma, cambiar el discurso. Cuando cambió el contexto de la Guerra Fría y había baja tensión era un momento ideal. Sin embargo, las armas nucleares se convirtieron en un símbolo de estatus, una moneda de poder, el gran prestigio al ser una potencia nuclear. En 1996, cuando India consiguió la bomba nuclear, un político dijo que hicieron esos ensayos nucleares porque en India no eran eunucos (una manera de decir que no eran sirvientes de nadie).

Sin embargo, no se trata de seguridad o de proyección de poder. No son armas prácticas, en el sentido que no están hechas para blancos militares específicos, no respetan fronteras, no se pueden controlar sus usos. Es un acto suicida porque no hay manera de asegurar que estas no puedan ser usadas en su propia contra.

Luego está el argumento de la disuasión, de ´no me vas a atacar porque yo tengo un garrote más grande´. Sin embargo, el problema con la disuasión es que se cae en un absurdo, ¿Por qué entonces tenerlas si no se van a utilizar?

Las armas nucleares no son un activo, no son algo a tener, es algo que se rechaza, porque es un peligro. Como en su momento la abolición esclavitud, cuando se empezó a abolir era permitida y justificada en otros países del mundo, pero se fue estigmatizando y dejó de ser legal.

Ha pasado con otras armas de destrucción masiva, como las minas terrestres o las armas químicas. Actualmente no hay países que se jacten de decir que tienen armas biológicas, porque hay una condena moral a nivel internacional.

Será difícil que un país como Estados Unidos o Rusia decida dejar de tener armas nucleares cuando países “enemigos” podrían usarlas para atacarlos. ¿Es utópico pensar en el fin de las armas nucleares?

Yo diría que no es un utópico, si vemos el riesgo actual, hoy es el fin de las armas nucleares o es nuestro fin, no es un lujo verlo como algo irreal o fantasioso, porque lo necesitamos para que la civilización continúe.

Creo que puede funcionar porque he visto este cambio, cuando empezamos a trabajar en este Tratado, Costa Rica nos dio mucho espacio, el Ministerio de Relaciones Exteriores nos dio cabida y comenzamos a hablar de la prohibición en el 2013. En ese momento éramos considerados algo así como hippies, nadie mencionaba la palabra prohibición en los foros de armas nucleares, pero con el tiempo se logró tener el apoyo de dos tercios de los países miembros. El hecho de ser optimista no me hace poco realista. Las personas que creen que el cambio es posible son las que pueden lograr este cambio.

Hay que creer en el multilateralismo. Se trata de construir puentes y mejores relaciones entre los países. Esto lo necesitamos para otras crisis, como la crisis climática. No es solo construir un mundo sin armas nucleares, es construir otra forma de relacionarlos.

Precisamente, un nuevo modelo de relaciones humanas es algo que rescato de lo conversado en el Encuentro sobre Fraternidad Humana de la Santa Sede y que fue uno de los ejes centrales.

 

 

Danny Solano Gómez

Periodista, licenciado en Producción de Medios, especializado en temas de fe católica, trabaja en el Eco Católico desde el año 2009.

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