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La mejor herencia de un padre es la sabiduría del corazón

By Junio 16, 2024

Este domingo se celebra el Día del Padre, una ocasión de reunión familiar para agradecer y felicitar a los papás. También desde luego, es una fecha para recordar aquellos padres que han fallecido y elevar a Dios una oración por su eterno descanso.

En muchos hogares este día se aprovecha para destacar las virtudes de los padres, su ejemplo de lucha, entrega y sacrificio. En otros, más bien, su ausencia genera sentimientos encontrados. Sobre estas realidades se refirió el Papa en enero del año 2015, cuando desarrolló una serie de catequesis sobre la familia.

Precisamente hablando de los papás, el Papa hizo notar que “padre” es una palabra con un especial valor para nosotros, los cristianos, porque es el nombre con el cual Jesús nos enseñó a llamar a Dios. “Padre” es, pues, una palabra conocida por todos, porque indica una relación fundamental cuya realidad es tan antigua como la historia del hombre.

La paradoja es que hoy se ha llegado a afirmar que nuestra sociedad es una “sociedad sin padres”, es decir, que la figura del padre estaría simbólicamente ausente, desviada o desvanecida.

“Los padres están algunas veces tan concentrados en sí mismos y en su trabajo, y a veces en sus propias realizaciones individuales, que olvidan incluso a la familia. Y dejan solos a los pequeños y a los jóvenes”, señala el Papa, alertando que la ausencia de la figura paterna en la vida de los pequeños y de los jóvenes produce lagunas y heridas que pueden ser incluso muy graves.

“El sentimiento de orfandad que viven hoy muchos jóvenes es más profundo de lo que pensamos. Son huérfanos en la familia, porque los padres a menudo están ausentes, incluso físicamente, de la casa, pero sobre todo porque, cuando están, no se comportan como padres, no dialogan con sus hijos, no cumplen con su tarea educativa, no dan a los hijos, con su ejemplo acompañado por las palabras, los principios, los valores, las reglas de vida que necesitan tanto como el pan”, señala Francisco.

 

La mejor herencia

 

Por este motivo, para el Papa, la mejor herencia de un padre se expresa en el libro de los Proverbios: “Hijo mío, si se hace sabio tu corazón, también mi corazón se alegrará. Me alegraré de todo corazón si tus labios hablan con acierto” (Pr 23, 15-16).

No se podría expresar mejor, apunta Francisco, el orgullo y la emoción de un padre que reconoce haber transmitido al hijo lo que importa de verdad en la vida, o sea, un corazón sabio. Este padre no dice: “Estoy orgulloso de ti porque eres precisamente igual a mí, porque repites las cosas que yo digo y hago”.

No, no le dice sencillamente algo. Le dice algo mucho más importante, que podríamos interpretar así: “Seré feliz cada vez que te vea actuar con sabiduría, y me emocionaré cada vez que te escuche hablar con rectitud. Esto es lo que quise dejarte, para que se convirtiera en algo tuyo: el hábito de sentir y obrar, hablar y juzgar con sabiduría y rectitud. Y para que pudieras ser así, te enseñé lo que no sabías, corregí errores que no veías. Te hice sentir un afecto profundo y al mismo tiempo discreto, que tal vez no has reconocido plenamente cuando eras joven e incierto. Te di un testimonio de rigor y firmeza que tal vez no comprendías, cuando hubieses querido sólo complicidad y protección. Yo mismo, en primer lugar, tuve que ponerme a la prueba de la sabiduría del corazón, y vigilar sobre los excesos del sentimiento y del resentimiento, para cargar el peso de las inevitables incomprensiones y encontrar las palabras justas para hacerme entender. Ahora -sigue el padre-, cuando veo que tú tratas de ser así con tus hijos, y con todos, me emociono. Soy feliz de ser tu padre”.

“Un padre sabe bien lo que cuesta transmitir esta herencia: cuánta cercanía, cuánta dulzura y cuánta firmeza. Pero, cuánto consuelo y cuánta recompensa se recibe cuando los hijos rinden honor a esta herencia. Es una alegría que recompensa toda fatiga, que supera toda incomprensión y cura cada herida”, asegura el Papa.

La primera necesidad, por lo tanto, es precisamente esta: que el padre esté presente en la familia. Que sea cercano a la esposa, para compartir todo, alegrías y dolores, cansancios y esperanzas. Y que sea cercano a los hijos en su crecimiento: cuando juegan y cuando tienen ocupaciones, cuando son despreocupados y cuando están angustiados, cuando se expresan y cuando son taciturnos, cuando se lanzan y cuando tienen miedo, cuando dan un paso equivocado y cuando vuelven a encontrar el camino; padre presente, siempre.

Decir presente -aclara- no es lo mismo que decir controlador, porque los padres demasiado controladores anulan a los hijos y no los dejan crecer.

Laura Ávila Chacón

Periodista, especializada en fotoperiodismo y comunicación de masas, trabaja en el Eco Católico desde el año 2007.

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