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Tus dudas: ¿Satanás le teme a la Virgen?

By Mons. Vittorino Girardi S. Mayo 26, 2022

“Quisiera volver sobre otras afirmaciones del conocido exorcista padre Amorth. Él asegura que Satanás le manifestó que “experimenta” más temor por María, la Madre inmaculada del Señor, que por Jesús. Y es que le humilla más a Satanás ser “vencido” por una creatura humana que por el Todopoderoso… Personalmente considero este “testimonio” de Satanás como prueba de la excelsa santidad de María y de que ella está en la gloria del Cielo, junto a su Hijo. ¡El propio “enemigo” lo reconoce! Y si es sorprendente el poder de María sobre Satanás, me pregunto, ¿cuál es el poder de Satanás sobre nosotros? El experto en Demonología, padre F. Fortea asegura que Satanás no puede leer nuestros pensamiento, ¿es eso verdad? Muchas gracias y saludos”.

 

José Pablo Blanco - Argentina

 

Estimado don José Pablo, con gusto vuelvo a la serie de sus comentarios y preguntas. La afirmación del padre Amorth acerca del poder de María Inmaculada sobre Satanás, poder reconocido por el mismo demonio, ha ido circulando en los varios informativos católicos. Es verdad, nos sorprende esa afirmación, pero la reconocemos del todo lógica. María, concebida sin pecado original, la “toda Santa”, como se le llama e invoca en la tradición oriental es la que aplasta la cabeza de la “progenie de Satanás” (cfr. Gén. 3, 15). Es verdad, la profecía del Génesis que acabamos de recordar, se refiere directamente a “la descendencia de la mujer” y, entonces, a Jesús que derrotó a Satanás; realmente le aplastó la cabeza, cuando le venció en el desierto, con ocasión de las tentaciones, luego expulsaba a los demonios y proclamaría solemnemente, que “el príncipe de este mundo ha sido echado afuera” (Jn 12, 31).

Sin embargo, María, precisamente porque es su Madre, ella la Nueva Eva, perfectamente unida a Jesús, con Él aplasta la cabeza de Satanás. La santidad inmaculada le confiere a María, aunque criatura, un poder único sobre el mal y sobre Satanás.

Si este es el poder de María sobre el demonio, ¿cuál es el poder de éste sobre nosotros?, me pregunta usted, don José Pablo.

Al respecto, es muy conveniente volver al Nuevo Catecismo de la Iglesia Católica, publicado en 1983, con la autorización de San Juan Pablo II.

Ahí, en el numeral 394, leemos: “la Escritura atestigua la influencia nefasta de aquel a quien Jesús llama “homicida desde el principio” (Jn 8, 44), y que incluso intentó apartarlo de la misión recibida del Padre (cfr. Mt 4, 1-11). Pero, “el Hijo de Dios se manifestó para deshacer las obras del diablo” (1Jn 3, 8). La más grave en consecuencias, de estas obras, ha sido la seducción mentirosa que ha inducido al hombre a desobedecer a Dios”.

“Sin embargo, el poder de Satanás -nos recuerda el mismo Catecismo- no es infinito. Él no es más que una creatura, poderosa por el hecho de ser espíritu puro, pero siempre creatura: no puede impedir la edificación del Reino de Dios. Aunque Satanás actúe en el mundo por odio contra Dios y su Reino en Jesucristo, y aunque su acción cause graves daños, de naturaleza espiritual e indirectamente incluso  de naturaleza física, en cada persona y en la sociedad, esta acción es permitida por la divina providencia que con fuerza y dulzura dirige la historia del ser humano y del mundo” (395).

Quiero enfatizar esa importante afirmación: “el poder de Satanás no es infinito; no es más que una creatura”… En el capítulo 4 del Génesis, se nos refiere un breve diálogo entre Dios y Caín. Éste estaba triste y amargado por la envidia que le llevaba a rechazar a su hermano Abel. Y Dios le pregunta a Caín: ¿por qué estás triste y se ha abatido tu rostro?, ¿no es cierto que si obras bien podrás alzarlo? […] A la puerta está el pecado acechando como fiera que te codicia, a quien tú tienes que dominar” (Gén 4, 6). El Diablo es como león rugiente, buscando a quien devorar, “resístanle firmes en la fe”, leemos en la primera carta de San Pedro (cfr. 1 Pe 5, 8). En las dos breves lectura citadas, se nos afirma muy claramente que el diablo “puede” con nosotros, es decir, nos controla, nos daña, si nosotros se lo permitimos… si le abrimos la puerta. Siempre nos deben resonar dentro las palabras de Dios a Caín: “Tú lo puedes dominar”, y para eso contamos siempre con la ayuda (gracia) de Jesús mismo, si se la pedimos, como él nos lo ha enseñado: “¡No nos dejes caer en la tentación, más líbranos del Maligno!”

 

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