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Lunes, 14 Septiembre 2026
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¿Qué es la objeción de conciencia?

By Mons. Vittorino Girardi S. Septiembre 14, 2026

“Monseñor, me ha llegado en comentario que la Sala Constitucional se ha pronunciado en favor de la objeción de conciencia. Todos entendemos, aunque más o menos, lo que pueda significar la expresión “objeción de conciencia”, pero quedé sorprendido cuando me enteré que la misma Sala Constitucional se ha pronunciado en favor, acerca de ella. Quisiera, Monseñor, poseer una idea suficientemente clara acerca de lo que debemos entender por objeción de conciencia y luego, ver con claridad, por qué ella amerite que se pronuncie en su favor, nada menos que la Sala Constitucional, hablando de lo que llamamos “derecho a la objeción de conciencia”. Una vez más, Monseñor, muchas gracias por su amable atención”.

Leonardo Rodríguez M. - Heredia

 

Su comentario, estimado Leonardo me ha suscitado recuerdos en relación con hechos muy importantes y edificantes, referentes al trascendental tema de la objeción de conciencia.

De entre ellos, el primero que recordé se refiere a Santo Tomás Moro… Su hija Margarita, le escribe a él, prisionero en la torre de Londres, en espera de la ejecución, y le suplica con la ternura de hija para que él firme el acto de supremacía con que el rey Enrique VIII de Inglaterra había establecido que ya no era el Papa de Roma la autoridad suprema de la Iglesia de Inglaterra, sino él y sus sucesores. Margarita le suplicaba al papá para que también él aceptara con firma esa decisión, como habían hecho casi todas las mismas autoridades eclesiásticas y, aún más, las civiles; y que así no la dejara huérfana y no dejara a su esposa viuda. No había alternativa: o firmaba o debía subir al cadalso para la ejecución mortal.

Tomás Moro le contestó: Lo sé, hija, que tú tienes a toda la Iglesia de Inglaterra a tu favor, pero yo tengo conmigo a toda la Iglesia universal y, ante todo, mi conciencia.

Lo sabemos, gracias a la fidelidad a la propia conciencia, Tomás Moro fue condenado a muerte y gracias a esa fidelidad, todos los católicos lo recordamos y veneramos como Santo Tomás Moro.

Por cierto, estimado Leonardo, otro inglés, San John Henry Newman, a quien el Papa León ha declarado Doctor de la Iglesia, había nacido y había sido formado en el anglicanismo, llegó a ser profesor y pastor en la famosa Universidad de Oxford, cuando decide pasarse a la Iglesia Católica. Recibió críticas amargas e inclusive, expresiones de desprecio de parte de no pocos supuestamente amigos y admiradores, con expresiones de desconfianza de parte de algunos católicos. Sin embargo, él no tomó ninguna actitud de “resentimiento”, sino, sólo afirmó y publicó que todo eso era consecuencia de su fidelidad a su propia conciencia.

Como lo ha declarado solemnemente el mismo Concilio Vaticano II (1962-1965), en su Constitución pastoral Gaudium et Spes (Alegría y Esperanza): “La conciencia es el núcleo más secreto y el sagrario del ser humano, en el que éste se siente a solas con Dios, cuya voz resuena en el recinto más íntimo de aquella. Es la conciencia la que de modo admirable da a conocer esta ley inscrita por Dios mismo, ya que somos su imagen, y cuyo cumplimiento consiste en el amor a Dios y al prójimo” (16).

En sintonía con estas luminosas y confortantes afirmaciones, el Papa San Juan Pablo II afirmaba que “la conciencia representa la bondad fundamental del ser humano”. Esto no evita, sin embargo, que el mismo ser humano, desafortunadamente, por repetidas acciones que no están en conformidad con la voz de su conciencia, vaya como “debilitando y casi apagando” su voz y pueda llegar a la muy dolorosa situación de considerar correcto lo que, a todas luces, no lo es.

Ahora bien, si la conciencia es el “núcleo más secreto y el sagrario del ser humano”, de ello se sigue que la más auténtica expresión de respeto de la persona, equivalga al respeto de su conciencia. De ahí, entonces, nace y se alimenta lo que todos llamamos “derecho a la objeción de conciencia”. Como no cabe disponer del ser humano, tampoco cabe disponer de su conciencia.

Esta convicción ha hecho que, inclusive, en aquellas naciones en que la autoridad política ha establecido el llamado “derecho al suicidio asistido” (eutanasia), no impongan su ejecución al médico o al enfermero, que se reúse a ello, por “objeción de conciencia”…

En Holanda, para dar un caso, en que las leyes en referencia a la vida y a la familia ya no tengan nada de inspiración cristiana, el médico de familia que presente la objeción de conciencia, no es sancionado si se niega a ponerle al enfermo la inyección letal, para así matarlo.

Cuando me enteré de que nuestra Sala Constitucional optó en favor de la persona que, trabajando en el sector de la salud, por objeción de conciencia, se reusaba a realizar determinadas intervenciones médicas, espontáneamente pensé que es lo más lógico en una sociedad en que se proclama que el ser humano, toda persona, no es una cosa de la que cabe disponer, sino, alguien a quien hay que proteger y cuidar. No hay que olvidarlo: pretender disponer de la conciencia del ser humano, es pretender disponer de él mismo.

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