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I Domingo de Adviento: "Se acerca su liberación"

By Redacción Noviembre 25, 2021

Del santo Evangelio según san Lucas

21, 25-28. 34-36

 

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Habrá señales prodigiosas en el sol, en la luna y en las estrellas. En la tierra, las naciones se llenarán de angustia y de miedo por el estruendo de las olas del mar; la gente se morirá de terror y de angustiosa espera por las cosas que vendrán sobre el mundo, pues hasta las estrellas se bambolearán. Entonces verán venir al Hijo del hombre en una nube, con gran poder y majestad. Cuando estas cosas comiencen a suceder, pongan atención y levanten la cabeza, porque se acerca la hora de su liberación.

Estén alerta, para que los vicios, la embriaguez y las preocupaciones de esta vida no entorpezcan su mente y aquel día los sorprenda desprevenidos; porque caerá de repente como una trampa sobre todos los habitantes de la tierra.

Velen, pues, y hagan oración continuamente, para que puedan escapar de todo lo que ha de suceder y comparecer seguros ante el Hijo del hombre.

 

Palabra del Señor.

 

Comentario al Evangelio

El pueblo de Israel mantuvo siempre viva la esperanza en un Mesías, un enviado de Dios que iniciaría un tiempo nuevo para el pueblo, un tiempo en justicia y derecho, en paz y bienestar. Había distintas tradiciones acerca de la procedencia de ese Mesías, Jeremías (13,14-16) lo entronca con David, el rey ideal para el pueblo. Estaban convencidos de su venida por cuanto era una promesa del mismo Dios. En ese contexto, el salmo 24 expresa al pueblo vuelto al Señor, en esperanza, pidiendo que le enseñe sus caminos y lo instruya en sus sendas, para caminar con lealtad y tener su salvación.

 El Mesías anunciado es Cristo, que ha inaugurado ya esa era mesiánica. Caminamos con la esperanza de que ya ha iniciado lo nuevo y definitivo, pero todavía no tenemos el Reino en plenitud. Los evangelistas nos hablan de la segunda venida de Cristo por medio de imágenes apocalípticas. No son anuncio de lo que sucederá en el futuro, sino que, se toman muchas veces, de lo que están viviendo hacia finales del siglo I. Vendrá el Hijo del hombre, vendrá de nuevo Cristo, con gran poder y majestad. Por la incertidumbre del día y la hora, es necesario estar despierto y mantenerse en pie (Lucas 21,25-28.34-36). 

 Precisamente, ante la segunda venida de Cristo necesitamos fortalecernos internamente para presentarnos ante Él santos e irreprensibles, dice S. Pablo a los Tesalonicenses (3,12-4,2). Ante todo, el amor, el amor mutuo entre los cristianos y el amor a todos. Es lo que agrada a Dios, puesto que es su ser mismo, Amor.

 Los caminos de nuestro Dios son visibles y evidentes en Cristo, pero el mal todavía pretende embotar nuestra mente y llenarnos de agobios para insensibilizarnos. Vivir despiertos o vivir dormidos son imágenes de dos proyectos vitales, entre los cuales hay que optar. El que vive dormido se pierde la vida, pierde la conciencia de todo cuanto sucede, se incapacita para la relación con los demás y con Dios, queda encerrado en sí mismo. El que vive despierto capta la riqueza de la vida, está abierto a los demás y a Dios y es capaz de descubrir su presencia en todo cuanto acontece. Es equivalente a levantarse, mantenerse de pie, o estar sentado y acomodado en la vida.

 Estamos invitados, en este tiempo de adviento que comenzamos, a revivir la esperanza del pueblo de Israel, a renovar y ensanchar esa esperanza, por cuanto ya Cristo ha iniciado su cumplimiento, a hacer de esa esperanza el fundamento sólido de nuestra vida, la razón y el sentido para seguir caminando, con la certeza de que ya se está haciendo realidad entre nosotros. Los signos exteriores nos ayudan, la corona de adviento, el pasito, el árbol de navidad…

 La paz y la justicia, el amor, sobre todo con los más desfavorecidos, son los frutos mesiánicos. Cada vez que los acogemos como regalo del Señor y los posibilitamos entre nosotros, sabemos y anunciamos que el Señor viene, está presente y está conduciendo nuestra historia a su plenitud. Por la fe, planteamos nuestra vida en apertura a Él que es nuestra paz. El que no vive despierto se pierde el paso de Cristo. Vivamos, entonces, despiertos, no solo para esperar su segunda venida, sino para gozar de todos los detalles maravillosos de la relación amorosa con Él en el presente.

 Hemos vivido la Asamblea Eclesial de América Latina y el Caribe con el lema “Todos somos discípulos misioneros en salida”. Alrededor de mil personas, obispos, sacerdotes, consagrados y laicos, representantes de todos los países, reunidos sinodalmente, hemos hecho memoria de la Conferencia de Aparecida para reavivar el sueño misionero de la Iglesia. En esta semana siguiente estaremos reunidos también los obispos de Centroamérica. El Señor les bendiga junto a sus familias.

 

Mons. Bartolomé Buigues O.

Obispo de Alajuela

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